“Las medidas pueden generar las condiciones para un despegue de la economía argentina” Daniel Marx

Con las reformas anunciadas, el Gobierno está encarando varios frentes a la vez. Se nota un principio de ordenamiento, un ideal de modernización y, también, se percibe la ratificación de un rumbo fiscal. Esto se está llevando a cabo sin movimientos dramáticos, más bien dentro del cariz gradualista que ya se viene mostrando.

Las propuestas están dentro de una lectura adecuada de los problemas económicos y, si bien hay múltiples cuestiones a resolver, apuntan a aliviar varios de los problemas actuales. La reforma tributaria está pensada para ir ordenando algunos impuestos y confirma el objetivo de mejorar las cuentas fiscales en el mediano plazo. Esto se explica fundamentalmente por dos cuestiones: la continuación de la rebaja en los subsidios a los servicios públicos y la intención de poner en caja a las cuentas previsionales. Desde el punto de vista del ordenamiento, también cabe señalar la nueva relación que se propicia entre la Nación y las provincias, así como también algunos aspectos del código tributario que se pretende cambiar.

Entre las medidas que apuntan a la modernización, se destacan los cambios propuestos en el funcionamiento de las relaciones laborales y las modificaciones en los impuestos conocidos como “cascada” (principalmente, ingresos brutos), con la meta de mejorar la competitividad.

Dentro de las cuestiones que todavía quedan por resolver, lo que más me preocupa es el creciente déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Esto tiene que ver, en parte con el gradualismo, ya que es necesario financiar el déficit fiscal y eso se combina con la decisión de no tomar mucho dinero localmente y las altas tasas domésticas. La financiación externa del déficit fiscal y la fuerte entrada de capitales generan un importante déficit comercial. Me parece que se podría ir achicando si se tomara más crédito a nivel local.

También queda pendiente discutir un esquema de desarrollo de un sistema previsional más sustentable. Este podría ser ir hacia un sistema híbrido, es decir, complementar la jubilación pública con los aportes individuales hechos, por ejemplo, a través de un seguro de retiro. Es un tema que quedó afuera de la reforma previsional.

La inflación, por su parte, está mostrando rebeldía ante las herramientas monetarias que usa el Banco Central. Creo que el enfoque utilizado para combatirla tiene muchas limitaciones. En primer lugar, la masa monetaria en pesos es relativamente pequeña. En segundo término –y más importante–, hay una serie de movimientos de precios relativos que se dan más allá de la política de la entidad y que tienen que ver con las tarifas de servicios públicos y los efectos de la disminución de los subsidios. En tercer lugar, la combinación entre una tasa de política monetaria alta y la financiación del Tesoro Nacional en el exterior está dando como resultado una oferta de divisas importante que, en parte, neutraliza las acciones del Banco Central porque, en lugar de absorber dinero, termina comprando dólares y expandiendo la oferta de pesos.

Pese a las asignaturas pendientes, creo que las medidas que tomará el Gobierno en los próximos dos años pueden generar las condiciones para un despegue de la economía argentina. Habrá que ver si esas condiciones se aprovechan y para eso todavía falta un tiempo. El riesgo es que sea algo pasajero. En esa disyuntiva no sólo tiene peso la discusión legislativa, sino también juega un papel importante la forma en la que se va planteando y llevando adelante la agenda de reformas. Asimismo, influyen las circunstancias internacionales, que hoy nos permiten obtener financiamiento a buenas tasas, pero si cambian obligarán a acelerar el ritmo de las reformas.

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