“Estamos dando pasos fundamentales para atacar los desequilibrios macroeconómicos heredados” Javier Ortiz Batalla

El Gobierno sigue dando pasos que resultan fundamentales para avanzar en un programa que procure atacar de manera integral los desequilibrios macroeconómicos heredados.

Creemos que el norte es claro y se están dando pasos en la dirección buscada, intentando, además, alcanzar los consensos que garanticen la aprobación legislativa de las reformas y les den sostenibilidad en el tiempo, algo no menor en un país tan pendular como el nuestro.

Mirando para adelante, tenemos una visión optimista que descansa en el convencimiento de que el Gobierno se encuentra comprometido con una recuperación gradual del equilibrio de las cuentas públicas, con resultados que ya se pueden observar en la evolución que vienen mostrando tanto el gasto como los ingresos del fisco. En este sentido, el incremento de la deuda como porcentaje del PBI en esta primera etapa lo vemos como un proceso transitorio. En un contexto de crecimiento de la economía y reducción del déficit fiscal, el peso de la deuda tenderá a estabilizarse en el curso de los próximos años, manteniéndose siempre en niveles relativamente bajos en comparación con otros países de la región. Claramente, la disponibilidad de financiamiento externo constituye un elemento favorable, no sólo desde el punto de vista fiscal sino también como un factor esencial a la hora de impulsar un crecimiento sustentable de la economía basado en la inversión privada.

Las proyecciones de crecimiento que contempla el consenso de los analistas para los próximos años se muestran consistentes con esta mirada. Para este año adelantan una suba del PIB de 2,9%, que sería seguida por alzas del orden del 3% en los dos años siguientes, quebrando la tendencia al estancamiento vislumbrada entre 2011 y 2015.

Al mismo tiempo, vemos que el Banco Central se está moviendo en la dirección correcta frente a un escenario de dominancia fiscal y ajuste de precios relativos y un sistema financiero poco profundo que lo obliga a ser más agresivo en su política antiinflacionaria. En este sentido, además de mantener elevadas las tasas de interés de referencia, el Banco Central ha buscado reforzar el sesgo contractivo de la política monetaria mediante otros elementos. Por un lado, eliminó el cómputo trimestral de los encajes bancarios para el período diciembre-febrero, vigente desde el año 2005, como forma de conseguir un control más estricto de los niveles de liquidez del sistema financiero. Por otro, señaló que podría revisar su política de acumulación de reservas, algo que había derivado en una mayor emisión de pesos para la compra de divisas, principalmente al Tesoro, por sus emisiones de deuda. En materia de resultados, la inflación subyacente (que es la que realmente controla el BCRA) viene consolidando una tendencia a la baja. Al comienzo del cuarto trimestre del año experimentó una variación mensual de 1,3%, que en términos anualizados representa una suba levemente inferior al 17%, frente a una inflación que en 2016 había alcanzado el 35%.

En el pasado, los episodios de elevada inflación e inestabilidad macroeconómica llevaron a que los argentinos inviertieran por fuera del sistema financiero, reduciendo el rol de los bancos a una actividad transaccional. Comenzando a transitar un sendero de mayor estabilidad, vemos un potencial enorme para que el sistema financiero doméstico se expanda, partiendo desde niveles de intermediación realmente bajos. El crédito al sector privado en Argentina equivale hoy a sólo 13% del PIB, situándose muy por debajo de otros pares regionales como Chile (79%) y Brasil (49%), o incluso países con un PIB per cápita inferior, como Colombia (48%) y Bolivia (23%). Asimismo, al comparar este ratio con nuestra propia historia, encontramos que el crédito al sector privado trepaba al 22% del PIB a fines de la década del 90, previo a la crisis del régimen de convertibilidad.

Todo proceso de ordenamiento macroeconómico y desinflación representa un desafío pero a la vez una oportunidad para que el sistema financiero crezca, recuperando protagonismo las líneas a largo plazo, como las hipotecas, las cuales en los últimos años han venido sumamente rezagadas o han sido virtualmente inexistentes.

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