¿Hacia dónde va la tasa de interés internacional?

La tasa del bono del tesoro norteamericano a 10 años pegó un salto en las primeras semanas del año, encendiendo luces de alarma en nuestro país, que depende fuertemente del financiamiento internacional. Importantes economistas consultados por NBS Bancos y Seguros reconocen que ahora será más caro endeudarse pero creen que el problema real está puertas adentro.

En las primeras semanas del año la tasa de interés del bono del tesoro norteamericano a 10 años, una de las tasas de referencia internacionales, pegó un importante salto. De mantenerse a lo largo del 2017 oscilando entre el 2% y el 2,4%, llegó en pocos días al 2,9%, su nivel más alto desde comienzos de 2014. Este movimiento encendió señales de alarma en nuestro país, que es extremadamente dependiente del financiamiento internacional y muy vulnerable al incremento en el costo del dinero.

Si bien el incremento era previsible a la luz de las políticas que la Reserva Federal de Estados Unidos viene llevando adelante (la entidad subió su tasa de política monetaria 25 puntos básicos, al 1,75%, en su última reunión del 21 de marzo), las medidas del presidente norteamericano, Donald Trump, suman incertidumbre sobre el nivel que las tasas de interés pueden alcanzar en los próximos meses. Se teme que la política fiscal expansiva que viene aplicando el mandatario alimente la inflación interna y fuerce un endurecimiento de la política monetaria, con un alto impacto a escala global.

Daniel Marx, director ejecutivo de Quantum Finanzas y negociador de la deuda externa en el período de 1989 a 1993, reconoció que “no sorprende la suba de la tasa de interés del bono norteamericano a diez años. Está bastante en línea con los fundamentos de la economía de Estados Unidos, las subas esperadas y las que ocurrieron en la tasa de interés de corto plazo. Lo sorprendente era dónde estaba antes más que dónde está ahora”.

En sintonía, el ex presidente del Banco Central Mario Blejer señaló que “es una política esperada, forma parte de la llamada ‘normalización’ de la política monetaria en los Estados Unidos y en los países avanzados en general. Es la reversión del quantitative easing, que se ha ido adoptando en estos años. Lo que sorprende es que haya demorado tanto en llegar”.

El economista, de vasta experiencia en temas monetarios, agregó que “obviamente, los Bancos Centrales no quieren tomar riesgos. Esta inmensa expansión evitó una crisis mayor hace diez años y logró evitar que el sistema financiero internacional colapse. Ahora se toman su tiempo para evitar tomar riesgos, esa es la razón fundamental”.

José Luis Machinea, ex presidente del Banco Central y ex secretario ejecutivo de la CEPAL, también coincidió en que lo que viene sucediendo “no sorprende porque hace ya varios meses que Estados Unidos viene subiendo la tasa de interés de corto plazo. Al mismo tiempo, hay expectativas en materia de inflación. Era razonable esperar que las tasas de largo plazo en algún momento subieran, sobre todo, cuando se empezó a hablar de que habría un aumento de las de corto tres o cuatro veces durante este año”.

En la misma línea, el ex secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, añadió que “si hay algo que no fue es sorpresivo. El alza es algo que se venía esperando hace un tiempo”.

Consultado acerca de lo que esperan que suceda en los próximos meses, Daniel Marx aseguró que “la tasa no necesariamente va a seguir subiendo con ese vigor pero va a seguir subiendo. Es posible que llegue a ubicarse algo por arriba del 3%. No descarto que supere el 4%, al que llegó antes de la crisis financiera internacional, pero no lo veo como algo inminente”.

Blejer, por su parte, indicó que “no se puede pronosticar números porque es difícil calcular cuánto cambió la demanda por dinero, cuanto cambió la demanda por activos no financieros y ese tipo de cosas, que es dónde se fue acumulando parte de la liquidez. Sin embargo, sí se puede decir que la tasa va a subir sustantivamente”.

“Estamos en un terreno desconocido. Nadie sabe exactamente qué es lo que va a pasar. El proceso va a terminar con bastante más inflación de lo que se está suponiendo o se quiere suponer. Van a continuar subiendo las tasas. La tendencia va en esa dirección, aunque es difícil pronosticar exactamente cuándo. El ritmo es lo que menos se entiende”, agregó.

Nielsen, a su vez, sostuvo que “todo indica que la tasa de interés va a seguir subiendo suavemente, no un salto fuerte pero va a seguir subiendo. No veo que vaya a llegar al 4% este año pero sí que pueda superar el 3%”.

Para Machinea, “la de largo va a seguir aumentando algo pero mucho menos que la de corto plazo. La de largo puede llegar a fin de año a 3,2% o 3,3%. Parece difícil que alcance el 4% porque no se ve que la inflación vaya a aumentar mucho, a pesar de que se incrementó la actividad económica y que disminuyó la tasa de desempleo. Todavía no hay luces rojas en materia de inflación. En un futuro cercano pueden llegar a esos valores las de corto. Es un proceso que todos los bancos centrales están mirando con mucho cuidado. No van a acelerar aumentos de tasas si no están seguros de que hay una aceleración de la inflación”.

“De las tres grandes economías del mundo desarrollado, Estados Unidos, Europa y Japón, la única que empezó a moverse fue la de Estados Unidos. En Europa, a pesar de la recuperación, la tasa de inflación sigue muy baja y, por lo tanto (y así lo dijo el BCE), todo indica que van a ir muy lento con la suba de tasas. Por ahora, están disminuyendo el ritmo de emisión de dinero. Lo mismo pasa en Japón. Lo que pasa en el resto del mundo es un factor para tomar en cuenta y van muy lento”, destacó el economista.

Crecimiento y déficit fiscal

Los especialistas coincidieron en que el crecimiento robusto de la economía norteamericana, que se viene acercando al pleno empleo, y la reforma impositiva de Donald Trump, que incrementa el déficit fiscal del país del norte, son los factores que vienen empujando la suba de la tasa de interés.

Marx señaló que, “por un lado, se encuentran las señales de fortaleza dentro de la economía de Estados Unidos. Ya no se habla de deflación sino de una inflación controlada, con algunas presiones a la suba. En segundo lugar, y congruente con esto, se nota una tirantez en el mercado laboral. La tasa de desempleo está muy baja y los salarios están subiendo más de lo que algunos habían anticipado. En tercer lugar, influyen las necesidades del Tesoro norteamericano, que están creciendo y que, por lo tanto, generan demanda de fondos y suba de tasas de interés. Todo esto, convalidado porque no se veían razones para continuar con la política monetaria previa de relajamiento”.

Nielsen destacó que “hay un hecho concreto y es que la economía mundial está andando muy bien. Hay pleno empleo y por todos lados hay buenas noticias. Todo lo que llevó a la baja de tasas y al quantitative easing ha desaparecido. Es una etapa de volver a la normalidad”.

“Por otra parte, sin dudas, la reforma tributaria y el creciente déficit fiscal tampoco ayudan a que la tasa baje; van a ser factores importantes. La reforma impositiva implica bajas importantes en los impuestos en los Estados Unidos y en el corto plazo el gasto se queda en los niveles anteriores, lo que va a llevar a que la economía trabaje con déficit. Y el déficit se cubre con endeudamiento”, añadió.

Machinea coincidió en que “el crecimiento del déficit y la reforma tributaria deberían empujar a la suba de la tasa de interés, básicamente porque aumentaría el ritmo de crecimiento del producto y eso finalmente debería presionar sobre los precios”.

En la misma línea, Blejer sostuvo que “la reforma impositiva y el déficit fiscal norteamericano presionan al alza. Mientras esas variables se mantengan en la dirección que van, las presiones sobre la tasa de interés seguirán siendo al alza. Lo mismo con el proteccionismo, que tiene un impacto directo sobre las tasas y además genera un efecto de incertidumbre que también presiona sobre ellas”.

En relación al proteccionismo impulsado por Trump, para Machinea, “es un desastre para el mundo pero no necesariamente debería traducirse en un incremento de las tasas. Eso implica un menor crecimiento del mundo y debería haber menos expectativas de una aceleración de la inflación”.

Por el contrario, Nielsen cree que “la imprevisibilidad de Trump eleva el riesgo sistémico y eso contribuye a aumentar la tasa. Las políticas proteccionistas de Trump son muy disruptivas. Han pegado varios sustos pero van y vienen. Es como la relación con Corea, que parecía que se mataban y tiraban la bomba pero ahora parece que van a desayunar juntos”.

De igual modo, Blejer señaló que “las políticas de Donald Trump no son muy previsibles. El proteccionismo es negativo, no sólo por los efectos que causa sino por la incertidumbre que genera a la hora de hacer predicciones: si va a haber una guerra comercial, si va a haber un retorno al mercantilismo. La incertidumbre genera aumento de las tasas de interés o de alguna manera tiene un efecto en la tasa de cambio, que es dónde se arbitra”.

Señales de alarma para nuestro país

La evolución de la tasa de interés internacional es seguida de cerca en nuestro país. Una suba importante generaría dudas sobre nuestra capacidad para pagar las deudas y, por lo tanto, dificultades para acceder al financiamiento externo, tan esencial para mantener el gradualismo que ha adoptado la actual administración para hacer frente a los desequilibrios de la economía.

Respecto a este punto, Blejer señaló que “no creo que se comprometa la situación del país. Va a ser más problemático el financiamiento pero no hay un cálculo para determinar qué nivel de tasa internacional nos pone en problemas. El Gobierno ya dejó entrever que hemos llegado a niveles en los que es mejor comenzar a pensar que ya no hay tanto margen como había antes y el precio de la deuda es más alto. Los términos son más difíciles entonces hay que reducir el endeudamiento. Es una reacción normal del Gobierno, una expresión de realismo. Lo importante es que las cuentas fiscales se adapten a los recursos”.

Marx, por su parte, indicó que “toda suba de tasas afecta a la Argentina negativamente pero lo que hay que ver es cómo evolucionan las otras variables que establecen las necesidades financieras, los números fiscales. Si Argentina está en un sendero de acumulación fuerte de deuda va a tener algún problema en algún momento porque esto tiene sus limitaciones. Hoy están tratando de evitar el riesgo de un creciente déficit financiero tratando de disminuir el déficit fiscal”.

“Se trata de un escenario donde la dirección, más allá de los vaivenes políticos, se va ratificando, un escenario de altibajos, condicionado por los cambios de humor en el financiamiento, las correcciones que hay que hacer localmente y las inversiones”, agregó.

Para Machinea, “el problema no va a ser pagar un punto más o menos sino que si el déficit de cuenta corriente de la Argentina supera el 5%, va a ser más difícil financiarlo. Vamos a tener menos oferta y una demanda demasiado grande. Yo me preocuparía más por ver lo que hacemos acá para reducir el déficit en cuenta corriente que por el impacto de la tasa de interés. Obviamente, esto acelera el proceso porque los tiempos se acortan”.

El ex ministro de economía del gobierno de la Alianza agregó que “el plan del Gobierno es reducir el déficit fiscal de manera gradual hasta llegar a un 1% del PBI. Cuando llegue a esos niveles y la economía crezca al 3% se reducen fuertemente las necesidades de financiamiento o casi se las hace desaparecer en tres o cuatro años. Todos esperamos eso pero hay un riesgo de que la situación internacional se complejice un poco más y alguno empiece a mirar con menos cariño lo que está pasando en la Argentina, porque ve que el déficit de cuenta corriente es demasiado elevado. Si alguien me dice que va a haber un desastre le diría que no, pero las tasas van a aumentar, por la tasa norteamericana y porque los inversores se van a poner nerviosos por este déficit de cuenta corriente que sigue siendo demasiado elevado”.

Nielsen advirtió que “la situación encarece las posibilidades de endeudamiento de la Argentina y en un esquema gradualista, como el que eligió el Gobierno, que se alimenta con deuda, se hace más difícil. El problema es que Macri, a la hora de verbalizar, dice cosas sensatas pero el Gobierno después no las hace. Habla con preocupación del endeudamiento pero no lo baja, habla con preocupación del gasto pero tampoco lo baja. Es una forma de llevar adelante la presidencia muy peculiar”.

“Todo lo que pasa en el resto del mundo nos afecta pero tampoco eso nos tiene que dejar en una situación en la que digamos: ‘no hay nada para hacer, el resto del mundo determina todo’. Parte de lo que pasa en la Argentina depende de las políticas locales. Cuando las fuentes de financiamiento se hacen más difíciles hay que tratar de que cada vez haya más armonía en la política monetaria y la fiscal”, enfatizó Blejer.

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