¿Una nueva etapa en la relación entre Estados Unidos y China?

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El acuerdo alcanzado entre los dos países generó optimismo en los mercados y entre los analistas. Se despejó, al menos temporalmente, la amenaza de una guerra comercial que, de concretarse, hubiera tenido graves consecuencias sobre la economía global.

El acuerdo alcanzado por las dos principales potencias económicas mundiales, China y Estados Unidos, a principios de abril fue recibido con entusiasmo por los mercados y por los analistas mundiales luego de las controvertidas declamaciones que realizara Donald Trump durante la campaña electoral. El gigantesco déficit comercial que tiene Estados Unidos con el país asiático, de 310 mil millones de dólares, había impulsado al magnate a acusar a China de ser uno de los principales causantes del desempleo en su país y esta actitud confrontativa había generado temores de una guerra comercial entre ambas naciones, una amenaza que, por el momento, quedó desactivada.

El compromiso de un plan de 100 días para reequilibrar las relaciones comerciales entre ambos países dio una bocanada de aire fresco frente a los embates de incertidumbre y riesgo que pesan sobre los mercados y flujos internacionales de capitales. Este compromiso se da en el marco de una economía mundial que aún necesita ser apuntalada luego de años de recesión en Europa, de una débil recuperación en los Estados Unidos y de la caída de los niveles de crecimiento chino.

El analista Jorge Castro remarcó a NBS Bancos y Seguros que se trata de “un acontecimiento mundial. No es un acuerdo menor. Es fundamental en un momento en que la economía mundial ha vuelto a crecer, por lo que elimina un factor de incertidumbre y otorga gran impulso al crecimiento de la actividad global. Las acusaciones sobre el mercado laboral quedaron atrás. Hay un acuerdo entre las dos superpotencias de la época en materia de comercio e inversiones. Habrá que ver el contenido concreto que adquiere este plan de cien días sobre el cual ya están trabajando los equipos económicos de ambos países y será lanzado en los primeros tres meses”.

El economista explicó que “en el encuentro, el reclamo fundamental era el de Estados Unidos, que considera inaceptable el déficit comercial que tiene con China. El presidente chino estuvo de acuerdo y propusieron, en un plazo de 100 días, lanzar entre los dos países un plan conjunto para eliminar el superávit comercial chino en 5 años, mediante la multiplicación de las exportaciones norteamericanas al mercado chino. Como ejemplo de los efectos positivos de esto, Trump puso sobre la mesa el caso de la empresa Boeing, el mayor fabricante de unidades de aeronavegación norteamericana, radicada en Seattle, que vendió a China 6.300 aviones para su mercado interno y para el tránsito de cabotaje. En el marco de estas negociaciones, el gobierno chino ofreció abrir la totalidad de su estructura productiva a las compañías y multinacionales norteamericanas”.

Por su parte, Luis Palma Cané, economista y presidente de Fimades, señaló que “hay que tener en cuenta como antecedente la campaña de Trump, en la que atacó verbalmente a China diciendo que era manipulador de la moneda, que invadía con sus productos el mercado norteamericano y que, en consecuencia, era uno de los principales responsables de los niveles de desempleo en zonas industriales de los Estados Unidos. Pero luego de ganar las elecciones se fue atemperando y se dio cuenta de que no podía decir y hacer lo que quería. Así descartó que China fuera manipulador de la moneda, moderó su crítica de invasión de productos chinos y no mencionó lo del desempleo durante el encuentro”.

El especialista enfatizó que “lo de Trump fue otra bravuconada, porque China es el principal tenedor de bonos norteamericanos. Además, hay que recordar que el 60% de ese déficit comercial es de productos que se exportan a Estados Unidos por filiales norteamericanas”.

“Con el acuerdo hay menos probabilidades de que se desate una guerra comercial, pero Trump es impredecible, se maneja de manera peligrosa generando incertidumbre. Luego del encuentro, reclamó de manera extorsiva por Twitter el apoyo de China a Estados Unidos para disuadir a Corea del Norte de que no siga con su programa nuclear. El final está aún abierto”, añadió.

Por su parte, Ernesto Fernández Taboada, director ejecutivo de la Cámara Argentino China, señaló que “el acuerdo apuntaría a disminuir el déficit norteamericano en la relación comercial bilateral con China, mayores inversiones futuras de los Estados Unidos en China y el acercamiento de la Bolsa de Comercio China y la de Wall Street. En realidad, se trata de un acuerdo para evitar una guerra comercial”.

“No creo que se requieran cambios de fondo porque en estos momentos las inversiones norteamericanas en China son importantes. Hay muchas empresas que cerraron sus factorías en Estados Unidos para ubicarse allí. No se trata de un comienzo sino de una intensificación de estas inversiones y de que los chinos compren más productos norteamericanos”.

Una disminución del riesgo global

Los analistas coincidieron en que el acuerdo alcanzado por Estados Unidos y China va a tener efectos beneficiosos para la economía mundial.

Según Castro, “el acuerdo es positivo para el mundo entero porque implica una extraordinaria disminución de la tasa de riesgo global. El riesgo mayor que presentaba el sistema mundial es que estallara entre Estados Unidos y China una guerra comercial. Al contrario, hubo un acuerdo de fondo entre ambos países, que son las mayores economías del mundo, las dos bases del poder mundial”.

Castro añadió que “uno de los elementos clave de este acuerdo tiene que ver con buscar alcanzar una política común en la crisis coreana y que China intervenga como mediador. Por otro lado, en materia económica, el acercamiento de las bolsas de ambos países tendrá efectos positivos, dado que una de las cosas que ofrece China es abrirse a las inversiones de las compañías de seguros y bancos norteamericanos. El mercado bursátil chino es el más grande pero está desconectado del mercado mundial. A su vez, China en los últimos dos años estuvo redireccionando sus reservas de títulos del Tesoro norteamericano a transformarse en inversión extranjera directa, principalmente en Estados Unidos y Europa. El año pasado el principal inversor extranjero directo en Estados Unidos fue China. Se convirtió en la principal fuente de capitales del mundo, por encima de Wall Street y de la City de Londres”.

En la misma línea, Palma Cané enfatizó que “China es el primer exportador y segundo importador mundial. Cualquier cosa que afecte a China afecta al comercio mundial. Y cualquier medida proteccionista desde los Estados Unidos puede desatar movidas proteccionistas, devaluaciones de monedas y suba de aranceles en el resto de los países, lo cual sería pésimo para el intercambio global. Este acuerdo es una señal de que ha disminuido esta probabilidad”.

Fernández Taboada coincidió con el resto de los entrevistados: “El acuerdo fue muy inteligente desde las dos partes porque una guerra comercial no beneficiaba ni a uno ni a otro. Es interesante que los chinos compren más productos de los Estados Unidos, que incorporen más inversiones y se acerquen las bolsas, lo que seguramente será selectivo, de papeles grandes, como el del ICBC. Esto tendrá un impacto muy importante sobre el sistema financiero internacional. Veremos qué repercusiones tiene pero de entrada se podría decir que el impacto va a ser importante y beneficioso para las empresas de ambos países que coticen en bolsa”.

¿Una amenaza para Argentina?

Frente a este acuerdo, surgió el interrogante de si puede llegar a perjudicar a nuestro país en caso de que provoque un desvío del comercio y China disminuya sus importaciones en países como el nuestro, con el objeto de cumplir con su compromiso de incrementarlas en Estados Unidos.

Los analistas descartaron esta posibilidad. Palma Cané, por ejemplo, indicó que “lo que Argentina exporta a China no compite con los Estados Unidos. No veo un impacto negativo por ese lado para nuestro país”.

En forma similar, Castro dijo que “Argentina, junto con Brasil y los Estados Unidos, proveen de alimento para animales a China, que por su parte aumenta cada vez más su demanda. No tiene, entonces, nada que ver este acuerdo en cuanto a que pueda afectar las relaciones comerciales existentes”.

Fernández Taboada también indicó que “no necesariamente este acuerdo centrado en productos tecnológicos o financieros va a perjudicar a la Argentina. Estados Unidos es el primer proveedor de China de poroto de soja, segundo es Brasil y tercero Argentina. Cualquier impacto se compensaría con la mayor demanda que tiene China año a año por el incremento del consumo de sus poblaciones urbanas. Más de la mitad vive en villas, pueblitos y ciudades, ya no es población rural, y quieren llegar a un 60 o 65% de población urbana hacia el 2020, es decir 800 millones de personas. Un objetivo es que las unidades agrícolas sean más grandes, más eficientes. Y el otro objetivo es que, en el marco de la nueva política económica de China, se busca incrementar el consumo doméstico como mecanismo para mantener la economía en movimiento, lo que antes se centraba esencialmente en las exportaciones. Por la crisis, los chinos comenzaron a impulsar el consumo de sus clases medias”.

“En este contexto, vamos a seguir siendo proveedores de muchos productos. El principal es el poroto soja pero cada vez exportamos más a China camarones y langostinos congelados, productos caros que compran ahora, a partir del mayor poder adquisitivo de su clase media. También les vendemos maderas duras, lanas, cebada, carne de pollo, sorgo y alfalfa, para alimentar un ganado creciente porque consumen más leche. Se fue diversificando su consumo y nuestras exportaciones”, agregó el ejecutivo.

El director ejecutivo de la Cámara Argentino China comentó que, en mayo, el presidente argentino Mauricio Macri visitará China, donde se hará un seminario sobre inversiones en Argentina y al día siguiente se festejará el 25 de mayo. También se celebrará que este año es el 45° aniversario del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países. “Debemos esperar nuevas inversiones chinas, que se encuentran un poco atrasadas porque la Argentina tuvo que superar trabas como el cepo cambiario. Ahora, las empresas chinas, como las de otros países, se sienten más animadas a poder invertir en el país”, enfatizó.

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