Sistema de la Reserva Federal de USA I

En el informe que se inicia en esta edición se analiza en detalle la estructura, historia y funcionamiento de este importante organismo regulador, cuyas decisiones tienen un impacto que se extiende a lo largo de todo el globo.

Cualquier noticia proveniente del Federal Reserve System, el banco central estadounidense, aun un rumor o un simple guiño, basta para conmover al sistema financiero mundial. Tal trascendencia se encuentra sostenida por motivos concretos: no sólo por la decisión formal que modifica la tasa de interés de los fondos federales, sino también por las expectativas que se despiertan ante la posibilidad de que se tome cualquier medida. Todo ello incrementado por el secretismo que rodea al proceso decisorio, la composición de su capital que, caso único en todo el mundo, se encuentra en manos privadas o las opiniones públicamente vertidas por sus funcionarios de primera línea, las que a veces no resultan coincidentes sobre asuntos esenciales de la situación económica y financiera.

Marginalmente, cabe agregar la ambigüedad de las declaraciones oficiales, reflejada en una célebre frase de Alan Greenspan, otrora titular del organismo, que en una de sus apariciones públicas manifestó: “si fui muy claro, pido disculpas”.

Por ello es de interés conocer un poco más sobre esta institución, en realidad una compleja estructura distribuida en 12 entidades autónomas, usualmente conocida como “la Fed”, que resulta el punto focal hacia el que converge todo el sistema financiero de los Estados Unidos.

La institución, ya sea como supervisor directo o mediante la aplicación de sus normas a través de otras agencias de control, hace sentir su capacidad reguladora a la totalidad del sistema bancario, el cual presenta un carácter dual, ya que coexisten los bancos nacionales y los bancos estatales. Estos últimos tienen una patente que los autoriza a operar, concedida por el estado en el cual radican sus negocios y a cuyas leyes deben someterse. Es el poder ejecutivo estatal quien dispone la supervisión de estos bancos, en conjunto con la Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC), un tipo de seguro de depósitos similar al SEDESA local creado en el año 1933.

Esta agencia, a su vez, exige a sus supervisados que cumplan con la normativa de orden general emanada de la Fed, lo cual permite que utilicen ciertos servicios prestados por ésta. Estos servicios comprenden, entre otros, la compensación y cobro de valores, el acceso a adelantos transitorios, la custodia y entrega de billetes y monedas, la cámara compensadora de alto valor para las transferencias mayoristas y la compraventa de fondos, generalmente por cortos períodos (overnight). También pueden ejercer la opción de convertirse en miembros del Federal Reserve System, para lo cual deben suscribir acciones por un monto equivalente al 6% de su capital y depositar en custodia como reserva legal un porcentaje determinado de sus depósitos a la vista y a plazo, entre otras exigencias que los equiparan a la jerarquía de los bancos nacionales. De esa manera, pueden obtener de la Fed, con la cobertura de valores colaterales, fondos para cubrir deficiencias de sus reservas o faltantes temporarios de liquidez.

Por su parte, los bancos comerciales nacionales son aquellos aprobados por el Comptroller of the Currency, agencia federal perteneciente al régimen que impuso a la FDIC. Tuvieron su origen alrededor de 1860 cuando, ante la falta de un sistema monetario centralizado, se los autorizó a emitir sus propios valores garantizados por bonos de gobierno. Sucesivos cambios en las condiciones y prácticas financieras y bancarias favorecieron su homogeneidad e importancia hasta llevarlos al escenario actual en el que constituyen el 30% de la cantidad de bancos comerciales y mantienen las dos terceras partes de los depósitos bancarios.

La ley constitutiva de la Fed fue promulgada el 23 de diciembre de 1913, durante la presidencia de Woodrow Wilson. Se había comprendido la necesidad de una reforma bancaria y monetaria que generara los mecanismos para atender cualquier emergencia que afectase al sistema bancario, además de regular el stock de la moneda y el plazo y el costo del crédito de acuerdo a las demandas de la economía.

Un antecedente directo de esta ley fue la Comisión Nacional Monetaria, creada por la Ley Aldrich-Vreeland de 1908 y que tuvo vigencia hasta el año 1912. Esta norma había establecido 15 bancos regionales y 46 directores ubicados en las principales ciudades y otorgaba el control total del sistema a los bancos privados. La legislación generó un fuerte debate político que enfrentó a los dos partidos mayoritarios y produjo una decidida resistencia por parte de la banca minorista, particularmente la de los estados rurales y del Medio Oeste, por temor a quedar subordinada a los intereses de los grandes bancos neoyorquinos. Como se verá, aunque un tanto atenuada, esta característica ha persistido hasta nuestros días. Es que aún hoy Wall Street, a través de su peso en el banco de la ciudad de Nueva York, tiene una influencia decisiva y le han sido otorgadas prerrogativas que lo distinguen notoriamente de sus colegas.

Finalmente, el Partido Demócrata, al ganar las elecciones, ocupó la Casa Blanca, obtuvo la mayoría en el Congreso y pudo promover una revisión total de las leyes bancarias vigentes. Este objetivo se concretó con un proyecto de ley denominado Glass-Owen que, si bien recogió numerosos aspectos de las experiencias anteriores, marcó una diferencia con la Ley Aldrich-Vreeland, que entregaba el control absoluto a los bancos privados, ya que propuso la creación de una agencia pública de supervisión: la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal. Al mismo tiempo, otorgaba un significativo grado de autonomía a los bancos regionales aunque la Junta se reservaba la fijación de la tasa de interés del sistema, revirtiendo el criterio anterior, en el cual los bancos regionales podían establecer sus propias tasas de interés y emitir moneda. Asimismo, transfirió este poder de acuñación al Departamento de Tesoro.

También se exigió, obligatoriamente en lugar de la opción anterior, que para obtener la correspondiente autorización para funcionar en todo el país la institución financiera en cuestión debía ser miembro de la Fed y, consecuentemente, someterse a sus dictados sobre las normas a respetar y otros asuntos conexos.

Finalmente, tanto la Cámara de Representantes como el Senado sancionaron el cuerpo legal que creaba el nuevo sistema. Se estableció entonces, entre otras muchas condiciones, que los bancos que fueran autorizados a operar a nivel nacional debían ser miembros aportantes, adquiriendo una cantidad específica de acciones intransferibles de la Fed y manteniendo cierto nivel de reservas en custodia sin percibir intereses por ello. También se les permitió establecerse en otros países.

Aprovechando esta franquicia, el Citibank fue el primero en instalar una sucursal en el exterior, ubicándola en la ciudad de Buenos Aires.

En los años 30 se introdujo la primera modificación a este sistema, para establecer el Federal Open Market Committee como responsable de la política monetaria de corto plazo. Nuevamente, en 1970, se definió que la Fed tendría como objetivos promover el pleno empleo, mantener estables los precios de la economía y arbitrar las tasas de interés de largo plazo.

La próxima edición reseñará la constelación de bancos y agencias que conforman el sistema bancario norteamericano.

Este artículo fue elaborado por Consultores Bancarios Asociados

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