criptomonedas sustentables

El auge de las criptomonedas sustentables

El crecimiento de bitcoin impulsa la diversificación del mercado, surgen nuevas divisas virtuales que proponen conservar el medioambiente.

El crecimiento acelerado del bitcoin (BTC), que en las últimas horas mantuvo su cotización por encima de los 58.000 dólares, impulsa la aparición de nuevas divisas digitales.

De la mano de la tecnología blockchain, la red en la que basa su actividad la principal criptomoneda, y otras tecnologías, como big data y geolocalización, surgen alternativas que buscan ofrecerle al usuario beneficios que van más allá de los rendimientos de sus inversiones.

Una de las principales críticas de las cripto es el impacto nocivo que genera su minado en el medioambiente. Las operaciones necesarias para asegurar un funcionamiento óptimo y seguro precisan un alto consumo energético.

Según la Universidad de Cambridge, el BTC emplea 129,24 teravatios-hora (TWh) por año, un volumen mayor al que utiliza anualmente la Argentina. Un ejemplo de lo costoso que resulta: se calcula que el minado de un día implica un consumo equivalente al de ocho jornadas de un hogar.

Con el objetivo de diferenciarse de la oferta existente, nuevos jugadores ingresan a este bullicioso mercado. Se enfocan en un segmento poco explorado hasta entonces, pero con un futuro promisorio: la preservación del entorno natural y la lucha contra el avance del cambio climático.

Los casos

SolarCoin (SLR) fue la primera moneda de estas características lanzada en 2014. Su finalidad es acelerar la transición hacia el uso definitivo de energías limpias y renovables. Ofrece una recompensa económica a los generadores de energía solar fotovoltaica. Para eso utiliza blockchain para crear un registro descentralizado y auditable de la energía producida por cualquier persona o empresa. Sólo hace falta registrarse de forma gratuita en SolarCoin Foundation y solicitar su ingreso. Tras obtener la autorización, se recibe un crédito digital (una SolarCoin) por cada megavatio-hora (MWh) producido.

Otra moneda sustentable es Terocoin. En 2018, la fundación basada en Costa Rica Tero Reserve, lanzó la tokenización de un bosque para preservar la riqueza natural del país y evitar la expansión de los agronegocios y la especulación inmobiliaria. La moneda Terocoin está respaldada por un metro cuadrado de tierra en el fideicomiso de terrenos de la organización, que, según afirma, se mantiene deshabitada, con su flora y su fauna intactas.

En febrero de este año, se sumó GreenBondMeter (GBM), el primer criptoactivo diseñado para financiar la protección de un millón de hectáreas verdes en diez países. Comenzó con la conservación de 24.500 hectáreas de la selva misionera, donde antes funcionaba un aserradero.

La propuesta es resguardar, con la compra de un GBM, un metro cuadrado de biosfera. Con el tiempo, los tenedores de GBM podrán realizar la certificación para convertir su inversión en bonos de carbono. En el mercado de carbono se comercializan las unidades de reducción de emisiones de gases que contribuyen al efecto invernadero (GEI).

Detrás de GBM se encuentra un consorcio integrado por la empresa uruguaya Nideport S. A., especialista en certificaciones de bonos de carbono, y la firma estonia Heimall Technologies Oü, con sede Tallin, responsable del ecosistema de la cripto. El plan es poner a la venta 245 millones de GBM en seis etapas. La primera se lanzó el mes pasado con un precio inicial de 1,09 dólares.