Afuera siempre se ve mejor

Los ojos puestos en el mercado externo

El consumo interno seguirá deprimido por el retroceso de la masa salarial. Si bien la industria y la inversión recuperan terreno, el motor para traccionar la economía será nuevamente el sector externo, beneficiado con altos precios de commodities agrícolas.

Opinan: Jorge Colina – Orlando Ferreres – Matías Rajnerman – Martín Etchegoyen — Fernando Grasso

El índice de producción industrial del mes de marzo mostró, según datos del INDEC, un crecimiento del 32,8%, y un acumulado en el primer trimestre del 12,4. Esto revierte un raid negativo acumulado durante todo 2020, incluso de aquellos meses en los que la pandemia y la cuarentena todavía no habían impactado. El uso de la capacidad instalada durante el mismo mes llegó hasta el 64,5%, el porcentaje más alto desde octubre de 2018 cuando había alcanzado el 64,8%.
Sin embargo, del otro lado, el consumo de bienes comenzó a dar señales de agotamiento en aquellos sectores que, durante 2020, habían transitado el pico de la pandemia con cierta robustez. Los supermercados, por ejemplo, exhibieron una caída en su facturación real del 8,8% y los autoservicios mayoristas, del 7%. Las ventas en supermercados habían crecido un 9,5% en el mismo mes del año anterior con relación a 2019.

Repuntes dispersos

Pero a la hora de desglosar por sectores cada uno de los informes se destaca una enorme dispersión tanto, desde el punto de vista del consumo como desde la producción industrial. Por caso, el informe sobre maquinaría agrícola del primer trimestre exhibe un crecimiento del 93,4% con relación al mismo período del año anterior traccionado, claro, por el desempeño del sector agropecuario.
El índice de producción industrial, que creció un 12,4% en el primer trimestre, llegó al 42% en el ítem maquinaria y equipo, al 37,5% en otros equipamientos, al 39,2% en productos minerales y al 31,3% en la industria automotriz. Pero exhibió un retroceso del 4,4% en el sector petrolero y una suba de, apenas, el 2,4% en químicos, y del orden del 4% en tabaco y productos de madera y papel.
Esa dispersión se verifica también en el uso de la capacidad instalada de marzo que, dependiendo el sector, va desde un 50% hasta un 80%.
El Estimador mensual de actividad económica, además, arrojó una suba del 11,4% en marzo, aunque creció un 59,2% para la pesca, y un 44,1% para la construcción. Mientras, en el otro extremo, registró una caída del 22,3% para hoteles y restaurantes con relación al mes de marzo de 2020, cuando ya había retrocedido un 35% comparado con 2019.
Pero, además, la segunda ola de la pandemia y las restricciones plantean una amenaza cierta sobre los sectores que empezaban a mostrar una recuperación. Los analistas coinciden en que, el mercado interno no será capaz de traccionar una recuperación ya que la capacidad de consumo de la población se encuentra en peores condiciones que el año pasado, tanto por la caída del salario real y la masa salarial, como por el adelanto en el consumo de bienes registrada durante los primeros meses de cuarentena de 2020. Por eso, aseguran que el motor de la economía habrá que buscarlo en el sector externo a partir de la producción agrícola y la tracción sobre su cadena de valor.

El escenario actual

Nuevos Bancos y Seguros recogió la opinión de diversos economistas enfocadas en las condiciones del mercado interno, los cambios en el comportamiento del consumo y su impacto en los distintos sectores de la producción.
Jorge Colina, director del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), señaló que el consumo cayó en marzo en supermercados y electrodomésticos: “La producción, que se venía recuperando en los primeros tres meses de este año luego del confinamiento de 2020, se acható. En realidad, nunca terminó de recuperarse y, además, no hay perspectiva de que vaya a recuperar el nivel del año pasado”.
Por su parte, Orlando Ferreres, de OF & Asociados, señaló: “Los informes de consumo del INDEC ya muestran bastantes problemas, pero salió un trabajo de FIEL sobre producción industrial que dice que, con respecto a abril del año pasado, la industria tuvo un crecimiento del 60,4% en volumen físico y de un 2,3% entre marzo y abril. Es posible que la nueva cuarentena de mayo haya provocado cierta caída en el consumo, pero, por ejemplo, la actividad industrial, según nuestro informe, da un 49% arriba, si se comparan abril de 2021 y de 2020”.
Desde el punto de vista de Matías Rajnerman, economista jefe de Ecolatina, por ahora al Gobierno le está dando buenos resultados al sostener la actividad industrial. “Así lo reflejan los números, aunque empieza a verse un problema por el lado del consumo. El año pasado el consumo estuvo por encima del EMAE pero este año es inevitable que no sea de la misma manera”, añadió.
Desde la Consultora EGC, uno de sus socios líderes, Martín Etchegoyen recordó: “La industria el año pasado cayó un 7,6% sobre la base de un derrumbe en marzo y abril, que llegó al 24%. Pero a partir de junio empezó a levantar para terminar el año con una caída del 7%. Dentro de todo a la industria no le pegó tan fuerte como al resto de la economía que cayó un 10%”. Etchegoyen destacó las “caídas muy fuertes en comercio y servicios”. Aunque explicó: “Una parte importante del impulso en la industria tuvo que ver con un cambio en la pauta de consumo. La gente cambió el gasto en servicios por consumo de bienes, reemplazó turismo por electrodomésticos y, además, la imposibilidad de comprar dólares oficiales hizo que otros sectores se motorizaran como, por ejemplo, la construcción y, en alguna medida, autos y motos, que también se beneficiaron por la falta de transporte. A esto hay que agregarle las dificultades para importar durante el año pasado, que tuvieron un impacto favorable en la demanda interna y sobre la producción. Son un conjunto de factores que hicieron que muchos sectores industriales tuvieran performance bastante buenas, por lo menos con respecto a lo que era la perspectiva a priori”.
Fernando Grasso –socio en EGC y, al igual que Etchegoyen, ex secretario de Industria– aclaró: “Está todo muy distorsionado por la pandemia y otras condiciones que impuso la macroeconomía. Frente a este escenario hay que tener en cuenta que, más allá de los dígitos de la recuperación de la industria, la comparación es con relación a un mes que fue la nada misma”. Con todo, señaló que es importante mirar otros indicadores con relación a los bienes de capital porque reflejan los ciclos de mediano plazo. Sin embargo, admitió: “Pero también es a partir de un punto de comparación bajísimo. Estamos en mínimos a nivel histórico de los últimos 30 años. Vamos a ver datos positivos este año que tienen que ver con una recuperación con relación al punto anterior que ya era bajo. Además hay dudas que se presentan a mediano plazo en términos de externalidades para la inversión”.
Para Rajnerman, “esta segunda ola va a repetir y profundizar el patrón de la primera en el sentido de que el impacto se va a sentir en particular en el sector de servicios, como hoteles y restaurantes, que van a estar muy complicados, aunque está claro que la construcción viene bien, el comercio también y la industria va a seguir bien”.
Con todo, Ferreres señaló: “La situación de ahora es peor que la de hace un mes por la nueva situación que planteó la pandemia, que llegó incluso a generar fuertes controles policiales y permisos para ir a cualquier lado. Eso hace que nosotros, que habíamos planteado este año un aumento del PBI del 8% y que luego bajamos al 7%, ahora, frente a las nuevas medidas restrictivas, lo bajáramos a 5,8%”.
Grasso, en la misma línea, señaló: “Más allá de la construcción que se sostiene en la obra pública, la inversión sigue muy baja. Está marcando que, con un nivel de recuperación importante, estás en un nivel muy bajo con relación al histórico de la Argentina y mucho más con relación al punto más alto de los últimos años que fue 2017. Todavía está alrededor de 15 puntos por debajo de esos valores. Es una manera de poner en perspectiva esos datos”.
Para Ferreres, por eso, el Gobierno podrá mostrar un aumento de la producción industrial con respecto al mismo período del año pasado, considerando que habían sido meses de mucha pandemia y de casi nula actividad. Remarcó: “No hubo aumento en automotrices y otros sectores que ahora dieron aumentos muy importantes. Menos aumento dieron alimentos y bebidas y tabaco porque el año pasado, si bien habían caído, no lo habían hecho tanto como el resto. La apreciación nuestra es que se está viendo una baja en la actividad desestacionalizada de un mes con otro, pero de gran aumento interanual”.

Los sectores clave

¿Cuáles serán los sectores a los que el Gobierno podrá apostar para traccionar la economía en lo que resta del año? Como señaló Etchegoyen, que también fue director ejecutivo de la Unión Industrial Argentina (UIA): “El sector agropecuario ya tracciona muy fuerte la venta de maquinaria agrícola. Los productores tienen entregas para dentro de seis o siete meses”. Hacia adelante, explicó, “hay que ver tres factores: qué va a pasar con la pandemia, cómo va evolucionar la macroeconomía y cómo van a operar esos elementos que dieron dinamismo el año pasado”.
En ese punto, adelantó: “Algunos factores que motorizaron la demanda el año pasado se van a mantener. Seguramente los que tengan que ver con la brecha cambiaria que va a seguir alta, porque no creo que haya modificaciones sustanciales del tipo de cambio oficial. Los otros factores tengo un poco más de dudas. La construcción está moviéndose fuerte todavía pero hay que ver hasta qué punto se van a mantener dinámicos otros sectores”. Es que, explicó, “el año pasado hubo un adelanto de consumo, pero no estoy seguro de que este año siga impulsando la demanda; y no veo una recuperación de la industria muy fuerte para el año 2021”.
Para Ferreres, no hay ningún sector que sea la clave exclusiva: “Hay varios sectores que tienen que ver con la apertura de las actividades como los viajes. Si se mantiene la demanda en el consumo, que es permanente y, a su vez, el Gobierno ayuda para que se mantenga ese consumo ordinario de todos los días, por ese lado puede ir la cosa”.
Colina, destacó: “Obviamente el campo se recuperó e incluso produce más que el año pasado. La industria mostró que se recuperó con relación al confinamiento pero no desde que empezó la crisis en 2018. Es decir, no se recuperó de la crisis cambiaria. El sector de servicios está hundido. En particular el sector hotelero y gastronómico. Pero hay situaciones muy diversas, otros sectores están muy por arriba cómo las comunicaciones y las tecnológicas porque se intensificó el sector”.
Para Grasso, “las exportaciones están en un contexto favorable por el bajo costo argentino pero tenemos poco empleo y los principales socios de la Argentina no están reaccionando de manera relevante”. Según cree, lo único que sostiene los valores de exportación son las commodities, porque la producción industrial de Brasil, en los últimos dos meses, cayó.

La masa salarial no empuja

Sobre la situación de los salarios, Colina aseguró: “Sin duda, la caída del consumo en supermercados y electrodomésticos refleja la caída del salario real. Incluso el formal estuvo un 15% abajo y el universo de informales también. Pero además hay un millón de trabajadores informales que salieron del mercado laboral por el confinamiento del año pasado y no volvieron a la actividad. Están en sus casas sostenidos por la asistencia social que, además, no se ajusta por inflación. Desde octubre que la inflación es del 4% mensual y eso es devastador para un ingreso fijo”.
En la misma línea, Grasso explicó: “Es muy difícil pensar en un crecimiento industrial en un contexto macroeconómico como en el que estamos. El PBI se compone en la Argentina por un 75% por consumo interno. El resto es inversión y exportaciones. Los altos ciclos de producción y consumo están determinados por el proceso de revalorización de la masa salarial, tanto por el nivel de empleo como por la tasa de actividad y, en general, por el aumento del poder adquisitivo en dólares. A la hora de encontrar un poder adquisitivo en dólares como el actual, más o menos, hay que remontarse a 2004. Desde el punto de vista del consumo estamos cada vez peor y se ve reflejado en los niveles de producción. En la masa salarial, o sea medido en términos de cantidad, los niveles de empleo tiran para abajo la producción”.
Ferreres, recordó que, a principios de año esperaban una suba del salario real entre enero y diciembre pero una caída en el promedio del año. Explicó: “Con los aumentos que hay hasta ahora basados en el pronóstico de inflación que indica el presupuesto del 29% más algunos puntos, están dando 35% y, con algunos aumentos retroactivos, llegan hasta el 42% en promedio. Pero la inflación va a ser más alta, va a estar cerca del 50%, entonces habrá una caída en el promedio de enero a diciembre bastante fuerte. Puede haber un aumento especial para las elecciones que, a lo mejor, puede generar un aumento entre enero y diciembre del salario real”.
Rajnerman, tajante, coincidió: “En el promedio, este año, el salario va a estar muy complicado y va a volver a perder con la inflación”. Para Etchegoyen, sin embargo, va haber una recuperación del salario, pero va a ser mínima, tomando en cuenta que el año pasado el salario se derrumbó. Su socio, Grasso, señaló: “La estructura salarial en la Argentina se mueve cada vez de manera más diferente. Desde un operario sindicalizado del sector industrial con convenio de trabajo pasando por un empleado administrativo fuera de convenio, un autónomo, un empleado en negro y hasta la parte informal de la economía con asistencia social, estamos en una situación de precarización del salario que tiene mucha incidencia. No hay chance de que esos sectores recuperen salario”.
Además, completó Etchegoyen, hay una inmensa caída de la masa salarial que no se va a recuperar: “Por más que recuperen una parte del salario real los sindicalizados formales hay una enorme pérdida del empleo y un aumento de precarización que va a hacer que la masa salarial sea menor. En el agregado está perdido”.
Colina insistió en que puede haber una recuperación salarial, aunque desde 2018 la dinámica del salario real es de una caída constante. “Se va a mantener hacia adelante porque, sin actividad económica, no se puede mejorar el salario. Con una inflación del 4% mensual que puede ser superior es imposible que el salario le gane a la inflación. Si la economía no tracciona la producción y la inflación es creciente, el salario siempre va a ir por atrás”, sostuvo.
Grasso, por su parte, destacó que los sectores que tienen mayor poder adquisitivo, como los camioneros o los bancarios, y el resto los sectores industriales van a tener un alto incremento de los salarios porque muchos se atrasaron en las paritarias del año pasado. “Por eso, están cerrando paritarias que van a llegar como al 45%. Ahí empiezan a jugar los escenarios de inflación. Una cosa es el 29% que plantea el Gobierno en el presupuesto y otra el de más de 40% que ya se está visualizando, y otros más catastróficos que marcan hasta un 55%. En el mejor de los casos, habrá un sostenimiento del salario real más que una recuperación. Con esos escenarios no va a haber una mejora del poder adquisitivo pero sí un aumento de salario en dólares porque el tipo de cambio oficial apunta a mantenerse. O sea una suba del costo laboral en dólares sin una mejora del poder adquisitivo en pesos. Son ciclos muy perniciosos en Argentina y, en general, terminan en una gran devaluación”, detalló.

Sectores que rebotan

A la hora de identificar los sectores que van a rebotar y subsistir, los economistas pusieron el foco especialmente en la cadena de agregación de valor del sector agropecuario. Según Etchegoyen va a depender de lo que pase con respecto al consumo. “En materia de exportaciones el sector agropecuario va a mantener niveles altos porque los precios, por la debilidad del dólar, se van a mantener arriba. Por eso, todo lo que va asociado a la producción del sector agropecuario como la maquinaria agrícola y los fertilizantes van a andar muy bien. Posiblemente construcción siga alto y, si Brasil levanta, puede haber una oportunidad de crecimiento sobre todo en el sector automotriz. No veo otro sector”, analizó.
Sin embargo, para Grasso, hay que diferenciar 2021 con una mirada de más largo alcance. Aunque coincidió en algunos aspectos sobre los sectores que se recuperarán: “Va a andar bien el campo, que tracciona a los sectores químico, metalmecánica y acero. Veo una recuperación bastante generalizada con puntos altos en construcción y el sector agropecuario”. Y, a largo plazo, sostuvo: “Cuando miras a largo plazo es donde aparecen mayores dudas, porque las oportunidades para los sectores conceptualmente son muchas pero el problema es lo que hagamos como país en términos de señales de estabilidad y reglas del juego que generen ciertas certezas. Es ahí, lamentablemente, donde no veo una claridad con respecto al futuro de la Argentina”.
Ferreres coincidió en la centralidad del agro aunque, aclaró, que las condiciones internacionales están siendo menos beneficiosas: “Por ejemplo, la soja llegó a 630 dólares y ahora está 508 dólares para dentro de tres meses. Esos valores son un precio excelente igual, pero el maíz también está aflojando. El campo va a mantener su actividad y va a ser uno de los sectores que más van a traccionar la economía de este año porque la industria está subiendo. Sin embargo, depende de la caída del año pasado y no de una subida de la demanda porque el consumo está más o menos en los niveles previos a la pandemia”.
Colina también destacó la importancia del campo con sector clave, aunque lo ve perjudicado con la prohibición de exportar carne. “La industria se recupera de la mano del campo. Mucho del aumento de la industria es la molienda de soja y otros granos”, opinó.
Ferreres, a su vez, destacó: “Lo que sí vimos es que creció mucho la inversión bruta interna fija que aumentó un 49% desde marzo del año pasado. Estamos notando que hay cierto interés en comprar empresas siempre y cuando el precio sea bajo. En el estudio tenemos procesos en fase de due dilligence. En general, la inversión bruta se destaca en sectores de servicios ligados a Internet y telefonía y hay también mucha demanda de maquinaria agrícola”.

¿Mercado interno frente a sector externo?

La prohibición de exportación de carne que resolvió el gobierno en función de intentar desacoplar los precios internacionales de los locales puso de manifiesto, otra vez, el desequilibrio estructural entre las necesidades del mercado interno y la potencialidad de las exportaciones.
Matías Rajnerman opinó: “Si bien el impacto de los precios internacionales hizo que los precios subieran bastante en el mercado interno, la decisión la tomaron más bien con el objetivo de negociar que con el de limitar las exportaciones. No fue una buena medida ni una solución. Es un error que tiene que ver con la voluntad del Gobierno de bajar la inflación rápido. Chocan los tiempos económicos con los tiempos políticos y electorales. La economía tiene determinados plazos y dinámicas y, a veces, la política los quiere alterar. Es cierto que la política está para alterar lo que dicta el libre mercado pero hay veces que lo pueda hacer y hay veces que no”.
La perspectiva de Jorge Colina es que la tensión que existe entre el mercado externo y el mercado interno en el precio de la carne tiene una salida: más comercio exterior. “Uruguay es el primer exportador de carne per cápita del mundo. Exportan carne premium a Asia y Estados Unidos. Incluso a Japón y Corea, que son mercados muy exigentes. En 2019 la carne en Uruguay se fue a las nubes. La inflación era del 8% y la carne subió un 35%. El asado un 46% y otros cortes llegaron al 65%. Lo que hicieron los uruguayos fue abrir la importación de cortes populares desde Brasil y Paraguay. Multiplicaron por seis las importaciones y mantuvieron las exportaciones. En el 2020 la carne tuvo una deflación del 4%. Prohibir las exportaciones es una receta vieja que está demostrado que no funciona”, comparó.

Mercado internacional

Los economistas coincidieron en que, la estrategia de desarrollo deberá forzosamente orientarse hacia las exportaciones. Matías Rajnerman señaló: “El cuadro internacional está ayudando porque la gran mayoría de las exportaciones es de bienes y los problemas están por el lado de los servicios. El mercado internacional, tanto por cantidades como por precios, nos está ayudando por el lado del campo pero también por el lado de la industria”.
Según Colina existen dos motivos para aprovechar la oportunidad de exportar: “Lo principal es el alto precio de la soja que se produce por sequías en los Estados Unidos. Si baja, no se va a ir al piso y seguirá siendo un precio razonable. El segundo es la carne, porque los chinos en 2019, por una infección, tuvieron que matar a todos los cerdos y empezaron a importar carne de vaca. Eso hizo que subiera el precio internacional. Argentina ahora quiere salir del mercado chino justo cuando China más demanda carne. El mercado externo da una gran oportunidad, pero internamente nos negamos a verlo”. Además, aclaró: “la soja y la vaca son sólo una parte del campo. La otra parte es industria porque la soja se procesa como aceite de soja y la vaca, una vez que la mataron, va la industria frigorífica que hace los cortes y el empaquetamiento. No es sólo campo, es la industria que está exportando valor agregado”.
Para Jorge Colina, en definitiva, “el mercado externo es la salvación cosa que los argentinos tozudamente nos negamos a entender”. Y para finalizar, resumió la situación: “Con el mercado interno siempre vamos a vivir el estancamiento. Los países prosperan sobre la base de sus exportaciones, incluso durante la pandemia. Si uno exporta sostenidamente, el mercado interno se forma. Una economía cerrada basada en el mercado interno sin dólares no funciona, la industria necesita dólares para moverse porque necesita insumos”.