China-Estados Unidos: Una convivencia difícil en 2018

El bloqueo a las inversiones chinas en el mercado americano, los mayores aranceles y la tensión militar vienen repercutiendo en la relación entre ambos países. Asimismo, la respuesta amenazadora de China de que podría recortar la compra de bonos del Tesoro genera interrogantes sobre el impacto global que puede tener el enfrentamiento.

La relación entre las dos superpotencias del globo, Estados Unidos y la República Popular China, presentó diversos frentes de conflicto en las primeras semanas del año. El bloqueo a algunas inversiones chinas en territorio norteamericano alegando cuestiones de seguridad nacional, como la compra de la financiera MoneyGram y la Chicago Stock Exchange, y la aplicación de mayores aranceles a las importaciones del país asiático se toparon con la amenaza por parte de China de que podría recortar la compra de bonos del Tesoro de Estados Unidos, de los cuales es el principal tenedor.

Una de las áreas en las que el conflicto se plantea de forma más clara es la comercial, en la cual Estados Unidos posee un fuerte déficit. La postura de tinte proteccionista que tomó el presidente norteamericano Donald Trump y su lema “America First” hacen parecer a la ex economía socialista un adalid del librecomercio.

El economista Luis Palma Cané explicó que “hoy existe un enfrentamiento nuevo entre estos países a partir de la posición de proteccionismo que anunció Trump, específicamente dirigida a quien le provoca el mayor déficit comercial. China le genera el 60% de este rojo, lo que implica un saldo negativo de más de 300.000 millones de dólares con el país asiático. Cuando Trump dice ‘América primero’ se refiere a poner aranceles a los países con los que no tiene una relación recíprocamente justa entre ambas partes. Aun así, esto viene quedando en la retórica, más allá de algunos avances con aranceles en ciertos sectores”.

En cuanto al choque entre los dos países en la última reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC), el especialista señaló que “Estados Unidos puso muchos funcionarios norteamericanos en la OMC que responden al esquema de Trump, pero por ahora son todas amenazas, no puede salirse de sus estatutos y reglamentos. Trump amenazó con salir de la OMC, pero entre lo que dice y lo que puede hacer hay un largo trecho”.

El analista internacional Jorge Castro remarcó, por su parte, que “el punto principal a tener en cuenta en este aspecto es el acuerdo entre las dos superpotencias realizado el año pasado en el encuentro entre Trump y Xi Jinping en Florida, cuyo objetivo es reducir y, en una perspectiva de mediano y largo plazo, eliminar el superávit comercial de China sobre Estados Unidos. Para ello, aplicaron medidas por las que se abre el mercado chino a exportaciones norteamericanas, especialmente en torno al gas licuado. Lo que hay que tener en cuenta sobre la base de este acuerdo, un acontecimiento central de la política internacional de la época, es que se trata de una relación entre dos superpotencias, no sólo en cuanto a que son las dos mayores economías del mundo, sino que son también los dos principales países en términos políticos, estratégicos y militares. Por eso, en la relación entre ambos la competencia tiene tanta importancia como la cooperación”.

Gustavo Girado, economista especialista en China y director del posgrado sobre China en la Universidad Nacional de Lanús, indicó que “hace un año, Trump cuando asumió dijo que iba a hacer una cantidad de cosas respecto de China porque le quitaba empleos a los norteamericanos. Desde la verba se desató una guerra comercial que luego, ya con Trump en el poder, decantó. Con la política de que las filiales norteamericanas vuelvan a territorio nacional, se dieron cuenta de la complejidad que implica, siendo que el 80% del comercio internacional se da adentro de las cadenas de valor y China es de las economías más importantes en este sentido. Es decir, los productos realizados allí por grandes compañías se hacen con partes que se fabrican en diferentes países para lograr más eficiencia y, en ese esquema de parcialización de la producción de manufacturas, China pesa muy fuerte, cada vez más cerca de las partes más valiosas de la unidad producida, mientras que el resto proviene de otras economías. Ese discurso se fue así desarmando con el correr del tiempo, hasta la escalada en Davos por el tema de los lavarropas y paneles solares, para los que Estados Unidos puso aranceles de 30%”.

“No son tan claros los mensajes desde la administración norteamericana sobre lo que hará Trump en relación a lo que viene declamando”, añadió el experto.

Un freno a las inversiones chinas en Estados Unidos

Las decisiones de los reguladores norteamericanos de bloquear inversiones chinas alegando cuestiones de seguridad nacional que se conocieron en las primeras semanas del año entremezclaron los enfrentamientos económicos con los de carácter político y militar. Es en este contexto que el Secretario de Defensa de Estados Unidos James Mattis difundió la nueva estrategia militar de su país corriendo el eje del terrorismo a las amenazantes Rusia y China.

Según Castro, “estas medidas tomadas en Estados Unidos respecto de las inversiones chinas en sectores que el gobierno norteamericano considera estratégicos están vinculadas justamente con el hecho de que ya China no es sólo la primera economía del mundo en capacidad de compra doméstica, por encima de Estados Unidos, sino también una superpotencia desde el punto de vista político y estratégico. El año pasado el principal inversor extranjero directo en la economía norteamericana fue China. Por eso, ponerle un freno quiere decir competir. Hay que tener en cuenta que las dos superpotencias son las que están encabezando la nueva revolución industrial ahora en las grandes tecnologías de la época, en torno a la inteligencia artificial, internet de las cosas y la robotización”.

Luis Palma Cané destacó que, “con el freno de algunas inversiones, las grandes economías están tratando de proteger aquellos sectores que consideran estratégicos, como por ejemplo el acero. En realidad lo único que pueden lograr con las contrapartes es debilitarlas o que no tengan tanta virulencia”.

Girado detalló que “son varias cosas las que convergen en este punto, dado que China posee tecnología que antes no tenía, lo que le permite tener menos dependencia de Occidente. Los países centrales pueden tener déficits comerciales pero tienen superávit por finanzas, patentes, royalties y dividendos. Sin embargo, China el año pasado resultó ser la economía que más patentes registró. Por primera vez desplazó a Estados Unidos, superando también a Japón y Francia. Es en este contexto que la empresa Alibaba se posicionó fuertemente en China con su plataforma Alipay. Allí prácticamente no usan papel moneda o acuñada, han automatizado tanto el tema del dinero que, técnicamente, lo usan cada vez menos en términos físicos, desarrollando estas plataformas. Alibaba quiso comprar la empresa norteamericana MoneyGram, muy difundida para las transacciones internacionales de dinero, y el gobierno norteamericano bloqueó la venta, alegando temas de seguridad nacional”.

“En Estados Unidos, con el argumento de la seguridad nacional, muchas veces echan por tierra las propias teorías de libremercado. Ya hace tiempo viene pasando con la península arábiga, que no tiene margen para poder participar en licitaciones de puertos o aeropuertos, y tampoco ahora los chinos”, resaltó el analista.

El amenazante poder del acreedor

En el medio de las tensiones entre ambos países, a principios de año corrió la versión de que China, el principal tenedor de bonos del Tesoro de Estados Unidos, con títulos por 1,2 billones de dólares en su poder, podría recortar la compra de los mismos como represalia a las medidas que viene tomando el gobierno norteamericano, una decisión que tendría un impacto importante en la tasa de interés de estos activos, que ya viene subiendo este año y al cierre de esta edición se ubicaba en torno a 2,9%.

Para Palma Cané, “en el futuro continuarán algunos escarceos pero a ninguno de los dos, ni al mundo, les conviene que estos conflictos recrudezcan ni económica ni políticamente. Se trata de declaraciones más bien diplomáticas, difíciles de llevar a la práctica. Si China sale a vender bonos americanos, aumenta su oferta, baja el precio y, como tiene cupón fijo, sube la tasa de interés, lo que no es bueno para nadie y menos para los países emergentes que necesitan financiamiento”.

Girado aclaró que “hace rato que en China cortaron la compra masiva de bonos norteamericanos y redujeron las reservas en dólares. Tenían 4 billones de dólares de reservas y pasaron a tener 3 billones. Si bien pueden, si lo necesitan, recordar que tienen una gran parte de la deuda norteamericana, no creo que se genere una guerra de importancia en este punto”.

Castro relativizó las amenazas de China, puntualizando que este país en el mes de enero “aumentó la compra de títulos del tesoro norteamericano. Es cierto que el año pasado Japón ocupó el primer lugar en la compra de estos títulos, pero en enero de este año China de vuelta fue el primer comprador mundial de títulos del Tesoro norteamericano”.

El economista destacó que “lo que está en marcha en el mundo en materia financiera es la reincorporación de China al mercado financiero internacional, esto es la conversión del ahorro doméstico chino en ahorro global. El ahorro chino asciende a 5 trillones de dólares, o sea, es 2 trillones de dólares superior al de Estados Unidos. Por eso, la tasa de interés en el mundo ya no la fija la Reserva Federal. Las que verdaderamente importan son la de mediano y largo plazo, que las fija el mercado mundial que hoy tiene una situación de hiperliquidez con la incorporación de estos capitales y genera las tasas más bajas de la historia. Es una situación que recién comienza. Nunca ha habido en toda la historia del capitalismo más capitales disponibles para inversiones redituables que en el momento actual. Es así que la economía mundial volvió a crecer en el último año y este año lo hará en un 4,5%. Hay un boom de inversiones en Estados Unidos y se trata de un crecimiento coordinado, donde todas las regiones del mundo relevantes crecen al mismo tiempo, tanto los países avanzados como los emergentes, como es el caso de Brasil que este año crecerá al 3% anual luego de la etapa de más grave contracción de su economía desde la década del 30”.

Mucho ruido, pocas nueces

A pesar de los numerosos frentes de conflicto abiertos entre los dos países, los especialistas no esperan que esto derive en un enfrentamiento real.

Palma Cané señaló que “las relaciones entre las dos potencias siempre fueron complicadas porque se enfrentan la primera y segunda economía del mundo, con sistemas políticos completamente diferentes: una república democrática liberal y otra con un sistema de partido único que recién está empezando a tener apertura económica. Sin embargo, me parece que son más balas de fogueo que balas en serio. A nadie le conviene un crecimiento del conflicto. Estados Unidos no puede darse el lujo de que China salga a vender sus bonos y China tampoco le puede generar tal déficit”.

Para Castro, “la relevancia de China como comprador de bonos del Tesoro de Estados Unidos y como financista global significa que no hay país en el mundo que esté más interesado en el crecimiento norteamericano, ya que es su principal acreedor. La competencia no significa ni hostilidad ni necesariamente conflicto”.

Girado agregó que “hay que tener en cuenta que China maneja su política económica con ciclos más largos, con esquemas de largo plazo. En Estados Unidos, Trump en dos años se va y estarán las discusiones sobre quién debe sucederlo, además están los intereses de los capitales norteamericanos involucrados. No creo que todo esto sea más que fuegos de artificio”.

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