Blockchain, más allá de la nube II

Informe: Segunda parte

Tras una resistencia inicial, las entidades financieras vienen adoptando esta tecnología para transformar su negocio. En el artículo que se completa con esta edición, se analiza cómo ha evolucionado esta alternativa, soporte del bitcoin, en los últimos años y qué uso comienzan a darle los bancos.

Hasta el momento, el aporte fundamental del bitcoin fue la mayor comprensión de sus características y mecanismos operativos, lo que abrió la posibilidad de aplicar este nuevo enfoque no sólo a la creación de dinero digital, sino también a otras áreas operativas y de negocios.

Si bien inicialmente los grandes bancos se internaron en este campo tratando de emular al bitcoin y crear una criptomoneda que les permitiera una mayor operatividad interna, actualmente ese objetivo ha quedado atrás o sólo es un producto marginal de la verdadera meta que hoy pretenden alcanzar.

En la avanzada están los que han tomado nota del potencial de esta herramienta como medio de pago, aunque el verdadero hallazgo se encuentra en otros proyectos que recurren a la misma tecnología. Así, abrieron el camino el citicoin del Citibank y el SETLcoin de Goldman Sachs. A ellos se ha sumado un grupo formado por Santander, Deutsche Bank, UBS y Bank of New York Mellon, que se han unido para impulsar la moneda digital denominada utility settlement coin (USC), que tiene como objetivo facilitar pagos y liquidaciones en forma eficiente, rápida y segura.

Por su parte, algunos de esos bancos, junto con Westpac, Bank of America y Royal Bank of Canada, integran el Global Payment Steering Group, encargado de crear reglas comunes para las transferencias internacionales inmediatas.

En otros proyectos grupales relacionados con distintas áreas operativas, entre ellos el R3, intervienen el australiano ANZ y los estadounidenses State Street y JPMorgan. La investigación en el área de comercio exterior es liderada por el DBS de Indonesia, Bank of America y Standard Chartered, que proponen un revolucionario trámite para las cartas de crédito.

La lista podría seguir, en especial si agregamos los proyectos iniciados por las empresas de servicios tecnológicos como IBM, Linux, Infosys o Clearmatics. Es evidente que estos pesos pesados han advertido posibilidades de tal magnitud en esta nueva tecnología que los han obligado a considerarla seriamente. Todos esperan poder concluir con sus investigaciones y pruebas para fines del año 2017, plazo en el que ya habrán superado algunos de los principales escollos, como la falta de regulaciones en esta materia y la necesidad de crear patrones uniformes que coordinen las distintas iniciativas particulares. Este último punto es fundamental. De lo contrario, inevitablemente se producirá una incompatibilidad entre los enfoques que se puedan adoptar, lo cual dificultará su utilización masiva y el aprovechamiento de toda la potencialidad de la tecnología blockchain en la operativa cotidiana.

Con el uso de esta tecnología, se reducirá el costo operativo de las back offices que procesan y registran las operaciones, tanto propias como las que se cruzan las diversas entidades entre sí e incluso con los bancos centrales. Para las entidades, la cadena de bloques se presenta como un estadio superior al que ofrece la nube, sin ninguna de sus desventajas y con numerosos beneficios que recién se están comenzando a explorar.

Se sostiene que su principal ventaja reside en su inviolabilidad, asegurada por la estructura del registro, aunque hay quienes entienden que ningún resguardo es totalmente inmune a una irrupción ilícita, ya que sólo hay grados de dificultad para penetrarlo. La experiencia dirá cual profecía es la acertada. Otra ventaja reside en la posibilidad de permitir accesos a distintos niveles. A diferencia del bitcoin, donde el secreto y el anonimato son esenciales, aquí se puede limitar el acceso a un grupo de participantes, quedando la base disponible para los fines de control de auditores o supervisores.

Un futuro posible para el blockchain.

Al momento, una recopilación de las aplicaciones ya operativas o de los ensayos muestra que el blockchlain es utilizado para asentar y registrar las transacciones con valores negociables, en particular aquellas sin garantía o contrapartida central, al reducir el lapso de liquidación y el consiguiente riesgo de crédito, consideración que consume significativas porciones del tan esquivo capital regulatorio. Además, ofrece una constancia digital blindada contra cualquier tipo de fraude o pérdida de cualquier documento: una constancia de dominio junto con un detalle completo de los titulares anteriores.

Se trata de un verdadero notariado digital que permite autenticar las bases de datos y las firmas que las validan. Puede ser utilizado en los contratos autoejecutables, es decir aquellos en los que un suceso, como un pago o un incumplimiento, dispara la ejecución de una acción predeterminada.

Ya algunas entidades compensadoras y liquidadoras recurren a esta alternativa, pues les permite guardar registro de cada operación y de los resultados, transacciones y tenencias de cada comitente.

También facilita el mantenimiento de bases de datos contables y generales, tales como centrales de balance o registros estadísticos.

En definitiva, el blockchain puede ser un factor revolucionario que transforme los sistemas y procedimientos con que hoy las transacciones financieras son registradas, liquidadas, conciliadas e informadas. Incluso, hay quienes van más allá y auguran la desaparición de los data centers, al menos en su configuración actual, pues serían reemplazados por una nube pública totalmente confiable.

Pero también puede que no lo sea, si fracasa el intento de lograr un estándar que unifique y compatibilice los resultados de los distintos emprendimientos que, al menos por el momento, están desarrollando aisladamente varios bancos y proveedores tecnológicos. Sólo así se logrará reunir una masa de usuarios que haga viable y útil esta nueva tecnología de registración.

Por lo tanto, el principal y más desafiante escollo a superar es el desarrollo de estándares que compatibilicen e integren distintos tipos de operaciones y registros en un cuerpo regulatorio común. El otro, y no menos desdeñable, es aumentar la velocidad de las transacciones, que hoy no resiste la comparación con cualquier administradora de pagos.

Si todo marcha de acuerdo a las expectativas actuales y se eliminan las trabas ya conocidas y las que vayan surgiendo a medida que avance el proyecto, es previsible arribar a una plena operatividad en el plazo de un par de años posteriores a 2017.

En ese momento se comprobará si el propósito se ha cumplido o si todo se reducirá a desarrollos efectivos pero de alcance limitado.

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