¿Por qué llevará varios años normalizar el manejo del efectivo en Argentina?

La incorporación de billetes nuevos y de mayor denominación a la economía argentina es un objetivo que se propuso la gestión del Banco Central (BCRA). Fuentes bancarias comentaron que la idea, en principio, fue distribuir los nuevos billetes en la Ciudad de Buenos Aires y la provincia homónima y tomarse algo más de tiempo para llegar al resto del país. Algunas de las justificaciones que pueden señalarse para entender la situación, radican en las dificultades tecnológicas en los cajeros automáticos, sumadas al costo de impresión y distribución que los nuevos billetes suponen para el BCRA.

La lentitud que tiene este proceso hace que persistan los problemas generados en los últimos años por la inflación y la negativa del gobierno anterior a incorporar billetes de mayor denominación, como por ejemplo el rápido agotamiento de los billetes en los cajeros automáticos y las dificultades de los consumidores para conseguir efectivo en determinadas circunstancias.

Consultado por NBS Bancos y Seguros, José María Segura, Economista Jefe de PwC Argentina, sostuvo: “Hay dos objetivos contrapuestos. Por un lado, se necesita facilitar las transacciones y, por eso, hay que tener distintas denominaciones. Además, se debe tener en cuenta que la impresión tiene un costo. Como contrapartida, hoy en día es posible reducir la cantidad de circulante físico y eso reduciría la informalidad de la economía. Si eso sucediera, los únicos billetes que se terminarían necesitando serían los de menor denominación, para las transacciones más pequeñas”.

Sin embargo, la incorporación de los billetes de alta denominación se está haciendo a un ritmo lento. Según datos oficiales, los billetes de 100 pesos todavía representan más del 64% del circulante, mientras que la participación de los papeles de 200, 500 y 1.000 pesos sólo llega a 2,7%, 6,1% y 0,1% respectivamente.

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