2018: Año de mayor competencia por los depósitos

El mayor dinamismo de la economía y la expansión del crédito durante 2017 revirtieron la tendencia que se venía dando en el sistema financiero de depósitos, que finalmente crecieron por encima de los préstamos. La liquidez, que alcanzó un máximo en enero del año pasado, viene cayendo desde entonces. Los bancos deberán hacer un mayor esfuerzo para mantener el crecimiento de sus carteras en este nuevo escenario.

De acuerdo a estadísticas proporcionadas por el Banco Central de la República Argentina, la liquidez del sistema financiero se redujo de 34,5% en enero de 2017 a 25,2% en diciembre del mismo año, totalizando una baja de 9,3 puntos porcentuales a lo largo del periodo.

Lejos del exceso de fondos que experimentó el sistema en 2016, a partir de principios del año pasado se empezó a verificar una tendencia a la baja de la liquidez que va a presionar a las entidades hacia una mayor competencia por los depósitos durante este 2018.

De acuerdo a Santiago Mignone, socio a cargo de PwC Argentina, el alto nivel de depósitos registrado en 2016 respondió a diversas variables que convergieron en el primer año del nuevo gobierno. “Por un lado, se vio una recuperación de la confianza en el sistema y la economía, por lo que los depósitos se recuperaron más rápido que los préstamos. Por el otro, la inflación, cercana en aquel momento al 40%, daba una ilusión monetaria, a lo que se sumó una tasa que era más alta y un año donde había mucha cautela por parte de la economía, con caída del consumo y baja demanda de crédito”, explicó.

Según el especialista, ya en los primeros meses de 2017 se empezó a vislumbrar un mayor crecimiento del crédito producto de la reactivación en algunos sectores de la economía, el incremento en el consumo y una menor inflación, factores que revirtieron la tendencia.

Para Valeria Azconegui, VP Senior Analyst de Moody´s, otra de las razones que puede explicar el exceso de liquidez en 2016 y su posterior retracción puede hallarse en los efectos del régimen de sinceramiento fiscal. “En líneas generales, desde octubre de 2016 hasta marzo 2017 el stock de depósitos se vio muy impactado por todo el tema del blanqueo. En ese sentido, fue una variable que era no recurrente, fue un exceso de liquidez que entendíamos que en algún momento iba a mermar o se iba a volcar a la economía real. En línea con esto, la evolución del ratio préstamos sobre depósitos durante 2017 presentó depósitos que se incrementaron dos terceras partes de lo que fue la evolución total de los préstamos”.

Hernán del Villar, presidente del Estudio Alpha, detalló que en 2016 “los depósitos crecieron por encima del crédito 200 mil millones de pesos contra 130 mil millones de pesos y llegaron a un pico máximo a mediados de 2017. A partir de allí, se registró una disminución permanente de la liquidez, debido a la fuerte aceleración en el crecimiento del crédito, que subió 46% mientras los depósitos lo hicieron al 25%. En materia crediticia, se juntaron la mayor demanda de empresas, por la mejoría de la actividad, el surgimiento del crédito hipotecario UVA y el mayor apetito de la banca por prestar”.

Los entrevistados coincidieron en que la tendencia para este año es que la liquidez siga disminuyendo, aunque muy gradualmente, y destacaron que, a pesar de ello, el sistema mantiene una disponibilidad de fondos apreciable.

“Me da la impresión de que la liquidez de hoy es más sostenible y sigue siendo una buena liquidez, porque está en alrededor del 40% de los depósitos cuando se mide en términos amplios (incluyendo pases y Lebac). Posiblemente pueda caer algo más durante 2018, pero es una liquidez saludable”, aseguró Mignone.

Para los especialistas, esta tendencia decreciente en la liquidez repercutirá en una mejora relativa en las tasas de interés que reciben los depositantes, por lo que esperan una mayor compresión de spreads entre Lebac y Badlar para este año.

“Vemos que el carry trade todavía genera interés para los bancos, que siguen invirtiendo los excesos de liquidez. Pero entiendo que ahora, al redefinirse las metas de inflación y de alguna manera intentar achicarse el gap entre la tasa Badlar y la de Lebac, los bancos se volcarían un poco más a prestar”, indicó Azconegui.

Las estimaciones de los entrevistados indican que se mantendrá un crecimiento de los préstamos por encima de los depósitos, traccionados principalmente por una mayor demanda de líneas en moneda extranjera y créditos en UVA.

“La banca continuará incrementando su volumen de intermediación en términos reales. Nuestra proyección es de un crecimiento de depósitos privados en pesos de 19% y de crédito en pesos de 35%. Los depósitos a la vista seguirán creciendo por encima de los de plazo fijo y ello dependerá mucho de lo que haga el Banco Central con las tasas de las Lebac. Los depósitos en dólares seguirán creciendo por sobre los de pesos. En el crédito, las líneas de hipotecarios podrían crecer por encima del 50%, mientras el crédito a empresas y a individuos rondaría el 30%”, detalló Del Villar.

En la misma línea, Mignone indicó que, “en materia de depósitos, va a ser parecido al año pasado, acompañando la inflación. En préstamos, Argentina tiene una estructura de muy corto plazo y con mucho capital de trabajo, por lo que dependerá de cómo vaya la actividad económica. Sí creo que se va a seguir creciendo en préstamos en moneda extranjera porque la tasa es atractiva y no hay expectativas de devaluación, además van a seguir creciendo los préstamos en UVA, aunque también va a depender del éxito de la política de desinflación”.

En Moodys, las estimaciones en cuanto al crecimiento de los préstamos para 2018 son del 38%, por encima de la evolución esperada para los depósitos, que se ubica en el 25%. Estas cifras se reducen para 2019 al 34% en préstamos y 23% en depósitos.

Un escenario de mayor competencia

Ante la menguante liquidez y el buen crecimiento que mantendrá la demanda de préstamos, los bancos deberán realizar un mayor esfuerzo de captación de depósitos.

De acuerdo a Azconegui, “el sector irá abandonando la actitud reactiva de años anteriores e irá adoptando una postura más agresiva, siendo una de las claves la captación de depósitos en el segmento retail. Como estamos viviendo un momento de compresión de márgenes ante la baja de la inflación, el hecho de poder contar con una base de depositantes minorista va a ser una ventaja competitiva en términos de costo de fondeo”.

La especialista puntualizó que este año se puede llegar a ver una competencia más activa en las cuentas sueldo, por las ventajas que traen aparejadas para los bancos: “Por un lado, brindan una cartera de clientes cautiva para ofrecerle préstamos, inclusive hipotecarios, y protegen la calidad de los mismos porque las cuotas son deducidas directamente de este producto en el banco. Por otro lado, en términos de depósitos, dejan un fondeo muy interesante y son de bajo costo”.

También recalcó la remuneración de cuentas corporativas por algunos bancos. “Desde ya hace un año que todos los depósitos corporativos en cuenta corriente están siendo remunerados en la mayoría de los bancos. Es algo que arrancó en los medianos pero luego se extendió a los grandes. Esto cambia un poco la dinámica en el sentido de que en años anteriores, con niveles de inflación más altos, el fondearse con depósitos a la vista era un driver de rentabilidad importante en los bancos y esta es una tendencia que empezó a disminuir un poco”, detalló.

Del Villar coincidió en que “se incrementará la competencia por ganar share y prestar nuevos servicios. La banca sabe que debe ganar volumen y debe crecer y eso lo hará a través de mejorar su competitividad. De todos modos, la baja más lenta de lo esperado de la inflación y de las tasas nominales de interés le da más tiempo para readecuar sus estrategias y estructuras. El año 2018 todavía será de transición”.

De acuerdo al especialista, las estrategias de las distintas entidades estarán dirigidas a la búsqueda de nuevos clientes y a una mejor segmentación de los actuales. También destacó la importancia de la inteligencia comercial y la inversión en tecnología, también aseguró que continuará la expansión de la red de sucursales como mecanismo para acercarse a los clientes, especialmente a las empresas.

Para Mignone, la mayor competencia va a estar centrada en la tasa. “La propia adopción de normas internacionales de contabilidad hace que todos los beneficios sobre un activo financiero se traten como tasa de interés, de manera que, desde punto de vista del balance, todos los beneficios finalmente terminan sobre la tasa. Eso creo que hace perder atractivo a la política de poner algún otro atractivo por encima de la tasa”, detalló el analista, quien recalcó atributos como velocidad, calidad y seguridad de los servicios brindados como diferenciales a la hora de competir en el mercado.

También se encargó de destacar algunos factores que ayudaron a moderar la competencia por los depósitos a pesar de la baja en la liquidez: “En 2017 a los bancos también se les abrieron otras formas de financiamiento como la emisión de obligaciones negociables, lo cual le quitó presión a la necesidad de competir por los depósitos”.

Azconegui señaló que fueron varios los bancos que el año pasado salieron a captar capital, un poco previendo una posible consolidación del sistema financiero, ya sea comprando una franquicia de negocio o portafolio o mediante el crecimiento orgánico de su volumen de negocios.

Según Del Villar, esta búsqueda de nuevas fuentes de financiación alternativas continuará en 2018, restando presión a la competencia entre las entidades: “Los bancos lo están atacando por distintos lados: por el lado de pagar un poco más, prestar mejores servicios y buscar otras fuentes adicionales a los depósitos”.

Un marco normativo que promueve la competencia

Desde el comienzo de su gestión, la nueva administración del BCRA impulsó una serie de medidas destinadas a flexibilizar las normas que regulan al sistema financiero, permitiendo mayores libertades que, sumadas al ingreso de nuevos actores, apuntan a lograr un mercado más competitivo.

Los entrevistados destacaron, entre estas medidas, la liberalización de las tasas de interés, el ingreso de las fintech, la flexibilización de la apertura de sucursales, el pago de intereses en las cuentas corrientes y los cambios normativos orientados a la baja de costos.

“Es un Banco Central bastante proclive a generarle más competencia a los bancos y, a su vez, más libertades. Antes se los protegía, se los regulaba, se los controlaba y ahora se los deja más libres y se les permite competir a otros jugadores con menores regulaciones, como las fintech”, sostuvo Del Villar.

Por su parte, Azconegui destacó que si bien existe una flexibilización en la regulación, se hace dentro de criterios y parámetros internacionales que se venían adoptando desde años anteriores. “Vemos una total flexibilización en la regulación, volviendo a lo que era antes pero manteniendo las reglas prudenciales. Por ejemplo, un caso puntual es que el requisito tan alto para pagar dividendos fue removido, pero se implementaron los buffer de capital de Basilea II. O sea, se tiene una orientación bien pro mercado pero muy en línea con los estándares internacionales de Basilea”, detalló.

Mignone se mostró optimista con la orientación del organismo y sus efectos en el mercado. “El Banco Central está apostando a una mayor competencia y creo que está bien en la medida en que eso ayude a mejorar los servicios de los bancos. Yo creo que ha tomado una política de desregulación en general y ha ido desanudando una madeja regulatoria en beneficio del público y de la competencia”.

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