Brasil: entre el estancamiento y la incertidumbre electoral

Economistas coinciden en que un posible triunfo del candidato del PT Fernando Haddad no sería bien visto por los mercados, pero creen que cualquiera que gane implementará un programa económico ortodoxo.

El próximo 7 de octubre se realizarán los comicios presidenciales en Brasil. La elección buscará poner fin a un largo período de crisis política luego de la destitución de la ex presidenta Dilma Rousseff por parte del Congreso y la designación del entonces vicepresidente Michel Temer para la finalización de su mandato.

Desde el estallido del escándalo de corrupción conocido como Lava Jato que involucró a casi toda la clase política y empresarial, la economía brasilera viene atravesando una etapa de estancamiento y recesión. De hecho, acumuló una pérdida del PBI de alrededor de un 7% entre 2015 y 2016 y apenas se recuperó en un 1% durante el año pasado. Para este año, los pronósticos de crecimiento más optimistas no llegan al 2%. Un dato que sirve para graficar la situación económica y social del gigante es el índice de desempleo, que ya alcanza un 12,4%.

Si bien a través del proceso electoral se pretende generar las condiciones institucionales para garantizar el camino del crecimiento, el proceso arranca con una fuerte anomalía: el ex presidente Luiz Inácio Lula Da Silva encabeza las encuestas con una intención de voto de un 39%, pero su candidatura ha sido impugnada por la justicia a partir de la condena a 12 años de prisión que pesa sobre él. Así las cosas, la disputa se dará entre cinco candidatos cuyas intenciones de voto, hoy por hoy, oscilan entre un 6% y un 18% pero que, por diferentes motivos, pueden sufrir grandes modificaciones.

Marcos Muñiz, analista macroeconómico de ABECEB, señaló que, más allá de las elecciones, “esperamos que la economía crezca este año en torno al 1,5%, parecido al 1% del año pasado. Tomando en cuenta que venimos de la peor caída del PBI en la historia económica de Brasil, en la que bajó un 7% en dos años, crecer dos años al 1 o 1,5% es muy poco”.

Jorge Castro, presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico, destacó que “el dato político central es que Lula no va a ser parte del proceso electoral como resultado de la Ley de Ficha Limpia que el Congreso sancionó bajo su gobierno en 2010. La masa de la población brasilera no conoce a los demás candidatos. La excepción es Lula, que tiene un enorme prestigio y respaldo, sobre todo entre los sectores más pobres y excluidos”.

Con todo, explicó, “lo primero que habría que advertir es que, por el sistema político brasilero, el resultado presidencial depende en gran medida del porcentaje de tiempo que tengan en la televisión gratuita los distintos partidos políticos y sus componentes. El candidato del PSDB, Gerardo Alckmin, ha llegado a un acuerdo con 13 partidos y, como resultado, tiene más del 50% del total del espacio”.

Eduardo Crespo, economista argentino y profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro y la Universidad Nacional de Moreno, explicó que “hay cinco candidatos con chances. Todo indica que la elección se encamina a un balotaje entre Fernando Haddad (del PT y posible reemplazante de Lula) y Jair Bolsonaro. Pero no sería imposible que Marina Silva o Ciro Gomes lleguen a ese balotaje e, incluso, Geraldo Alckmin, que hoy está quinto. Lo apoya el PSDB que la vez pasada estaba tercero y al final no le ganó el balotaje a Dilma por sólo un millón de votos”.

Crespo explica que, además, “es el candidato del establishment y los medios de comunicación, pero no han logrado imponerlo porque está muy involucrado con el Lava Jato. Si gana Alckmin sería profundizar la línea de Michel Temer de privatizaciones y de apoyarse en los mercados. Tiene sólo un 6% de intención de voto pero no se puede descartar”.

El analista agregó que “Marina Silva, a su vez, hasta hace poco estaba segunda pero es muy difícil que llegue al balotaje. Trata de venderse como una ‘Corea del Centro’. En lo económico tuvo guiños liberales pero ahora se modera un poco. Si por milagro llegara al balotaje será la presidenta porque Bolsonaro tiene una imagen muy negativa. Ella no sería un cambio de rumbo”.

Por otra parte, “Ciro Gomes vende un discurso progresista y nacionalista, a pesar de haber sido funcionario de Henrique Cardoso. Tiene una intención de voto del 8 o 9%. Plantea rever la política de Temer, apoya la intervención del Estado y rechaza la reducción del gasto público. No es un candidato apoyado por los mercados. Si Haddad levanta vuelo, Ciro no tendrá chances de competir”.

Por último, “Jair Bolsonaro es un candidato abiertamente fascista. Apoya la tortura, la pena de muerte, es misógino y racista. En un contexto electoral muy embarrado está primero en las encuestas. Propone privatizaciones, reducción de impuestos y quitar las trabas al mercado. No es el candidato del paladar del sector financiero, es muy disruptivo. Para ellos, sería el mal menor. Generaría muchas tensiones en la sociedad. Si llega al balotaje, que es probable, perdería casi con seguridad con cualquiera de los demás”.

Un rumbo económico ortodoxo

Los expertos coincidieron en que, independientemente de quien gane, lo más probable es que se siga un rumbo económico tendiente a la ortodoxia.

Para Muñiz, “habida cuenta de que hay un limitante fiscal bastante importante para lo que sería un gobierno populista, independientemente del candidato que resulte electo, el rumbo económico será hacia un consenso de responsabilidad fiscal y medidas pro empresas para atraer inversiones apostando a una mejor competitividad”.

“Asumimos que cualquiera que gane va a asumir una política ‘alckminista’ de centroderecha, que no está exenta de riesgo pero es lo que va a garantizar un escenario de crecimiento”, añadió.

El economista enfatizó que “la experiencia política en Brasil muestra que Lula, cuando quiso ganar las elecciones, tuvo que adoptar una política centrista. Temer llega desde el PMDB aliado al PT. Hoy la única forma de gobernar es con consensos exacerbadamente amplios. Es muy poca la posibilidad de que se dé hacia un extremo.”.

Crespo, por su parte, señaló que “las encuestas dicen que cualquiera que indique Lula como su candidato cosecharía, por lo menos, la mitad de sus votos. Haddad estaría en un 18%. De arranque, estaría en el balotaje y muy probablemente ganaría. Por eso está subiendo el dólar y hay cierta tensión en el mercado. Se avizora un nuevo triunfo del PT”.

Con todo, el experto no cree “que vengan con un programa muy agresivo en términos de revertir todo lo ocurrido en los últimos años. Es esperable que lleguen y hagan un giro a la derecha como hizo Dilma en 2014.”.

Para Castro, el escenario económico no es alarmante. “Los datos estructurales muestran que hay superávit de cuenta corriente. La balanza comercial fue superavitaria en 60.000 millones de dólares el año pasado y este año se ampliaría. El total de reservas del Banco Central de Brasil está por encima de los 375.000 millones de dólares. No hay crisis del sector externo. Todo está centrado en el problema fiscal derivado del actual sistema de seguridad social, que es insostenible en el mediano y largo plazo”.

Castro opinó que, además, “la crisis política tiene un impacto escaso en la crisis económica. En medio del Lava Jato, Brasil recibió un promedio de 90.000 millones de dólares de inversión extranjera directa. Al igual que todos los países emergentes, está siendo golpeado por la apreciación del dólar, que ha provocado una inestabilidad cambiaria que derivó en un menor crecimiento. Lo mismo que sucede en la Argentina, aunque acá se da en forma extrema porque es el país más dolarizado del mundo”.

Volver a crecer

Más allá del escenario político, los entrevistados plantearon posturas divergentes respecto a la posibilidad de que el regreso a la senda del crecimiento del país vecino sea sencillo.

Por un lado, para Castro, “si Brasil logra resolver el problema fiscal originado en el sistema de seguridad social, no hay ningún obstáculo para que su economía, con superávit comercial, comience una etapa de crecimiento económico del 3% anual de manera sostenida”.

En la misma línea, Muñiz indicó que “hoy el principal limitante para el crecimiento de Brasil es que los inversores y las familias no tienen una previsión más allá de las elecciones. Cuando haya horizontes más claros, una tímida reducción del desempleo y el incremento del consumo van a alcanzar para que el año que viene crezca el 2,7%”.

El especialista agregó que para salir de esta situación, lo único que falta es un shock de confianza, para que las variables macro comiencen a alinearse”.

Por el contrario, Crespo sostuvo que, “para crecer, Brasil necesita sacar la enmienda constitucional que prohíbe el aumento del gasto público por 20 años. Hoy el país no tiene un componente autónomo de demanda que pueda empujar la economía. El uso de la capacidad instalada está en los niveles más bajos de los últimos diez años. La inversión privada no es el eje y las exportaciones tienen un peso muy chico en el PBI y, en términos de valor agregado, aún menos. El consumo privado y público está parado. El salario está cayendo, la gente está endeudada a tasas relativamente altas y la precarización laboral hace que los bancos no presten. Los empleados informales no tienen acceso al crédito. Así, el consumo también es difícil. Si no hay un mínimo de recuperación del gasto público (keynesiano de manual), veo muy difícil cualquier recuperación en serio de la economía brasilera”.

En definitiva, Crespo observa que “Brasil está muy complicado gane quien gane. Hay una polarización en la sociedad que hace que se torne muy difícil lograr un consenso en alguna dirección y se han implementado algunas medidas que no se pueden revertir fácilmente con un Congreso muy enfrentado”.

El impacto en la Argentina

El vínculo entre ambas economías es muy estrecho y, por ese motivo, el resultado electoral y sus consecuencias económicas tienen una gran importancia para nuestro país.

Castro señaló que “la relación entre la Argentina y Brasil no depende de quién gane las elecciones. Lo primero que hizo Macri fue viajar a Brasil para entrevistarse con Dilma Rousseff del PT. Es una relación de carácter estratégica; ni ideológica ni doctrinaria”.

Muñiz señaló que “la repercusión más importante sobre la Argentina es la incertidumbre. Si nos pega Turquía, Brasil mucho más. Una depreciación del real es complicada para la economía Argentina, más en un contexto de desinflación”.

Para Crespo, “un probable triunfo de Haddad le daría un poco de oxígeno al Mercosur en términos institucionales. Pero una estampida del dólar en Brasil arrastra a la Argentina, que ya está complicadísima. En Brasil hay muchísimas reservas pero, para Macri, que se desvalorice el real no es bueno. Si Brasil no vuelve a crecer, que es el punto clave, a largo plazo es lo mismo quien gane. No sé si Haddad y Bolsonaro vienen dispuestos a una política para crecer. Van a un planteo hacia la derecha”.

Share Button