“El camino elegido para bajar el déficit es el del crecimiento, que es más lento pero más sostenible en el tiempo” Fernando Moser

Las reformas están bien direccionadas y buscan atacar problemas estructurales de la economía argentina que están instalados hace décadas. Es esperable que haya algunos actores que resistan los cambios duramente, pero lo importante es generar avances aunque no se logre aprobar el total de las reformas planteadas. Si una vez terminadas las negociaciones estamos mejor que antes, está muy bien igual. Las soluciones absolutas que dejen totalmente conformes a todos los actores simplemente no existen.

Las soluciones propuestas para los problemas de la economía son las correctas. El qué y el cómo están bien definidos. La incógnita es cuánto se va a poder implementar y en qué plazo de tiempo. El dilema entre gradualismo o shock nunca existió. No había espacio para un shock. El ejemplo más claro de los resultados de un shock se dio en Grecia, donde una vez que se ejecutaron ajustes presupuestarios drásticos, el PBI cayó 10% en un año y luego fue necesario un ajuste adicional. El camino elegido para bajar el déficit es el del crecimiento, que es más lento pero más sostenible en el tiempo.

Para la segunda mitad del mandato, hay muchas expectativas puestas en la nueva ley de mercado de capitales. Las inversiones del exterior ya han comenzado a llegar: en una primera etapa esas inversiones fondearon las emisiones de deuda soberanas y subsoberanas, que se realizaron mayormente en Estados Unidos; ahora está comenzando una segunda etapa de inversiones en otros instrumentos financieros de mayor rendimiento pero con ejecución local, donde han estado particularmente activos los fondos brasileros; y sigue una tercera etapa de inversiones en equity y aplicadas a la economía real. Para todo eso se necesita una ley de mercado de capitales que dé mayor flexibilidad al mercado, ya que todavía es difícil invertir en la Argentina si uno está en el exterior.

La lucha contra la inflación viene muy bien, pero se comunica bastante mal. Pasar de 40% anual a 22% sería alentador para cualquiera que lo vea desde afuera pero como se había puesto una meta del 17%, el título de que no se llegó genera desaliento. Desafortunadamente, se volvió a cometer el mismo error en la fijación de la meta para 2018 pero una cosa es segura y positiva: la inflación debería ser más baja que la de 2017.

La economía ya despegó y hay sectores importantes que están mostrando tasas de crecimiento sobresalientes. El desafío es que se contagie a otros sectores, especialmente las pymes industriales, que están viviendo una realidad muy compleja. Las medidas propuestas van a ayudar a estas pymes en ciertos aspectos, pero no en todos. El financiamiento, por ejemplo, les va seguir siendo caro. Este es un tema que nos preocupa. La tasa de interés real positiva es de unos 12 puntos porcentuales cuando en Brasil es menos de 4. Nos preguntamos, a veces, si los actores de la economía no están pagando un precio demasiado alto como consecuencia de esta política de tasas. No obstante, confiamos en que va a ir descendiendo en forma paulatina.

A este nivel de tasas veo difícil que se mantenga el nivel de crecimiento de los préstamos, pero tengamos en cuenta que el crecimiento de este año fue superlativo y difícil de replicar. Igualmente el crecimiento va a ser importante y saludable para la economía. En el sistema financiero los márgenes se van a ir reduciendo de manera sostenida. Habrá que compensar con más volumen y con más tecnología. Todos los bancos están al tanto de esto y ejecutando en ese sentido.

Las reformas económicas van a favorecer el desarrollo del sistema financiero. Adicionalmente, el BCRA viene acompañando fuertemente en simplificar procesos y en bajar costos eliminando restricciones innecesarias. Todo esto debería redundar en un sistema financiero más desarrollado pero también más ágil y flexible.

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