El Comité de Basilea reguló las pruebas de tensión II

Las pruebas de tensión son una herramienta invaluable para optimizar la gestión de los riesgos. ¿Cómo son los principios que las regulan?

 

Las pruebas de tensión (llamadas también stress tests) sirven para comprobar las fortalezas y debilidades tanto de los sistemas financieros como de las entidades que los integran. Porque permiten reconocer cualquier signo de alerta sobre una posible perturbación de la continuidad y estabilidad de las condiciones económico-financieras.

Con su uso se evalúa la calidad de la administración de los riesgos inherentes a los negocios bancarios. Asimismo, proporcionan una medida precisa del apetito al riesgo que encauzan los planes comerciales de las entidades, tanto como la compatibilidad de los recursos actuales y venideros.

Para realizar las pruebas se proponen escenarios hipotéticos, como una recesión generalizada, una abrupta caída de la actividad económica con su secuela de retracción de los créditos y aumento significativo de su morosidad, un incremento del desempleo o estallidos de burbujas, como las de las empresas tecnológicas o del mercado inmobiliario de los Estados Unidos. Con estos escenarios se simulan situaciones de severos conflictos que los bancos deberían sobrellevar.

Sobre estas cuestiones el Comité de Basilea decidió actualizar y reforzar su marco regulatorio prudencial. Porque, a diferencia de lo que se controlaba en el pasado, las actuales pruebas de tensión no sólo contemplan los préstamos o la protección de los activos sino también las contingenciass operacionales, la gobernanza, la capacidad de obtener recursos de capital o liquidez. 

Si bien el documento que contiene la nueva regulación no constituye un estándar, es decir una norma de cumplimiento obligatorio, es una guía de conducta que remarca las pautas fundamentales que rigen los objetivos, políticas, procesos, recursos y documentación que deben aplicarse para el mejor uso y supervisión de las pruebas de tensión (o stress tests). La regulación se explicita en una serie principios. Entre los que se incluye la creación de una función a cumplir por un compliance officer especial, designado para llevar a cabo el control estratégico de los riesgos del negocio, quien debe reunir la suficiente jerarquía, independencia y conocimientos. Su opinión debe tener una influencia decisiva en la máximas autoridades de la entidad, con especial énfasis en la suficiencia del capital, la estimación de la liquidez y la certificación del completo acabado de todos los detalles del proceso en cuestión.

El primero de estos principios establece que las pruebas de tensión (o stress tests) deben tener objetivos definidos clara y formalmente. Los métodos de ejecución, los sistemas empleados y la documentación utilizada deben ser aprobados por las máximas autoridades del banco. De este modo todos los participantes de la práctica deben comprender cabalmente el objetivo y los alcances propuestos. Tanto los presupuestos que serán utilizados como los resultados del examen deben ser comunicados públicamente, aunque este último requisito en la práctica suele estar subordinado a consideraciones políticas o económicas.

En notas siguientes se continuará con la enumeración de estos principios.

 

Los principios que regulan las pruebas de tensión

 

¿Cuáles son las recomienda del Comité de Basilea acerca de la severidad y el respaldo de las pruebas de tensión?

 

En el artículo sobre las pruebas de tensión (o stress tests) recomendadas por el Comité de Basilea se definieron las pruebas de tensión bancarias y se abordó el primer principio. En esta oportunidad, se describen los principios segundo a sexto.

El segundo principio establece que las pruebas de tensión deben contribuir a la gobernabilidad. Las políticas y procedimientos deben especificar las responsabilidades, obligaciones y funciones, tanto de las autoridades superiores de la entidad y de los niveles de ejecución, como de las que corresponda cumplir a los supervisores. Se espera que el órgano de gobierno de nivel máximo comprenda el sentido del examen y participe activamente en la discusión de todos los aspectos y supuestos involucrados. Todo ello debe quedar debidamente documentado. Como resultado, deberán asegurarse de la congruencia de los datos utilizados y relacionarse con las autoridades. A la vez, los supervisores deben cerciorarse de que dicha participación muestre criterios aceptables de eficacia y credibilidad.

El tercer principio indica que las pruebas deben servir como herramienta para optimizar la gestión de los riesgos y las decisiones comerciales. Esto significa que los resultados del ejercicio deben contribuir a formular y alcanzar los objetivos estratégicos de la entidad. Para ello es necesario establecer programas de seguimiento periódico, que comprueben la efectiva aplicación de las medidas dispuestas para tal fin. 

El cuarto principio dicta que las pruebas deben proponer dificultades verdaderamente relevantes y complicaciones suficientemente severas. La descripción de las contingencias que se deben superar tienen que ser exhaustivas, deben plantear deterioros en la sustentabilidad, riesgos operativos y cualquier otro factor que afecte la solvencia, la posición de liquidez o la continuidad operativa. 

El quinto principio se refiere a que la estructura y la organización de la prueba deben ser coherentes con los objetivos que buscan. Es una realidad que, con el tiempo, las pruebas se han vuelto más complejas y abarcadoras, ya que comprenden la totalidad de las áreas y funciones con el fin de fiscalizar su fortaleza y resiliencia para resistir y recuperarse de embates hostiles. Por lo tanto, el presupuesto de los recursos necesarios para asegurar la confiabilidad del examen ha aumentado proporcionalmente. A la vez, la infraestructura tecnológica y de sistemas deben garantizar un rápido procesamiento de las diferentes perspectivas que se pongan a escrutinio. 

El sexto principio recuerda que las pruebas de resistencia deben estar respaldadas por datos precisos y que ofrezcan un nivel de detalle que resulte acorde con la meta deseada. El procesamiento de esa información requiere contar con una infraestructura de personal debidamente capacitado y consciente del alcance y objetivo de la tarea. Además, resulta imprescindible un soporte tecnológico que pueda aceptar y procesar los datos, de modo tal de suministrar una relación exacta de las estimaciones que sirvan de sustento a las conclusiones finales. 

En la próxima entrega de este informe se incluirán los principios séptimo a noveno, que remarcan el carácter preventivo de las pruebas y la importancia de la difusión pública de sus resultados.

 

Los principios del Comité de Basilea para las pruebas de tensión

 

El Comité de Basilea sugiere realizar frecuentes pruebas de tensión (o stress tests) y difundir sus resultados.

 

En dos publicaciones anteriores se definieron las pruebas de tensión bancarias (o stress tests) y se abordaron los primeros seis principios dictados por el Comité de Basilea al respecto. En esta última entrega se describe el resto de los principios 

El séptimo principio indica que los modelos y las metodologías para evaluar la repercusión de las debilidades localizadas deben ser aptas para tal propósito. Es necesario –aunque obvio– precisar el alcance, los tipos de riesgo a cubrir y el nivel de detalle requerido. Todo ello debe ser adecuadamente documentado y puesto en conocimiento de todos aquellas personas que intervengan.

Los participantes deben aportar su experiencia y conocimientos al desarrollo del modelo. De esta manera se obtendrá un adecuado perfil de los factores de riesgo, su incidencia en el balance contable y financiero, la inserción en el mercado y cualquier otro elemento que permita otorgar coherencia entre la propuesta del modelo y los objetivos perseguidos.

El octavo principio se refiere a que todo el marco regulador, los modelos y la metodología deben estar sujetos a un continuo cuestionamiento en busca de su perfeccionamiento. La revisión periódica es una cuestión esencial para mejorar la confiabilidad de las conclusiones de las pruebas de tensión y, por ende, su utilidad. De esa manera se logra determinar las áreas que requieran una mejora para solucionar las limitaciones.

El noveno y último principio aclara que la realización de una prueba de tensión y sus resultados deben ser comunicados a las terceras partes interesadas. Pese a que no suele ser aceptado fácilmente, el intercambio de resultados y experiencias trae beneficios tanto para los bancos como para las autoridades competentes. Es indudable que tal divulgación, además, ayuda a optimizar la disciplina del mercado y proporcionar confianza y seguridad en el desempeño de un banco o del sistema en su totalidad.

Es evidente que todo lo expresado en los distintos principios constituye un desiderátum que no resulta fácil de alcanzar, en particular la transparencia y difusión pública que propugna el noveno principio. Por el contrario, en ciertas ocasiones se ha ocultado o retaceado los resultados cuando podrían haber incidido negativamente en la estabilidad o la conveniencia financiera, política o económica.

No obstante, este inconveniente ha ocurrido en pocas oportunidades y han sido más las veces en que las calificaciones desfavorables han llevado al rechazo de las evaluaciones realizadas por bancos emblemáticos.

Es vital para la sociedad estar informada sobre cualquier hecho que resulte disruptivo para la solidez y seguridad de un sistema constituido por todos aquellos que intermedian con capitales o negocios de terceros.

Todo esto constituye el entramado que justifica el esfuerzo que se les reclama a los bancos y a sus supervisores, que deben asumir los costos consiguientes. También explica la atención que está recibiendo la difusión de estos procedimientos, que forma parte del tercer pilar (referido a la normativa vigente sobre transparencia, divulgación, disciplina de mercado y otras cuestiones que hacen a la imagen pública de los bancos).

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