Coronavirus: pronóstico sombrío para la economía

Los economistas creen que el mundo ingresará en una depresión de alcances históricos. La dimensión justifica medidas intervencionistas al estilo keynesiano, incluso para aquellos que abogan en otras escuelas.

 

La crisis desatada por el coronavirus ya representa una bisagra para la economía mundial. Prestigiosos economistas consultados por NBS Bancos y Seguros coinciden en que el impacto a nivel mundial podría superar largamente lo ocurrido con la recesión global provocada por la crisis financiera de 2008 y 2009 y que, incluso, podría provocar una depresión equiparable con la que resultó del crack de la bolsa de Nueva York en el año 1929.

Es que, a la burbuja financiera que se venía incubando en las principales bolsas del mundo, y que la mera presunción de un parate económico terminó de gatillar, se le sumó, inevitablemente, primero una crisis de demanda y luego de oferta provocada por la cuarentena, en la que entraron en simultáneo prácticamente todas las economías a escala global.

Los pronósticos indican una, todavía, indeterminada destrucción de fuentes de trabajo y de derrumbe de rentabilidades a escala mundial. A modo de ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) elevó sus pronósticos de destrucción de 25 millones de empleos publicada el 18 de marzo hasta los 195 millones según otro informe que vio la luz el 7 de abril. Uno de los principales analistas económicos del prestigioso diario Financial Times, Martin Wolf, sentenció: “Es una catástrofe de la que acaso no nos recuperemos realmente por décadas”.

 

Una crisis económica de alcance histórico

 

El economista Orlando Ferreres introdujo el problema planteando que “no hay prácticamente ningún país que no esté con cuarentena”. A la hora de hacer un análisis más general sobre el alcance de la crisis, el economista Adolfo Sturzenegger señaló que “para tener una idea de las dimensiones del problema económico global que se está planteando resulta interesante comparar esta enorme recesión que se está desenvolviendo con la Gran Recesión de fines de 2008 y principios de 2009”.

Es que, para el economista, “esa crisis también tuvo características de global. Se originó en la caída persistente de los valores de la propiedad inmobiliaria, esto generó situaciones de insolvencia en grandes entidades financieras que estaban ligadas al financiamiento de la propiedad”. Pero, opinó, “en el fondo, fue una gran crisis de naturaleza financiera y no económica”.

Con todo, el propio Sturzenegger recordó que “en esa oportunidad, y correctamente, se reaccionó con políticas monetarias y fiscales extraordinariamente expansivas que hicieron que la crisis durara muy poco”. De hecho, recordó, “en el tercer trimestre del 2009 la economía global ya estaba en pleno proceso de recuperación”.

Sin embargo, el politólogo especializado en política internacional, Claudio Fantini, consideró que “la magnitud de la crisis amerita respuestas similares a la que dio el gobierno de Franklin Roosevelt y la mayoría de los gobiernos de Occidente en la década del 30 del siglo pasado. Esto es, recetas keynesianas que pongan al Estado a intervenir para sostener la economía, si es necesario, artificialmente”.

De hecho, el propio Sturzenegger señaló que, en realidad, “se dan dos cuestiones que generan más preocupación que las existentes con relación a la Gran Recesión de 2009”. Ahora, por un lado, “estalló una crisis de destrucción de oferta resultado de los mecanismos de las restricciones sanitarias de las cuarentenas. Ante esta situación, la batería de políticas monetarias, el quantitative easing, la compra por parte de los bancos centrales de los principales activos tóxicos (tal cual se hizo en el 2008) y, particularmente, la baja de la tasa de interés, hoy no tendrán el impacto buscado de recuperar la actividad económica”.

El especialista explicó que se podrán apoyar recuperaciones de demanda pero, cuando la destrucción de la actividad económica es por oferta, no se puede corregir con emisión monetaria y estímulo de la demanda. A modo de ejemplo, explicó que “hay sectores de actividad, como el turismo, que no se van a reactivar por más que la demanda global tenga algunos elementos expansivos que vengan deliberadamente de la política económica”.

Pero, por otro lado, para quien es hoy uno de los principales animadores de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, “la segunda diferencia es que, si bien en 2008 la crisis fue también muy global, había regiones, como Asia, China, India y el sudeste asiático, que no fueron mayormente impactados. Hoy la crisis es más profundamente global con un pronóstico más complicado y difícil”.

Ferreres, por su parte, destacó: “En Europa, al igual que en Argentina y en los países más importantes del mundo, ya hay un fenómeno de inmensa expansión monetaria”. El economista explicó que las tasas en los Estados Unidos y en Alemania ya son negativas y en Japón y Francia son levemente positivas. Sin embargo, en la práctica, la gente demanda más dinero y prefiere pagar algo. “Por eso, si bien reducen las tasas de política monetaria, la comprobación de cada préstamo o de los rendimientos que se obtienen muestran que son mayores”, comentó.

El politólogo Fantini introdujo el factor político a la crisis económica que involucra por igual a los dos principales jugadores en la disputa mundial: los Estados Unidos y la República Popular China. El especialista buscó incorporar al panorama sombrío que plantea la situación económica la dimensión política: “Son negligencias que tienen que ver con los defectos propios del régimen chino al que le quedó un reflejo totalitario y, en el caso norteamericano, a los rasgos ideológicos de Trump”.

En el mismo sentido, Ferreres, además, destacó el “descontrol dentro de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo)”. Es que, detalló, “sus socios no están de acuerdo con la política adecuada. Entre Arabia Saudita y Rusia no se pusieron de acuerdo en cómo reducir la oferta para que el precio se mantuviera alto. Por eso bajó muchísimo. Más allá de que la recesión es grande y se consume menos, la recesión de la oferta es mayor”.

 

Creciente intervencionismo estatal

 

El nuevo escenario ya produjo un creciente rol de los estados a escala global con independencia del sesgo ideológico de los gobiernos. Fantini aseguró: “Soy pesimista con la condición humana, pero creo que, así como la década del 30 generó el ‘estado de bienestar’, esta crisis debería generar el ‘estado sanitario de bienestar’ porque el coronavirus no es un accidente, las pandemias van a ser una regla en la aldea global, con olas sucesivas”.

A la hora de analizar el alcance y las perspectivas del fenómeno, Sturzenegger señaló que es necesario distinguir entre lo global y lo nacional. “En lo global el intervencionismo estatal se justifica por la circunstancia que estamos viviendo. Que yo crea que las políticas monetarias y fiscales no van a ser tan efectivas como en 2008, no significa que esté en contra de esa batería de medidas. Pueden ayudar”.

Con todo, y a diferencia de Fantini, Sturzenegger señaló: “A nivel global, e independientemente de lo accidental, ¿una política de intervención estatal más sistémica y por plazos más largos, ayudará a la economía global futura? No lo sabemos. Desaparecida la pandemia se terminarán las circunstancias que avalan un cambio en la organización económica del mundo”.

Fantini, por el contrario, señaló que, ante su pronóstico de pandemias recurrentes, resulta necesario que “los países del mundo empiecen a invertir en infraestructura sanitaria para estar preparados. Tiene que haber un giro muy grande en la visión de la economía y de la inversión científica”.

 

El impacto local

 

Dentro de las fronteras nacionales, Sturzenegger consideró: “El actual intervencionismo local sí me preocupa, aunque hoy sea necesario y conveniente. Somos una economía con mucha informalidad y con muchos problemas para cumplir con las normas, las instituciones y los compromisos de pagar los impuestos. Toda esa situación, que circunstancialmente puede estar justificada por la pandemia, temo que se traslade crónicamente a una economía ya caótica y muy intervenida y que, con ello se entre en una etapa de mayor incumplimiento y desorganización del que ha existido tradicionalmente en nuestro país”.

Por su parte, Ferreres opinó sobre la situación actual y estimó: “Se teme que haya una recesión muy grande, al menos de un punto más. Calculamos por lo menos -2,4%, que puede ser peor si el tema de la deuda no se resuelve”. Es que, para Ferreres, un riesgo es que “la inflación sea más alta de lo previsto. Esto ya ocurre en otros países que buscan generar una reactivación por la expansión monetaria”.

En esa línea, Sturzenegger sintetizó: “Después de la pandemia tenemos que volver a una gran responsabilidad monetaria y fiscal sin perjuicio de crear, con instrumentos nuevos, alientos circunstanciales a la recuperación de la actividad económica del país”.

Ferreres, con todo, se mostró optimista con relación al sector externo: “Las exportaciones van a seguir funcionando. El precio de la soja, el maíz y el trigo siguen estables, más o menos igual que antes del coronavirus. Además va a haber una caída de importaciones. Eso puede ser una fuente de expansión monetaria que sea usada para pagar la deuda pública externa”.

 

El impacto de la deuda

 

En tanto, la crisis se produjo en el contexto de las renegociaciones para la reestructuración de la deuda con los acreedores privados y la Argentina entró en default selectivo en plena cuarentena. Para el politólogo Fantini, “la existencia de semejante crisis a escala global reformula todo con relación a la deuda externa de la Argentina y de todos los países”.

Sin embargo, Ferreres aseguró que, de cualquier forma, se puede avanzar en una negociación: “El FMI dio un margen de maniobra al decir que el corte, tomando los cuatro motivos (el nominal, por mayor plazo, por período de gracia sin pago, o por tasa de interés), tendría que bajar en 85.000 millones de dólares de una deuda que (sin el FMI, el Banco Mundial y otros organismos internacionales) está en 270.000 millones de dólares; lo que implicaría una quita del 35%”.

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