Bitcoin: No debe ser ignorado por bancos II

Informe: segunda parte

Las monedas virtuales comienzan a interponerse con los tradicionales sistemas de pago ejecutados por los bancos y los administradores de tarjetas. En la serie de artículos que se completa en esta edición se analiza la amenaza que plantean a un sistema financiero que hoy se encuentra en plena crisis de crecimiento o de transformación.

La rapidez y el menor costo que genera la expansión del bitcoin son la puntas de lanza que están irrumpiendo en el segmento minorista, en el cual tienen una especial significación las remesas de los emigrados que envían dinero a sus países de origen. Por caso, una transferencia transfronteriza puede concretarse en el día a un precio menor a la mitad de lo que cuestan los métodos de envío actuales. Además, abren la posibilidad de los micropagos, los cuales resultan prohibitivos ante las comisiones mínimas usuales aplicables. Ellos, por lo tanto, facilitan enormemente la inclusión financiera, al proveer una alternativa distinta a aquellos que cultural, social o geográficamente no son alcanzados por la bancarización.


Pero no sólo este segmento se encuentra en expansión. Incluso en nuestro país ahora es posible utilizar este medio de pago para adquirir el ticket de un recital, reservar una habitación en un hotel, ingresar a un préstamo colaborativo o a un start up, tomar un café, conseguir videojuegos o música. Incluso es posible obtener una línea de crédito sin cargos de mantenimiento y a una tasa menor a las tradicionales, con la opción de cancelación con pago al contado o en cuotas, tal como lo ofrece un emprendimiento local de compraventa de bitcoins.

Otras ventajas adicionales se encuentran en el área de la seguridad. El riesgo de rechazo es inexistente por cuanto, una vez lanzada la orden, la transferencia se concretará irreversiblemente. Restablecer la situación original es imposible, ya que ninguna contingencia o reparo puede entorpecer el cumplimiento de las órdenes cursadas, tal como puede suceder en los sistemas tradicionales.

También son eliminadas las preocupaciones por los perjuicios derivados de fraudes transaccionales o identificatorios, lo que lleva a considerar al bitcoin como una alternativa válida e inmune en cuanto a la certeza, confianza y protección que de modo obligado deben resguardar cualquier envío de fondos. Esto en lo que se refiere al phishing u otros artilugios de la ingeniería social para acceder a datos confidenciales. Es que debe tenerse en cuenta que estas órdenes de pago digitales no incluyen información sobre los datos personales de los participantes, lo cual elimina radicalmente la posibilidad de robo de identidad.

Sin embargo, no todos los vientos son favorables para la moneda virtual. Los críticos han detectado varias desventajas. Por ejemplo, aún no se han podido dejar atrás las fluctuaciones de su cotización. Es que el universo de participantes, si bien en crecimiento, es aún pequeño, lo que determina que cualquier factor, ya sea inducido o fortuito, acentúa notoriamente la volatilidad.

Pero la principal objeción se refiere al anonimato y secreto que caracterizan cada operación, lo que la desprotege ante cualquier reclamo judicial. En efecto, les imposible conocer la identidad de los intervinientes, es decir, que la transacción no puede ser rastreada y la ausencia de un registro y control por parte de un supervisor institucionalizado convierten al bitcoin en un vehículo apreciado para canalizar por su intermedio fondos originados en actividades criminales. Se dice, por ejemplo, que el califato ISIS ha recurrido a esta práctica para evitar el rastreo de sus movimientos de fondos.

Esta prevención no sólo se refiere al lavado de activos y al terrorismo sino que, ante la creciente tendencia que reniega de los billetes de alta denominación, que facilitan los traspasos ilícitos de dinero en efectivo, hay quienes ven el sustituto ideal en esta moneda digital.

Por otra parte, sin bien se han detectado pocos casos, el bitcoin no ha logrado una inmunidad total ante la acción de los hackers, aunque los blancos preferidos son los exchanges en vez de las transacciones o los usuarios.

Más allá de estas cuestiones, el escollo principal a ser superado es la incertidumbre que surge de la falta de una tipificación legal y de regulación de este medio de pago, aunque, paradójicamente, resolverla cuestionaría la misma esencia de su inmaterialidad.

El enfoque regulatorio dista de ser uniforme. Para algunos países, se lo considera una divisa sujeta a requisitos similares a los de cualquier otra, en cambio, para otros se trata de un activo o un bien. Y también están quienes lo ignoran o niegan directamente su existencia, prohibiendo su tenencia y negociación.

De estas discrepancias resulta la imposibilidad de obtener una definición que enmarque al bitcoin. Esta es una cuestión fundamental pues, aunque se advierten esfuerzos en este sentido, aún no se ha logrado un acuerdo. En especial, importa el enfoque fiscal con que se lo caracterice, del cual derivará la consecuente carga impositiva o el otorgamiento de la licencia y autorización para funcionar concedida a los exchanges por una autoridad supervisora formal.

“El sistema financiero mundial, en particular los grandes bancos sistémicos, está siguiendo de cerca el crecimiento del bitcoin. Es que, además de evaluar las eventuales posibilidades que ofrece, comienzan a advertir que puede ser el activo subyacente o el bien transable del que pueden derivar nuevas oportunidades de inversión o de negocios”.

Bajo la mirada atenta de los grandes bancos internacionales

El sistema financiero mundial, en particular los grandes bancos sistémicos, está siguiendo de cerca el crecimiento del bitcoin, la actividad de los exchanges y los intentos regulatorios que desarrollan varios países. Es que, además de evaluar las eventuales posibilidades que ofrece este canal alternativo de pagos, comienzan a advertir que puede ser el activo subyacente o el bien transable del que pueden derivar nuevas oportunidades de inversión o de negocios. Es decir, le ven potencialidad para convertirlo en un producto derivado o en un commodity.

Un banco con sede en Munich, el Fidor Bank, ya ofrece este servicio de transferencias a sus clientes y también a otras entidades financieras, aunque sin dudas, colisionará con la renuencia a utilizarlo con que diversos países se previenen de sus riesgos inherentes.

El sistema bancario aún no ha tomado una posición definitiva, salvo algunos intentos aislados para utilizar el medio de pago subsidiariamente, como un instrumento compensador de operaciones internas o como un canal que permita soslayar a SWIFT.

Mientras tanto, se ha abierto un debate, aún sin conclusiones a la vista, que es la prueba fehaciente de la vigencia actual y de las posibilidades futuras del bitcoin. Tiene que ver con la dificultad que enfrenta actualmente, a partir de que la expansión de la red y la mayor cantidad de usuarios y consecuentemente de transacciones están originando un congestionamiento en el tráfico operativo que traba su crecimiento. Literalmente, se está ahogando en su mismo éxito. Con la configuración actual, sólo se pueden emitir hasta el tope máximo de 21 millones de unidades monetarias, fijado para completarlo en el año 2040. Dichas unidades son operadas y asentadas a través de un registro contable, conocido como blockchain, que se encuentra limitado por la extensión del código de cada unidad de la moneda.

Para superar este escollo, aunque con fuerte resistencia por parte de quienes se oponen al cambio, se propugnan alternativas como Bitcoin XT o Bitcoin Classic, que permitirían administrar eficientemente el auge actual. Una solución alternativa podría provenir del desarrollo de la tecnología de los blockchain o de competidores como CORDA. Ya hay quienes vienen trabajando en este sentido. Por ejemplo, el Nasdaq y algunas entidades han implementado algunos proyectos para registrar y negociar títulos valores o productos derivados, eliminar las actuales cámaras compensadoras o resguardar documentos personales y actas notariales.

Teniendo en cuenta todo esto, resulta evidente que ninguna entidad financiera puede permanecer ajena a este nuevo desafío.

Este artículo fue elaborado por Consultores Bancarios Asociados
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