El Banco Central dispuso una suba de encajes: ¿Cómo afecta al negocio bancario?

La incógnita es si el costo lo pagarán las entidades o los clientes.

A principios de 2018 los encajes bancarios se ubicaban, para los depósitos a la vista, en un 20%. En ese nivel se habían fijado el 27 de octubre de 2017 y así se mantuvieron hasta el 21 de junio de 2018 cuando subieron 3 puntos. En poco más de dos meses, y al calor de la corrida cambiaria y las dificultades para contener la inflación y proceder al desarme de las Lebacs pautada con el Fondo Monetario Internacional, se produjeron cinco incrementos más que los llevaron hasta el actual nivel de un 36%.

El propósito del BCRA es el de lograr por esa vía una fuerte absorción de liquidez para intentar frenar la corrida contra el peso, por un lado, e inducir a los bancos a aportar lo propio para avanzar en el desarme de las Lebac, teniendo en cuenta que ha ido disponiendo medidas complementarias para que parte de esos encajes sean remunerados.

La política llevada a cabo en un contexto de inmensa volatilidad financiera constituye, en los hechos, una injerencia del Estado en las entidades bancarias que ven, de este modo, afectada la rentabilidad del negocio.

Gabriel Rubinstein, director de la consultora Gabriel Rubinstein y Asociados, sostuvo que “el problema de rentabilidad que se genera por subir los encajes lo paga alguien: el depositante, el tomador de crédito o el banco absorbiendo la diferencia. Si aumentás los encajes obligas a los bancos a bajar la tasa de los depósitos y encarecer la de los créditos”.

Para Diana Mondino, economista de UCEMA, los encajes siempre tienen fines prudenciales y de política monetaria. “Es muy difícil lograr un equilibrio tanto para la autoridad monetaria como para los bancos. Al ser igual para todo tipo de negocios, se hace difícil encontrar un número apropiado para todos. Los últimos encajes que se han puesto empiezan a parecerse mucho a encajes remunerados. Si eso ocurriera, los bancos no pierden rentabilidad pero no se logra el objetivo buscado de reducir la base monetaria”, sostuvo.

Hernán del Villar, titular del estudio ALPHA, indicó que “lo que hacen estos encajes es aumentar la necesidad de spread de los bancos y el costo de intermediación, que usualmente es trasladado a los clientes. En este marco de tasas altas, desordenadas e inestables el costo de captación de los bancos está dado por el aumento de los encajes”.

Es que, según explicó “en el fondo le estás encareciendo el costo de financiamiento a los tomadores de crédito. En el escenario actual la prioridad pasa por reducir liquidez y no por ofrecer créditos a tasas bajas. En el fondeo de los bancos el efecto de los encajes tiene un costo. Lo que a fines del año pasado era dos puntos hoy es cuatro o más. Las tasas activas en este contexto suben más que proporcionalmente con relación a los costos. Ese es el margen de originación. Como los bancos en la parte de la porción de tasas activas fijas perdieron plata porque tienen que tomar plata corta a tasas más altas, una cosa compensó con la otra. El margen financiero total de los bancos se ha mantenido estable. Lo que ganaron por subir el margen de originación lo pierden por la porción de tasas activas fijas”.

Hernán del Villar sostuvo que “la suba de encajes es una política de la nueva conducción del Banco Central. Se trata de absorber fondos en forma gratuita, salvo la parte que es remunerada. Lo hacen porque hay una expansión de la base monetaria generada por las Lebac y quieren reducirla. La conducción anterior prefería no subir encajes pensando, sobre todo, en que contablemente tenía un impacto sobre la base monetaria aunque sea más restrictiva. Esta nueva conducción lo razona en términos de reducir lo más posible los bolsones de liquidez, independientemente de las consecuencias”.

Sin embargo, desde el punto de vista de Mondino, “lo más importante no es el porcentaje de encajes. Lo que es relevante es la velocidad con la que han cambiado porque eso afecta la capacidad prestable de los bancos. En muy poco tiempo aumentaron de 20 a 31% y luego siguieron subiendo. Los bancos pueden prestar un 10% menos que antes. Si se suma eso a la tasa de interés, que es el costo de oportunidad de los bancos, se hace muy difícil que haya crédito para el sector privado. Lamentablemente, eso ya no es la prioridad porque el BCRA tiene como objetivo básico estabilizar la demanda de dinero. Sin embargo, si la tasa sigue en este nivel, en lugar de estabilizarla, se corre el riesgo de evaporarla. Sería extremadamente negativo”.

Un accionar justificado

Los economistas coincidieron en justificar el accionar que viene llevando adelante la autoridad monetaria, no sólo al decidir la suba de encajes sino también al establecer si se pueden constituir con activos remunerados o no.

Rubinstein señaló que el BCRA tiene la capacidad de regular y decidir lo que le parezca. “Puede decidir que sean todos encajes sin remunerar o que todo lo que se libera en Lebac vaya a Leliq. Está regulando los instrumentos. Desde un punto de vista macroeconómico lo ideal sería que sea todo encajes no remunerados para pagar cero tasa de interés. Subís lo encajes 20 o 30 puntos y se acabó el tema de las Lebac. El tema es que eso crearía una distorsión muy grande en el sistema financiero. Buscan optimizar en cada momento las herramientas disponibles de manera bastante criteriosa. Por un lado, venden algunos millones de dólares para las Lebacs. Por el otro, suben encajes y dejan que vayan más fondos a Leliq. Van administrando la situación viendo cada día cómo viene la cosa”, indicó.

El economista destacó que la medida “tiene que ver con el desarme de las Lebac. En forma global al Estado le está costando mucho colocar bonos. Si pudiera liberar las Lebac y colocar fácilmente los bonos, no subiría los encajes. Una de las recientes subas de encajes es porque los bancos no suscribieron las Nobac. Suben por necesidades del Estado: o del Tesoro o del BCRA”.

En la misma línea, del Villar indicó que se entiende por qué el BCRA lo hace: “Quiere menos expansión porque tiene que cumplir los requisitos del FMI y tiene las pautas de activos monetarios netos y el crédito interno neto. Como tiene que expandir por las Lebac, busca absorber de alguna manera. La realidad es que fue una reacción del BCRA a las dificultades para colocar Nobac. No hubo demanda de Nobac a las tasas que el BCRA consideró necesarias. En el corto plazo no creo que vaya a cambiar la política porque hay un escenario de corto plazo con tasas altas y con suba del tipo de cambio”.

Para los bancos, la medida tiene efectos perniciosos y podría ser interpretada como una injerencia del Estado en los negocios del sector privado.

Respecto a este punto, Rubinstein sostuvo que “los bancos, en la intimidad, pueden entender el contexto pero van a reclamar que no se haga así. Siempre van a tratar de que su actividad no se vea afectada. Es como el campo cuando pide que no suban las retenciones o cualquiera que tiene un derecho y no lo quiere perder”.

Para del Villar, los bancos entienden que la situación les ha cambiado: “El desarme de las Lebac es un cambio muy sustancial porque tenían una porción de su activo colocado en Lebac a 35 o 60 días y ahora pasan a tener todo a siete días. Aparece un aumento enorme de liquidez de corto plazo y los bancos están pensando qué otros instrumentos tienen. Se preguntan por qué no podrían haber seguido colocando Lebac y que el desarme se acotara solamente a los no bancarios. El BCRA les amplió la posición global neta en instrumentos en dólares como Letes. Los orientaron a que compraran Letes en dólares”.

Mondino sostuvo que “el BCRA tiene que jugar una batalla contra múltiples factores. Si la política monetaria tuviera el auxilio explícito de la política fiscal esto no sería necesario o sería menos imperativo”.

“El tema es que la entidad tiene varios objetivos: combatir la inflación, tratar de mantener el dólar quieto y mantener un nivel de actividad económica. Todo junto no puede porque tiene un solo instrumento que es la tasa de interés y, eventualmente, los encajes”, enfatizó.

Rubinstein destacó que “lo ideal sería trabajar con encajes relativamente bajos para hacer el sistema financiero más eficiente pero la necesidad del Estado, la fiscal o la del BCRA, obliga a elevar los encajes. De hecho, son una especie de bono que coloca el Estado a través del BCRA. La necesidad tiene cara de hereje. EL BCRA se ha visto obligado a este mecanismo para obtener recursos que de otra manera le resultaría muy difícil obtener o tendría que pagar tasas altísimas para lograrlo”.

“Si las cosas no evolucionan bien, seguramente haya que subir más los encajes en los próximos meses porque va a haber que liberar Lebac y, a lo mejor, la gente no quiere bonos del Gobierno o está asustada”, advirtió.

Los riesgos de la suba de los encajes

La política de suba de encajes podría entrañar algunos riesgos potenciales, tanto desde el punto de vista del impacto sobre la actividad económica como sobre el nivel de exposición de los bancos al sector público, que impactaría en la confianza de los depositantes sobre la solvencia del sistema financiero.

Para Mondino, “el riesgo es que te quedes sin crédito en una economía que ya tiene poco crédito. A estas tasas no va a haber inversión y el capital de trabajo pasa a ser carísimo. Las empresas pueden tener asfixia financiera y, si esta situación se mantiene por mucho tiempo, se puede interrumpir la cadena de pagos. No es sólo el problema de trasladar el costo del crédito sino directamente no tener con qué prestar. Tenían toda la plata prestada menos el 20% y, de pronto, tienen que tener un 35% sin prestar. Eso implica decirle a alguien que está pagando su cuota que no le van a renovar. Es un shock muy fuerte”.

Desde el punto de vista de Rubinstein, cuanto más suben los encajes, se ve que está el Estado atrás de eso: “Si de un día para el otro subís 20 puntos de encajes das una señal muy mala que puede asustar al depositante. Si lo vas a haciendo de a poco y junto con otras posibilidades el proceso se va digiriendo de otra manera y el riesgo va a bajar. Hay un arte para ver cómo se hace para que los depositantes no tengan miedo de la solvencia de los bancos. Si se suma el lío de los cuadernos hay que andar con prudencia porque puede haber un problemita con los depósitos y generar riesgo de corrida cambiaria y bancaria”.

Sin embargo, del Villar señaló que no ve riesgo por el lado de los depositantes: “Los encajes son plata a la vista y es plata que está en el BCRA. No es lo mismo que prestarle plata al Tesoro. No lo miraría desde el punto de vista de pensar que a mayores encajes haya más riesgo de exposición del sector público. La exposición del sector público ha ido bajando desde 2001 y 2002”.

Para Rubinstein, “hay un riesgo potencial y el BCRA se tiene que manejar con mucha prudencia. Hay que ponerse un poco más las pilas para ver si se puede ampliar el acuerdo con el Fondo o lograr un fondo adicional bilateral de Estados Unidos o de China, teniendo en cuenta que todos consideran que Argentina no es un caso perdido. Está haciendo un esfuerzo fiscal muy grande y vale la pena ayudarla para que pueda ofrecer más dólares y no subir encajes desmesuradamente. Se necesitan 20.000 millones de dólares más para que no cundan los temores. Si los temores se propagan demasiado, se contagian a la gente y a los depositantes. Hay que hacer lo posible para evitarlo”.

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