Con disciplina fiscal en 2021 llegará un rebote pero será insuficiente

Economistas pronostican una caída del PBI de 12% en 2020 y un leve crecimiento para el año entrante. Las inversiones y el camino del desarrollo estarán sujetos a las condiciones de una nueva economía basada en la competitividad sistémica.

 

La crisis generada por la pandemia sobre la economía posiblemente no encuentre antecedentes en la historia nacional. Todavía resulta difícil establecer pronósticos definitivos en la medida en que tampoco es posible hacerlo en materia sanitaria. Lo cierto es que las consultoras confiaron que, en agosto decidieron, por primera vez, no corregir sus pronósticos a la baja y, por el contrario, ratificar sus previsiones.

En líneas generales coincidieron en que la economía decrecerá alrededor de un 12% durante el 2020 y que se producirá un rebote del 5% durante el próximo año, pero que no alcanzará para recuperar lo perdido durante este año.

Con todo, los especialistas consultados por NBS Bancos y Seguros coinciden en que toda estrategia de crecimiento sólido deberá partir de una política de consolidación fiscal y apuntalamiento de las pymes capaz de garantizar ese rebote y, más de fondo, de un esfuerzo por avanzar en una competitividad sistémica con foco en las relaciones laborales.

La pandemia y el aislamiento social, preventivo y obligatorio aceleraron procesos que pueden haber aportado las condiciones para una decidida desregulación del mercado laboral que podría ser capaz de aceitar la recuperación del empleo, así como la reconversión general de la economía en detrimento de los sectores improductivos.

 

Pronósticos para 2020 y 2021

El economista y director de la consultora que lleva su nombre, Orlando Ferreres, señaló: “Estamos calculando para este año una caída del 12% al 13% del producto bruto interno (PBI). Por supuesto que la caída principal es la del segundo trimestre, cuando el PBI cayó un 20%. Vemos una recuperación en el segundo trimestre del año que viene. Es importante porque es el último que se va a publicar antes de las elecciones de 2021 y va a dar una suba del 18% contra el 20% de este año”.

Marina Dal Poggetto, directora ejecutiva de la consultora Eco Go, explicó que desde que arrancó la pandemia todos los meses se venían corrigiendo hacia abajo las cifras, tanto agravando el agujero fiscal como el pronóstico de inflación. “Con el dato de actividad de junio dejamos de corregir hacia abajo para proyectar un 12% de caída para este año que deja un arrastre estadístico de un 4% o 5% para el año que viene. El nivel de actividad de diciembre va a estar por debajo del de febrero y bien por encima del promedio del año, tomando en cuenta que en abril estuvo un 26% abajo con relación al año pasado”, destacó.

En detalle, Dal Poggeto puntualizó que hubo un salto en el agujero fiscal porque aumentó el gasto y cayeron muy fuerte los recursos. “Hubo 250.000 millones de pesos de déficit mensual en mayo y junio. Mientras que en julio fueron 150.000 millones de pesos. El gasto aumentó un 100% en abril y mayo, mientras que en julio fue de un 59%”, agregó. Por eso, concluyó, “con la proyección de agosto estamos en un déficit primario del 7% del PBI para este año y una inflación del 38% en el año”.

En tanto, el ex ministro de Economía Ricardo López Murphy consideró: “Tenemos un problema serio con el empleo porque las empresas están muy complicadas y eso va a generar muchas dificultades. Se necesita un programa que lidie con las consecuencias de seis meses de encierro. Abordando aspectos fiscales regulatorios y laborales hay una chance de que las cosas no sean más graves. Tiene que haber un programa muy profundo para pymes que incluya las deudas con el fisco y las regulaciones laborales”.

Dal Poggeto volvió sobre los problemas de 2020: “Después de una negociación larga y tediosa por la deuda que, finalmente, terminó con la aceptación de lo que los bonistas pedían en abril (aunque con expectativas de que no queden holdouts) y después de haber vuelto a golpear la puerta al Fondo para despejar los vencimientos que arrancan en septiembre de 2021 y se consolidarán en 2022 y 2023, después de eso el gran signo de pregunta es en qué medida se puede sostener esta dinámica fiscal de muy corto plazo”.

La especialista opinó que “si el gobierno tuviera capacidad para consolidar las cuentas fiscales en la zona de dos puntos del déficit, entonces la matemática monetaria, pensando que el gobierno podría financiarse en el mercado de pesos, una parte del agujero fiscal quedaría consistente con una nominalidad qué podría caer algunos puntos el año que viene, es decir, si este año la inflación va a estar en 38%, el año que viene va a estar en 34 o 35%”.

Para el economista de la Fundación Norte y Sur, Fausto Spotorno en el 2021 no cabe duda de que va haber un rebote pero acompañado de más inflación a medida que se abran las posibilidades de consumo de la gente. Afirmó: “El ahorro está alteradísimo porque no se puede consumir y tampoco puede ir al ahorro típico del argentino, que es el dólar. Entonces se está quedando en pesos en forma forzada. Cuando la economía se recupere y vuelva a aparecer la posibilidad de consumo entonces vas a tener un montón de pesos yendo a buscar bienes. Ahí los precios van a subir”.

Para Ferreres los fundamentos de la recuperación de 2021 van a ser la construcción y la industria manufacturera en general. Del mismo modo, López Murphy señaló que será una mezcla de obra pública y privada: “Eso va a recuperar un poco la actividad económica de la construcción. Hay algunos planes de vivienda que se van a estar ejecutando el año que viene”.

 

Ejes para la recuperación

Para apuntalar ese rebote y una recuperación firme, el ex ministro de Economía Ricardo López Murphy explicó que será necesario que el gobierno genere las condiciones para resolver las deudas y los quebrantos para arreglar con el fisco y con un replanteo de la cuestión laboral. “Probablemente haya más oportunidades de recuperación de estas empresas si eso ocurre, y luego un rebote en 2021”, anticipó.

En detalle bregó para que no pongan impuestos y creen un entorno regulatorio que mejore el clima de negocios y que aliente a las pymes. “Es necesario un régimen de concursos, quiebras y acuerdos preventivos extrajudiciales que faciliten la normalización y una moratoria muy extendida. Por ejemplo de 360 meses con 60 meses de gracia en acuerdo con municipios, provincias y el Estado nacional. Y que esto genere el espacio para que las pymes puedan normalizarse”, opinó.

Semejante propuesta colisiona con el plan de austeridad fiscal en la medida en que erosiona la capacidad de recaudación del fisco. López Murphy, sin embargo, aseguró que “va haber ingresos por las nuevas actividades”.

Desde el punto de vista de Dal Pogetto la recuperación también dependerá de una serie de gestos políticos: “Esta señal de consolidación fiscal de cortísimo plazo queda oculta detrás de una retórica antiajuste del gobierno y de una agenda de la política que cada semana va sacando un nuevo frente de conflicto”.

Por eso se lamentó: “Lejos de estar discutiendo la agenda de por dónde crece la Argentina a mediano plazo, que tiene que ver con la competitividad sistémica, seguimos en mitad de una grieta. El mercado está buscando una historia de la Argentina que es posible con bonos en dólares que rinden 12% o 13%, y habiendo despejado el perfil de vencimientos hasta 2023”.

La especialista continuó describiendo un escenario que podría ser más favorable si hubiera “un mercado cambiario con una tasa de pesos más alta, un mercado de contado con liquidación con menos restricciones que funcione como un mercado financiero y en un contexto donde el Banco Central de la República Argentina (BCRA) fuera a tener bonos para intervenir en el mercado cambiario”. Y agregó que “el Tesoro ya adelantó una licitación de bonos en pesos contra dólares para darle salida a los tenedores de deuda en pesos que son los que están metiendo presión sobre la brecha”.

 

El empleo en el ojo de la tormenta

El parate de la actividad generó un fuerte impacto sobre el empleo. Sólo en los primeros dos meses del aislamiento obligatorio, y a pesar de las políticas de regulación emanadas desde el gobierno, se perdieron más de 300.000 puestos de trabajo. Estimaciones privadas prevén que la cifra podría llegar hasta el millón.

Para Ferreres, el desempleo ya está en un 10% y va a llegar al 15%. “Es un aumento del 50% de la tasa. Sabiendo que el salario real caerá un 11,7% podemos prever que un 52% de la población estará debajo de la línea de pobreza”, adelantó.

Para salir de esa situación, según Ferreres habrá que promover la inversión pública y privada. “Hay cierta capacidad ociosa que se puede recuperar con mayores ingresos y mayor actividad. Es el tipo de recuperación que esperamos al principio porque no vemos una gran inversión para el año que viene. Este año cayó un 25% con respecto a 2019 y es de ahí de donde sacamos las conclusiones sobre el desempleo”, afirmó.

Para Spotorno, el empleo se va a ir recuperando, pero va a tardar. “En la construcción se va a recuperar relativamente rápido. No sabemos cómo va a quedar el sector de comercio después de todo esto. Está claro que no están dadas las condiciones para recuperar todos los puestos de trabajo que se van a perder”, estimó. Sin embargo, para el especialista es necesario ver el problema con mayor alcance porque habrá un rebote en el empleo, ya que el salario está barato.

En esa línea, Ferreres destacó: “El poder adquisitivo este año está cayendo porque no hubo muchas paritarias y los aumentos que hubo fueron escasos. Además hubo reducciones. Por eso vemos esa caída cercana al 12%, pero en el 2019 la pérdida ya había sido de un 9%. Sumando los dos años tenemos un retroceso de los salarios reales del 21% o 22%. Por eso esperamos que haya una mejora el año que viene”.

De todas maneras, opinó, “el tema va a ser fiscal. Se está dando una menor recaudación por parte del Estado que consigue incrementar los ingresos pero no tanto como la inflación”. Y sobre la inflación misma anticipó: “Se espera un recrudecimiento de la inflación para los próximos meses. Evidentemente el aumento del gasto social combinado con la poca recaudación hace que el déficit primario, que el año pasado dio un 0,5%, pueda llegar a estar entre 7 y 8 puntos del PBI. Con un PBI de 450.000 millones de dólares, ese porcentaje de déficit primario es bastante elevado y se va a tener que financiar con emisión, que va estar entre el 80% y 90% de la base monetaria”.

 

Nueva economía, empleo y competitividad

Tanto las regulaciones como los subsidios existentes en el mercado laboral, evidentemente, tienen fecha de caducidad. Si bien han sido herramientas para amortiguar la pérdida de empleos no han podido evitar, lógicamente, aquellas bajas emanadas de los cierres de empresas. La recuperación del empleo, coincidieron los especialistas, precisará de mecanismos más flexibles cuyo camino, a su vez, han allanado tanto la cuarentena como la irrupción del teletrabajo.

Por eso Dal Poggetto puso el foco en que hay una Argentina con dos productividades. “Existe un sector formal altamente productivo y con salarios altos y otro con una productividad bajísima. Esos dos mercados están conviviendo. Hay industrias que están a la altura de la frontera tecnológica internacional como, por ejemplo, el agro y el sector del conocimiento, que son competitivos, y otros que requieren una protección infinita y permanente”, analizó.

Con todo, Dal Poggetto recordó que el politólogo Thomas Friedman dijo que “este es el proceso de mayor destrucción creativa de la historia”. Y la explicación es simple: “La gente, de golpe, se quedó en su casa y tuvo que aprender a usar el teletrabajo. Lo estamos regulando mientras se está desarrollando la pandemia. Hay una contradicción en cómo hace la Argentina para cerrar ese gap que tiene con respecto a la frontera tecnológica global en términos de competitividad sistémica”.

Con todo, matizó, “es cierto que hay que mantener el contrato social y no se puede dejar a una parte de la población afuera. Pero tampoco se puede seguir conviviendo con un mundo donde el salto en la productividad pueda ser muy alto. La política va a tener que encontrar un equilibrio entre las variables”.

Spotorno, por su parte, consideró: “Es necesario tener una regulación laboral que funcione y no la actual que no sirve para nada. No genera empleo sino que lo destruye y, cuando lo hace, le cuesta recuperarlo. La economía sólo crece cuando el salario está barato. Es lógico que en 2003 con el salario destruido se empezara a recuperar el empleo, pero porque el salario era muy barato por más que tuviera las mismas regulaciones que hoy. Pero esa no es la idea”.

Ahora, con una potencial salida de la pandemia en el horizonte, los economistas y autoridades deben delinear cuál será la estrategia a seguir para aumentar la productividad y proteger los puestos de trabajo en un escenario de leve recuperación.

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