El año próximo va a ser más difícil – Andrés Quantin

La cuarentena puso en funcionamiento mecanismos de adaptación de las personas y de la propia organización. Se lograron muchas cosas que antes eran impensadas. Y eso se lo debemos al equipo de personas que integran la compañía, a su predisposición para solucionar los problemas que generó el aislamiento.”

La primera definición que encuentro para 2020 es que se trató de un año de fuertes aprendizajes. Tanto en lo personal, como en lo social y lo laboral. En todos esos aspectos la pandemia y la cuarentena nos pusieron frente a inmensos desafíos. Tuvimos que adaptarnos a situaciones que nadie había imaginado posible y, en la mayoría de los casos, salimos airosos.

Un ejemplo de ello es que si el 19 de marzo alguien nos preguntaba si estábamos preparados para una operación 100% remota, la respuesta hubiera sido que no. Sin embargo, cuando un día después se declaró el inicio de la cuarentena, nos vimos obligados a hacerlo y lo hicimos bien.

La cuarentena puso en funcionamiento mecanismos de adaptación de las personas y de la propia organización. Se lograron muchas cosas que antes eran impensadas. Y eso se lo debemos al equipo de personas que integran la compañía, a su predisposición para solucionar los problemas que generó el período de aislamiento.

Tuvimos, además, una reconfirmación del valor que tiene nuestro canal productor. Se demostró la importancia de la relación que entablan con los asegurados. La construcción de la relación de confianza les dio una relevancia todavía mayor.

Los productores tuvieron un desafío muy importante en mantener el vínculo con los clientes. Y en medio del distanciamiento y el uso del barbijo lograron fortalecer la confianza. Quedó claro que ya no van a hablar una única vez al año, cuando toca renovar la póliza. El vínculo se cultiva todos los días.

La pandemia nos obligó a innovar para seguir trabajando con normalidad. Y muchas de las soluciones implementadas llegaron para quedarse.

Entre ellos se destaca el avance inmenso en materia de digitalización. Hasta ahora teníamos una operación muy manual. Avanzamos en el aspecto tecnológico lo que teníamos previsto hacer en tres años.

También quedó demostrado que el trabajo no tiene que desarrollarse en un único espacio físico para las tareas en equipo. Sin embargo, también nos dimos cuenta de que las relaciones entre las personas no pueden ser solamente virtuales. Por eso, entendemos que una vez que llegue la nueva normalidad, vamos a un sistema de relaciones híbridas, que mezclen lo físico y lo virtual.

Creo que el año que viene va a ser, incluso, más difícil que este. Hay que tener en cuenta que el mercado de seguros depende de la actividad económica. Y las estimaciones dicen que sólo en 2022 o 2023 el PIB va a llegar al nivel que tenía en 2019. Puede ser cierto que la pandemia haya incrementado la conciencia aseguradora, pero la voluntad por sí sola no alcanza.

Creemos que va a haber un incremento de la siniestralidad y eso nos genera un problema. Tenemos un aumento de costos, pero no podemos trasladarlo por entero a los precios.

Pese a ello, estamos convencidos de que, si se hacen las cosas bien, se pueden incrementar las ventas. El consumidor va a pensar mucho más su decisión y va a premiar al que le ofrezca el producto que mejor se adapte a su necesidad. Se va a tener que trabajar mucho sobre la calidad, los precios y la atención al cliente.

La clave para el éxito consistirá en ser eficaz y eficiente, y estar muy cerca del cliente. Y ante todo trabajar para no perder los clientes que se tienen. Ganar nuevos va a ser muy difícil.

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