Sin margen para cambiar la política económica – Luis Secco

Luis Secco, economista

Argentina está en el medio de un programa de ajuste macroeconómico cuyo objetivo es recuperar la credibilidad y la confianza para reducir el riesgo país y que los mercados internacionales vuelvan a tener apetito por el riesgo argentino. Sus objetivos fundamentales se dividen en tres aspectos: el primero es recuperar el perfil de la solvencia fiscal para hacer sustentable la deuda en el tiempo; el segundo es reducir el desequilibrio externo; y el tercero, resolver el balance del BCRA.

Este ajuste tiene consecuencias negativas o casualties porque, básicamente, impacta sobre la actividad económica y requiere un cambio de precios relativos que involucra la depreciación del peso. Lamentablemente, en la Argentina una depreciación real del peso se logra con una depreciación nominal muy fuerte porque, a diferencia de otros países, parte de ella se va a inflación. Se necesita una mayor depreciación nominal para lograr el mismo cambio de precios relativos.

Por lo tanto, el ajuste repercute sobre la opinión pública y ahí viene la otra dinámica que está en ciernes y condiciona el escenario de 2019 que es la incertidumbre política en un año electoral. Lo difícil para el Gobierno va a ser cómo armar una estrategia electoral en un contexto donde muchos economistas vamos a decir que se está haciendo lo que se debe hacer, porque los fundamentals macroeconómicos mejoran progresivamente, pero los titulares seguirán siendo muy malos. El desequilibrio fiscal se está resolviendo, el desequilibrio externo está cayendo y el balance del BCRA mejora lentamente pero los indicadores de actividad e inflacionarios interanuales seguirán siendo negativos y van a generar una sensación de que se están resolviendo los desequilibrios, pero la economía no mejora. Encontrar los famosos brotes verdes seguirá siendo el “Pokémon Go” de la Argentina.

Sin embargo, el Gobierno no tiene margen para cambiar la política económica. Tiene que aferrarse al acuerdo con el FMI. Todos los actores interesados en la marcha de la economía argentina que operan en los mercados internacionales esperan que se cumpla el compromiso con el organismo de búsqueda de estabilidad económica y financiera. No puede ponerlos en riesgo por una cuestión electoral. Va a tener que tener paciencia, soportando esas consecuencias a sabiendas de que se está haciendo lo necesario para superar la crisis de confianza y que la economía vuelva crecer. Es cierto que es fácil pedirle paciencia al Gobierno pero más difícil es pedírsela a la gente porque la sociedad ya siente cierto cansancio con relación al ajuste.

De todas maneras, las tareas macroeconómicas son condición necesaria pero no suficiente. Sin reformas estructurales no hay milagro. No va a haber crecimiento fuerte sin resolver temas clave desde el punto de vista estructural. Algunas de esas reformas tienen que ver con resolver la sustentabilidad de corto plazo pero también de largo plazo, como por ejemplo la reforma previsional, que necesita encontrar una solución. Hay otras reformas que hacen a la competitividad de la economía, como la laboral y la búsqueda de una mayor apertura externa, y al más largo plazo, como la reforma educativa.

Hay reformas que no podemos seguir dándonos el lujo de postergar a la espera de que se estabilice la macroeconomía o haya mayoría parlamentaria. Hace falta encarar ese proceso de reformas porque si no el esfuerzo estabilizador se agota en mejoras de corto plazo y no se genera un crecimiento sostenido de largo plazo. Estamos huérfanos de una agenda que debe incluir la estabilidad macroeconómica pero también las reformas estructurales. Eso es una agenda de desarrollo.

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