¿Después de Dilma qué?

La economía de Brasil

Si bien se espera un rebote luego de dos años de recesión y un clima de negocios más favorable, persisten cuestiones estructurales y políticas que deberá resolver la nueva administración para que la recuperación de la economía sea vigorosa y duradera.

Luego del juicio político que confirmara semanas atrás la destitución de Dilma Rousseff como presidente de Brasil, el clima de gran nerviosismo en la economía del país vecino parece haberse disipado ante la consolidación de un gobierno que genera mayor confianza en el mundo empresario. Por otra parte, tras una caída del PBI del 3,9% el año pasado y una proyección de -3,16% para este año, se espera un incremento del 1,23% para el 2017.

Según el economista Jorge Castro, “los datos del segundo trimestre muestran que la economía brasileña ha dejado de caer, siendo que el año pasado el PBI cayó un 3,9%. Se espera que para este año caiga el nivel de recesión. Esto está siendo traccionado por el producto bruto industrial, que muestra un aumento de las exportaciones industriales incentivadas por la devaluación del real. Hay que tener en cuenta que esto sucede después de seis años de estancamiento económico, de los cuales tres años, incluido el 2016, son de recesión. Si bien el real se ha apreciado levemente en el último tiempo, persiste una tendencia hacia la devaluación, siendo que hoy su valor se encuentra más de un 20% por debajo del promedio de los últimos cinco años respecto del dólar. No cabe duda de que habrá un mayor impulso a la devaluación, en tanto que se trata de una tendencia generalizada de los países emergentes, en los que los dólares se han ido buscando el mercado norteamericano, frente a la recuperación de la economía de los Estados Unidos y el aumento de las tasas de interés que allí se prevé”.

El economista Eduardo Crespo, profesor e investigador de la Universidad Federal de Río de Janeiro, coincidió en que el año que viene habrá una leve recuperación, próxima al 2%:“De todos modos, teniendo en cuenta que en 2015 el PBI cayó 3,8% y que en 2016 caerá en un nivel equivalente, cuesta mucho hablar de crecimiento. En el mejor de los casos se tratará de un mero rebote, en parte explicable por la interrupción del ajuste fiscal, donde el nuevo gobierno incluso amplió la meta de déficit, y por cierta recuperación de las exportaciones”.

Para Mauricio Claverí, economista de Abeceb, el rebote del año que viene va a ser menor que el que prevén sus colegas, “en torno al 0-0,5%”: “Por el momento, las exportaciones se recuperaron un poco, pero esto tuvo que ver con factores negativos de la economía: devaluación y recesión. La devaluación del real se disparó luego de que los inversores internacionales descubrieran que estaban en serios problemas frente a la salida de capitales. Luego, la recesión redujo la demanda local, lo que aumentó los saldos exportables. Esto alivió la situación externa, pero no deja de ser complejo. En Argentina la devaluación tiene impacto social porque pega más en los precios, pero en Brasil eleva el nivel de endeudamiento, tanto del Estado como del sector privado, a niveles muy altos. Por esta razón, no hay pedido de devaluación, aunque sí de evitar la apreciación, porque eso genera una pérdida de competitividad incontrolable”.

Al margen de la magnitud que tendrá la recuperación, los economistas coincidieron en que la salida de Rousseff ha sido un factor importante para que aquella sea posible.

“Se encontraba en una situación muy compleja. Ya no tenía el apoyo popular que la había llevado a la reelección y generaba muy poca confianza entre los sectores empresarios, particularmente el industrial, que tiene gran preso en la estructura productiva de Brasil. Esta resolución, más allá de la polémica y las herramientas utilizadas, permite pensar en un terreno positivo para el año que viene. Si no se hubiese dado así, persistiría la recesión por más tiempo”, puntualizó Claverí.

En la misma línea, Castro remarcó que “lo más importante de la revocación de Dilma Rousseff es la reducción de la incertidumbre. Esto ya implicó la baja de las tasas de riesgo país y un incremento en la tasa de inversión. La caída de esta tasa fue la causa fundamental del estancamiento de la economía brasileña y esta recuperación, leve pero significativa y, sobre todo, de origen interno, es esencial. Hay que tener en cuenta que en Brasil no hay crisis del sector externo y posee un altísimo nivel de reservas de más de 360 mil millones de dólares. En estos años, incluso, mantuvo en todo momento un nivel récord de inversión extranjera directa (IED). Es el destino más importante de las empresas transnacionales”.

Interrogantes de cara al futuro

Más allá del rebote previsto, persisten cuestiones estructurales y políticas que deberá resolver la nueva administración para que la recuperación de la economía sea vigorosa y duradera.

Según Claverí, “mientras no se resuelvan las dos grandes deudas, que son la institucionalidad y la inestabilidad política en la que el país está sumergido, no podremos esperar tasas de crecimiento altas ni sostenidas. Por otra parte, las deudas estructurales de la economía son elevadas. Está muy endeudada, con altas tasas de interés y niveles de inversión extremadamente bajos. Difícilmente superan el 17% del PBI. Brasil tendrá problemas de crecimiento, más allá de la recuperación que pueda experimentar una vez que rebote la economía, hasta tanto no resuelva los problemas de competitividad o el llamado ‘costo Brasil’, que lleva a inversiones bajas”.

En concordancia con su colega, Castro indicó que, “para que haya una recuperación sostenible de la economía brasileña, se deberán resolver temas estructurales pendientes. Se trata de una economía extremadamente cerrada, donde el estado no funciona de ninguna manera. No participa del proceso de acumulación, aun con una presión tributaria del 38% del PBI, una de las más elevadas del mundo y la mayor dentro de los emergentes. Esa enorme masa de recursos que el estado le extrae a la economía se dirige al pago de sus servicios internos, las jubilaciones de su personal, salarios y funciones. Así, el estado brasileño no tiene capacidad de inversión. El llamado ‘costo Brasil’ tiene que ver con esto”.

Por su parte, Crespo agregó que “las elasticidades de las exportaciones e importaciones brasileñas al tipo de cambio son muy reducidas. Y Brasil no puede crecer sólo con exportaciones. Por otro lado, la devaluación inevitablemente tiene efectos inflacionarios y redistributivos. Si se tiene en cuenta que el Banco Central de Brasil adopta un régimen rígido de metas inflacionarias, todo salto inflacionario es y será respondido con nuevos aumentos de la tasa de interés, con efectos perjudiciales sobre el crédito y el consumo de las familias, lo que deriva en un aumento de la tasa de morosidad”.

“En estas condiciones, sumadas las medidas de ajuste, no veo cómo la economía pueda retomar el crecimiento. Algunos pueden imaginar que de esta forma se puede crecer a través de una senda exportadora, pero dicha salida es muy improbable por varios motivos: primero, porque el comercio internacional está creciendo a tasas bajas desde 2011; segundo, porque el impacto de las exportaciones brasileñas sobre el conjunto de la actividad económica es bastante exiguo; y, finalmente, porque Brasil es esencialmente un exportador de commodities cuyos precios se fijan en el mercado internacional”, enfatizó.

“Veo muy difícil que la economía brasileña vuelva a crecer a tasas elevadas. Aun con Dilma Rousseff en la presidencia, en Brasil se impuso un consenso conservador que busca aumentar la participación del capital en el ingreso nacional impulsando políticas que generan desempleo. Se busca bajar salarios, transferencias sociales, sancionar leyes de flexibilidad laboral, recortar inversiones imprescindibles en infraestructura, congelar por 20 años gastos en salud y educación, reformar el sistema de previsión e impulsar una nueva ola de privatizaciones”, agregó.

El elevado déficit fiscal, que alcanzó el 10,3% del PBI en el 2015 y podría cerrar este año nuevamente en torno a esa cifra, es otra fuente de incertidumbre respecto a las perspectivas del país vecino.

En este sentido, Claverí remarcó que “el gobierno brasileño va a necesitar una disciplina fiscal más sustentada en el tiempo. El déficit fiscal en Brasil es muy importante, es estructural, y la duda es si un gobierno como el de Temer será capaz de hacer una política más prolija en este ámbito”.

“El déficit fiscal está en relación directa a la caída de los ingresos fiscales provenientes justamente del estancamiento y la recesión de la economía, que disminuyó la capacidad contributiva. El problema de su déficit es que para financiarlo es necesario aumentar la deuda pública y así Brasil se acerca peligrosamente a un insostenible nivel de endeudamiento público, lo que llevó a que perdiera la atribución de poseer calificación de crédito internacional en niveles de investement grade. Todo dependerá de la recuperación de la economía”, agregó Castro.

El panorama político

También el panorama político está lejos de ser claro. El presidente Michel Temer, que fue confirmado tras la destitución de Dilma Rousseff, tiene mandato hasta el 31 de diciembre de 2018 y ya adelantó que no se presentará como candidato en las elecciones de ese año. El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silvia aparece en los sondeos como un candidato con apoyo popular, aunque al cierre de esta edición el juez Sergio Moro aceptó investigarlo por el escándalo de Petrobras y su ministro de Hacienda, Guido Mantega, fue arrestado por el mismo caso, lo que podría afectar sus posibilidades electorales.

Crespo puntualizó que “el gobierno de Temer es muy inestable. Es ilegítimo, impopular y está jaqueado por incontables denuncias de corrupción. De hecho, ya perdió varios ministros por este motivo. Su sostenibilidad depende de frágiles y cambiantes alianzas parlamentarias”.

Respecto a una posible victoria de Lula en el 2018, Claverí señaló que “la imagen que quedó de él fue un poco la del padre del cambio, de la reestructuración de la economía brasileña. Más allá del populismo que se le pueda adjudicar, Brasil tuvo bajo sus mandatos un progreso social inédito. Justamente, gran parte de la conflictividad actual es que la demanda se complicó mucho, ahora hay un mayor porcentaje de la población dentro de la clase media. Hoy, claramente, Lula no es el candidato del establishment, pero durante su gestión mostró un nivel de pragmatismo tal que, llegado el caso, podría permitir que las diferentes fuerzas en pugna convivan con él como presidente”.

“Lula es uno de los grandes presidentes en la historia de Brasil, no sólo asociado al crecimiento económico, sino también al aumento de la inclusión social. Más de 40 millones de personas salieron de la pobreza bajo sus mandatos. Las encuestas muestran que es la figura mejor colocada, con mayor intención de voto para el 2018 y no creo que ello pueda condicionar el crecimiento actual”, agregó Castro.

¿Un impulso para Argentina?

Si bien las perspectivas no son del todo alentadoras de cara al futuro, al menos el final de la recesión en Brasil es una buena noticia para nuestro país.

Castro destacó que, “para la Argentina, es enormemente importante la recuperación económica de Brasil, ya sea por la industria automotriz como también por las economías regionales”.

Para Claverí, nos encontramos en una situación “muchísimo más positiva que la previa, porque al menos para Argentina implica un freno a la caída en la demanda de sectores clave como la metalmecánica, automotriz y autopartes”. Pero también advirtió que, “Brasil no será un gran tractor de crecimiento para la economía argentina”.

Crespo tampoco cree que “la economía brasileña empuje a la Argentina en los próximos años. Por lo pronto, ahora estamos en depresión y la mejor previsión es apenas un rebote. Luego, es probable que busquen ejecutar una agenda conservadora que congelará a la economía brasileña por varios años. Preveo largos años de estancamiento. Sinceramente, espero equivocarme”.

CuadroBrasil

  Fuente: Relevamiento de expectativas del mercado del Banco Central de Brasil (agosto 2016)

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