Corrida cambiaria: ¿llega un relajamiento monetario?

La política monetaria restrictiva y las variables macro recesivas ponen en cuestionamiento el desempeño del sistema para el 2019.

El año 2018 culminó con un mal desempeño de los principales indicadores financieros y bancarios. A las tasas reales de crecimiento negativas en préstamos en pesos y depósitos del sector privado en pesos se le suman la tendencia contractiva de la rentabilidad del sector y el aumento en la morosidad. Las variables económicas y monetarias ensombrecen aun más el panorama: altas tasas de interés y altos niveles de encajes bancarios, por un lado, y recesión económica e inflación, por el otro.

Consultado acerca de las perspectivas del sistema financiero para este año que recién comienza, el economista Fabio Rodríguez, socio director de M&R Asociados, explicó: “Actualmente el sistema financiero actúa como rueda de auxilio de la política monetaria del Banco Central a través de la política de altos encajes y el manejo de las Leliq, que les quitaron a los bancos su capacidad de intermediación. Estos niveles abusivos de encajes son uno de los motivos que llevaron a que los bancos bajen su rol de multiplicar los depósitos en créditos”.

“Lo que uno debiera esperar es que esta situación afloje para volver a variables más normales, en tanto todo eso se trató de una emergencia producto del plan de base monetaria cero y el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional”, añadió el experto.

Rodríguez espera que se relajen los encajes, si se percibe que hay recuperación en la demanda de pesos, y darle así algo de aire a la intermediación, donde los comportamientos nominales puedan simplemente seguir a la inflación. “Hoy por hoy estamos viendo variables nominales en depósitos y créditos por debajo de la inflación, lo que lleva a una pérdida de entre 10 y 12 puntos reales”, añadió.

Valeria Azconegui, vice president senior analyst de Moody’s Investors Service, también espera leves mejoras para el 2019: “Tenemos la perspectiva de que, para el segundo trimestre, empiecen a bajar las tasas de interés, para obtener hacia la segunda mitad del año resultados más positivos, no sólo por inversión en letras del Banco Central y títulos públicos sino por la propia intermediación financiera de los bancos”.

La especialista destacó: “Las tasas de interés están muy altas y deberían bajar sustancialmente, de a poco, y ya vemos que hay demanda en algunas líneas”.

Por su parte, el especialista en economía y finanzas Gabriel Rubinstein indicó que el devenir de las variables del sistema financiero estará muy ligado al proceso electoral. “Va a estar todo muy marcado por la evolución de los escenarios políticos. En un escenario donde se pueda vislumbrar que gane alguna combinación de Cambiemos, o mismo con el PJ federal, donde no gane Cristina Fernández de Kirchner, el mercado va a estar más tranquilo, los depósitos y préstamos crecerán normalmente, las tasas estarán más bajas, el dólar más calmo y el riesgo país será menor. Mientras que en un escenario donde Cristina conserve posibilidades de ganar hasta el balotaje, nos encontraremos con un panorama de mayor incertidumbre, por miedo a nuevos cepos o al default, que lleve a un dólar más alto que pueda superar el techo de la banda. En ese caso las tasas y el riesgo país pueden subir mucho, con la consecuente baja de los depósitos y préstamos”.

“Son dos escenarios bastante contrapuestos. En un proceso normal uno esperaría que baje la inflación al 2% mensual y paralelamente solas las tasas irían bajando, aunque persistan altas (menos del 10% en términos reales no van a estar). Eso haría que el crédito pueda expandirse relativamente lento. En todos los casos se necesita que baje la inflación a zonas del 20% y que se logre estabilidad cambiaria. No creo que el Central, por su parte, reduzca significativamente los encajes. Puede haber algún pico de liquidez pero lo más probable es que no los baje hasta el 2020”, detalló el economista.

Rodríguez espera una baja de las tasas de interés más pronunciada: “Las vemos en torno al 32% o 34%, que sigan remunerando en términos reales al ahorrista pero no en 15% o 17% puntos como ahora. Vemos una brecha de 2% o 3% con respecto a la inflación como máximo. Por otra parte, proyectamos un tipo de cambio aumentando en un 25% aproximadamente, en torno a la inflación, todo esto si consideramos un escenario base en el que no tengamos ningún sacudón desde el punto de vista financiero, y asumimos la estabilidad de estos últimos tres meses”.

Solvente, a pesar de todo

A pesar del enorme estrés al que estuvo expuesto el sistema financiero en los últimos meses, los especialistas consideran que es solvente, si bien pueden existir diferencias que lleven a cierta consolidación en el sector.

Con respecto a esto Rodríguez señaló: “Este año fue violento pero los bancos no sufrieron porque venían con una buena reserva de capital y de liquidez. El plan extremo de octubre, que llevó las tasas de interés al 74%, sacó liquidez al mercado y restringió el crédito; y el acuerdo y la anticipación del Fondo normalizaron el sistema, lo que se vio en la calma del dólar y, posteriormente, en un proceso de reducción de las tasas y de aumento de depósitos, pero principalmente en el segmento mayorista”.

Rubinstein también resaltó la buena situación del sistema en el punto de partida: “La recesión está llegando a su piso y es probable que así sea también con el problema de morosidad, que igualmente tiene retraso frente a una reactivación. Pero partimos de niveles muy bajos y están creciendo menos que en 2008 y 2009”.

Por su parte, Azconegui sostuvo: “Vemos positivamente cómo evolucionaron los UVA, donde la mora es menor al 1% a pesar de la inflación. La mora en préstamos al consumo y a pymes subió, en empresas no tanto y vemos que se encuentran por debajo de los niveles de mora en Brasil y de otros países de la región. Vemos un crecimiento de la mora, que llegan al 4% hacia fines de 2019, lo que aún no es preocupante. El punto de partida era muy bajo. Los niveles de previsión y de capital son holgados. Las fuentes de fondeo y liquidez muestran también una perspectiva estable dentro del sistema financiero. A pesar de tantos meses de volatilidad y crisis, los niveles de depósitos sufrieron en agosto, luego de la devaluación, una contracción pero después, ayudados por el desarme de las Lebacs, los flujos se reorientaron hacia los depósitos. Entendemos que seguirán creciendo de manera más acelerada que el crecimiento de los préstamos este año”.

De todos modos, la experta indicó: “La rentabilidad muestra una tendencia decreciente, más aun ajustada por inflación. Incluso los bancos más grandes ya tienen un ROE ajustado por inflación negativo para este año, o ligeramente positivo. Por un lado, se encareció el costo de fondeo y seguirá alto en 2019 y, por el otro, los altos encajes también afectan la rentabilidad. Asimismo, cayó la demanda de créditos, tanto para el consumo como para pymes, y los bancos fueron más restrictivos en sus políticas de crédito, donde los excesos de liquidez se invirtieron en Lebacs y luego en Leliqs”.

Azconegui advirtió, sin embargo: “No es igual la situación en bancos más de nicho, con 100% de fondeo de mercado, más expuestos a efectos de shock y con una clientela de banca minorista de mayor riesgo, frente a aquellos con franquicia de negocio más universal, un fondeo granular que les permite reestablecer líneas de préstamos y que sus préstamos individuales se encuentran vinculados a cuentas sueldo. Creemos que algunas entidades van a poder contrarrestar los altos niveles de tasas, que por su parte creemos que bajarán a niveles normales seguramente en el segundo trimestre de 2019”.

¿Riesgo de corridas en el 2019?

Si bien en las últimas semanas se restableció la calma en el mercado cambiario, los importantes desafíos que tiene por delante el Gobierno en materia macroeconómica y la contienda electoral que habrá en el 2019 pueden generar condiciones para una nueva corrida cambiaria que pueda extenderse luego al sistema bancario.

Respecto a esta posibilidad, Azconegui señaló: “Creemos que lo peor ya pasó. El acuerdo con el FMI ayudó a dar más tranquilidad. La relación de préstamos/PBI se encuentra entre un 16% y un 18% o sea que el ahorro fuerte no está en los bancos. Los depósitos son meramente transaccionales. Asimismo, creemos que hay confianza en el sistema financiero, que mantiene robustez. Entre el primer trimestre de 2018 y fines del año, observamos un cambio en el mix de depósitos, con un giro que terminó con más plazos fijos que depósitos a la vista, lo que habla de mayor confianza en el sistema, con cierto aire de proyección de negocios y cambio en la composición por el tipo de depositante, donde los retiros estuvieron más vinculados a individuos y no tanto a empresas o instituciones”.

Por su parte, Rubinstein indicó: “Las corridas podrían generarse pero no por la morosidad de la cartera sino por la incertidumbre que genere el panorama político. Estimamos que el dinero más caliente del sistema financiero, el llamado hot money, puede llegar en la época electoral a 7.000 millones de dólares, podría haber una baja de los depósitos en pesos en ese orden”.

“En el 2018 hubo muchas corridas pero encontraron una manera de estabilizar la situación. El Gobierno actuó a tiempo en el sentido de buscar una rápida ayuda del FMI y luego logró una segunda ayuda. La respuesta del Fondo fue rápida también y la política monetaria y el cambio de autoridades también ayudaron a contener la situación. El compromiso fuerte de reducir el déficit fiscal también contribuyó”, añadió el economista.

A su vez Rodríguez indicó: “El desafío para este año estará dado por una probable dolarización de la cartera en el período preelectoral pero no veo un escenario disruptivo en este sentido. El sistema está calzado, los créditos de más largo plazo se fueron cortando y tampoco hay una demanda de crédito muy grande. Y la brecha continuará entre inflación y salario, por lo que no veo desde los bancos un impulso a los créditos UVA ni tampoco desde la demanda”.

Incorporación de tecnología

Para el 2019, también se espera que los bancos continúen avanzando en la incorporación de tecnología, profundizando su transformación digital.

Azconegui destacó: “Nadie se quiere quedar en el camino. Cada vez hay jugadores más relevantes que impulsan que los bancos desarrollen herramientas digitales, e-wallets, etc., para ofrecer mejores servicios. Si bien a nivel local esto arrancó un poco más tarde que en el resto de la región, todos los bancos grandes lo tienen en la agenda. También hay bancos grandes que, por el tipo de consumidor que tienen, que aún necesita la atención física o el uso de efectivo, encuentran un crecimiento limitado. Pero es una tendencia que hoy todos entienden y que juega un rol incluso con el fin de bajar costos”.

Rodríguez resaltó: “Estamos con una agenda virtuosa en este sentido, que se profundizó en su momento con las normativas del Banco Central. Más allá de la frustración con la política monetaria de Federico Sturzenegger, esta meta, que es más de nicho, generó grandes avances”.

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