Brasil: la economía empieza a recuperarse

Jorge Vasconcelos

• Una serie de cambios de gabinete, la forma en que se resolvió la crisis en el seno de las Fuerzas Armadas y los proyectos de ley que comienzan a discutirse en el Congreso, muestran que el gobierno de Bolsonaro apunta a intentar neutralizar el impacto político del “factor Lula” fortaleciendo su alianza con los partidos de centro. Y, pese a los flancos débiles que ofrece el gobierno, particularmente en el manejo sanitario, tampoco se ha apreciado una radicalización del discurso de Lula
• Cuando se conoció que la justicia brasileña había levantado las restricciones para que Lula compitiera en el plano electoral, en la segunda semana de marzo, la Bolsa de San Pablo retrocedió. Sin embargo, después se recuperó y el Bovespa en dólares está 13,3
% arriba del valor de principios de marzo. En cierto modo, el mercado está “comprando” la idea de un país más “corrido hacia el centro”, pero esta percepción se revisa todos los días
• Las posturas de ambos líderes no resultan tan predecibles, en función de lo que necesita la todavía frágil economía brasileña, por lo que el factor político, de aquí a las elecciones del año próximo, habrá de condicionar la evolución de las principales variables
• Sin olvidar el balance sombrío que arroja el fallecimiento de 390 mil personas por covid, la dinámica de las últimas semanas alimenta las chances de un mejor equilibrio entre salud y economía. El ritmo de vacunaciones subió en Brasil a 3400 nuevas dosis/día cada millón de habitantes, mientras los nuevos casos de covid desaceleraron hasta 267 cada millón de habitantes (la mitad del guarismo de la Argentina)
• La mejora de las cuentas fiscales, el impacto positivo de los términos de intercambio, un retorno moderado de capitales al país, una inflación que se contiene y permite cierta recuperación del consumo, junto con el incremento sostenido del crédito, configuran un combo que permitiría que la recuperación del PIB en 2021 se ubique por encima del 3 % anual, en lugar del tímido 2 % que se proyectaba meses atrás
• El 35 % de las exportaciones de Brasil está compuesto por soja, hierro, maíz y petróleo, por lo que las ventas totales al exterior pasarían de 210 mil millones de dólares en 2020 a 255 mil millones en 2021. Cabe recordar que en el vecino país esos flujos no pagan impuestos (“retenciones”), por lo que este fenómeno, a su vez, está dinamizando la Inversión Extranjera Directa (IED)

• Los préstamos de la banca privada están aumentando al 21 % interanual. Aun cuando la tasa de interés de referencia (Selic) llegue a 5,5 % anual a fin de 2021, en términos reales la política monetaria habrá de conservar sesgo expansivo

Con la justicia habilitando al ex presidente Lula a competir nuevamente en el plano electoral, las alianzas y la agenda política de Brasil han comenzado a resetearse. Si bien es temprano para extraer conclusiones terminantes, en el plano económico hay señales de un posible corrimiento hacia el centro de las posturas tanto del gobierno conducido por Bolsonaro como de la franja de la oposición liderada por el principal dirigente del PT. Una serie de cambios de gabinete, la forma en que se resolvió una crisis en el seno de las Fuerzas Armadas y los proyectos de ley que comienzan a discutirse en el Congreso, muestran que el gobierno de Bolsonaro apunta a intentar neutralizar el impacto político del “factor Lula” fortaleciendo su alianza con los partidos de centro, antes que apelar simplemente a la confrontación discursiva. Y, pese a los flancos débiles que ofrece el gobierno de Bolsonaro, particularmente en el manejo sanitario de la pandemia, tampoco se ha apreciado una radicalización del discurso de Lula. Más bien lo contrario. Sin embargo, las posturas de ambos líderes no resultan tan predecibles, en función de lo que necesita la todavía frágil economía brasileña, por lo que el factor político, de aquí a las elecciones del año próximo, habrá de condicionar la evolución de las principales variables.
Luego de un impacto inicial negativo en la segunda semana de marzo, cuando se conoció que la justicia brasileña había levantado las restricciones para que Lula compitiera en el plano electoral, la Bolsa de San Pablo se recuperó y, de hecho, el Bovespa en dólares está 13,3 % arriba del valor de principios de marzo. En cierto modo, el mercado está “comprando” la idea de un país más “corrido hacia el centro”, pero esta percepción se revisa todos los días. Está latente el riesgo (aunque quizá no sea inmediato) de que la campaña electoral, en lugar de un escenario para discutir qué políticas habrán de prevalecer en el próximo mandato presidencial, termine siendo simplemente una apelación a votar contra uno u otro candidato.

Evolución del Bovespa, medido en dólares

(antes y después del fallo judicial que favoreció a Lula)

Evolución del Bovespa

Fuente: IERAL de Fundación Mediterránea

La fragmentación política es una característica de Brasil, con una veintena de partidos con representación parlamentaria, ninguno de los cuales concentra más de 15 % de las bancas del Congreso. Hay legisladores y gobernadores que no pertenecen ni al espacio político de Lula ni al de Bolsonaro, que podrían ser candidatos presidenciales con chances, siempre que pudieran acotar los efectos de la polarización electoral.
Aun con esa desventaja en cuanto a atraer la atención del electorado en las presidenciales, ese conglomerado de partidos, la mayoría de centro, es una verdadera fuerza de contención a la hora de esquivar cambios pendulares abruptos en materia legislativa, lo cual podría ser una diferencia importante con la Argentina. De hecho, los líderes parlamentarios están anunciando que la agenda no se habrá de paralizar, y que el tratamiento varias veces postergado de la reforma tributaria y administrativa tendrá lugar en lo que resta de 2021. De todos modos, para que un escenario de estas características se consolide, es clave que Brasil pueda recuperarse en términos económicos y sociales, a medida que la pandemia pueda ser controlada, luego de las tribulaciones de 2020, en las que el gobierno nacional recibió fundadas acusaciones de “negacionismo” por la forma de enfrentarla.
Hay que tener en cuenta que el curso de los acontecimientos sigue siendo materia de controversia, con proyecciones para la variación del PIB de este año que fluctúan entre el 2% y el 4 %, con las consiguientes diferencias en materia de recuperación de los empleos perdidos en 2020.

Sin embargo, en las últimas semanas el panorama en materia de salud ha comenzado a mostrar señales alentadoras, con la influencia que esto tiene sobre las expectativas.
Sin olvidar que el balance es sombrío en términos sanitarios, con 390 mil personas fallecidas por covid, la dinámica de las últimas semanas alimenta las chances de un mejor equilibrio entre salud y economía. El ritmo de vacunaciones se aceleró en forma significativa en los últimos 30 días, para instalar a Brasil en el andarivel promedio de algo más de 3400 nuevas dosis/día cada millón de habitantes, cuando en la Argentina ese guarismo se ubica por debajo de 2700. A su vez, los nuevos casos de covid desaceleraron en Brasil hasta un ritmo de 267 cada millón de habitantes, cuando en la Argentina ese ratio es el doble, de 527 cada millón.
Brasil COVID-19


Fuente: IERAL de Fundación Mediterránea en base a Our World in Data

Argentina COVID-19


Fuente: IERAL de Fundación Mediterránea en base a Our World in Data

De la mano de esa mejora en los indicadores de salud, la reapertura de la economía en los sectores más afectados por el confinamiento empieza a verse como algo no tan lejano (aunque ya se sabe que el cuadro de la pandemia puede deteriorarse en cuestión de semanas).
En paralelo, se despejaron algunos nubarrones que oscurecían el horizonte fiscal, al precisarse los factores que podrían dar lugar a un incumplimiento temporal del techo al gasto público, una norma aprobada en tiempos del ex presidente Temer. Aunque el riesgo del “populismo fiscal” no ha sido plenamente superado, y el equipo del ministro Guedes parece desmembrarse por momentos, al activarse el Presupuesto 2021 respetando esos mecanismos, al menos se fortalecieron los argumentos de aquellos analistas que proyectan cierta estabilización de la deuda pública, luego de la escalada de 54,6 % a 63,0
% del PIB entre 2019 y 2020 (medida en términos netos). Hay ahora mayor consenso respecto que este ratio puede estabilizarse entre 65 y 66 % del PIB de 2021 en adelante, evitando un deterioro adicional de los indicadores de riesgo país.
En la medida en que el “ancla fiscal” recupere credibilidad, se podría alimentar por algún tiempo una especie de “circulo virtuoso”, de la mano de la mejora de los precios de las commodities:
– el 35 % de las exportaciones de Brasil está compuesto por soja, hierro, maíz y petróleo, por lo que se espera que las ventas totales al exterior pasen de 210 mil millones de dólares en 2020 a 255 mil millones en 2021. Cabe recordar que en el vecino país esos flujos no pagan impuestos (“retenciones”), por lo que este

fenómeno, a su vez, podría dinamizar el ritmo de entrada al país de Inversión Extranjera Directa (IED)

De hecho, la cuenta capital del balance de pagos muestra que la IED trepó de 12,6 mil millones de dólares en el primer trimestre de 2020 a 17,7 mil millones en igual período de 2021. Este incremento de casi 5 mil millones de dólares en un trimestre equivale a 1,3 % del PIB en términos anualizados.

– Un cambio de expectativas llevaría también a que los exportadores liquiden un porcentaje mayor de operaciones en el mercado local, un factor que venía jugando en contra, ya que el superávit de caja del comercio exterior fue de sólo 12 mil millones de dólares en los últimos doce meses, cuando el saldo devengado había sido de 43 mil millones. En caso que la liquidación de exportaciones evolucione en espejo con las operaciones efectuadas, esto habrá de implicar un cambio significativo en el mercado de devisas brasileño
En la medida en que oferta y demanda de dólares se estabilice en nuevos parámetros, el real brasileño podría recortar parte de su depreciación contra el dólar estadounidense y, esto contener las expectativas de inflación. Pocos meses atrás, había quienes proyectaban una paridad de 6 reales por dólar hacia fin de 2021, que contrasta con la cotización de 5,40 de las últimas horas. En caso que este círculo virtuoso se pusiera en movimiento, la suba de tasas de interés que el Banco Central ya ha comenzado a ejecutar podría hacer un recorrido más acotado que el que se esperaba, una buena noticia para la demanda de crédito. Obsérvese que los préstamos de la banca privada están creciendo según los últimos datos a un ritmo de 21 % interanual. Aun cuando la tasa de interés de referencia (Selic) llegue a 5,5 % anual a fin de 2021, en términos reales la política monetaria habrá de conservar sesgo expansivo, siendo que, además, el ítem más dinámico del crédito es el hipotecario, con el efecto multiplicador que tiene.
Brasil: evolución del crédito de bancos públicos y privados (variación interanual)

Fuente: Banco Central de Brasil

Así, la mejora de las cuentas fiscales, el impacto positivo de los términos de intercambio, un retorno moderado de capitales al país, una inflación que se contiene y permite cierta recuperación del consumo, junto con el incremento sostenido del crédito, estarían configurando un combo que permitiría que la recuperación del PIB en 2021 se ubique por encima del 3 % anual, en lugar del tímido 2 % que se proyectaba algunos meses atrás. Obviamente, una economía que recupere dinamismo habrá de obligar a los candidatos presidenciales a ser menos disruptivos en este plano, con lo cual se podría potenciar la ganancia en términos de horizonte.