El dilema del Gobierno

Durante el año que empezó el Gobierno deberá llegar a un acuerdo con el FMI, fuertemente influido por las elecciones, y reactivar las inversiones en el país.

El año que comenzó presenta un dilema muy complejo para el Gobierno. Si bien se descuenta que se producirá un rebote de la economía, no alcanzaría para equiparar lo perdido durante el 2020. Pero, además, en 2021 el Gobierno deberá alcanzar un acuerdo de reestructuración de la deuda contraída con el FMI por 44.000 millones de dólares, establecer los parámetros macro capaces de apuntalar el crecimiento y aspirar a que se reactiven las inversiones en el país.

Acuerdo con el FMI

El economista Orlando Ferreres, de OF & asociados, sostuvo: “Es difícil dejar el acuerdo con el FMI para después de las elecciones. Lo más creíble es hacerlo en el mes de mayo”.

Diana Mondino, profesora de la Maestría en Finanzas de la Universidad del CEMA, sin embargo, opinó que no hay urgencia para un acuerdo con el FMI. Consciente de la necesidad de llegar a un entendimiento para lograr nuevos créditos, tanto para el sector público como para el privado, la economista señaló que el problema está en la credibilidad.

“Esos créditos no van a venir por la falta de credibilidad, no tener un acuerdo con el Fondo no significa un verdadero costo. Lo será cuando quieran volver al mercado”, comentó.

Para Matías Rajnerman, economista jefe de Ecolatina, un acuerdo más rápido implica menos margen de negociación para el Gobierno. Por ese motivo, vaticinó que no va a llegar en el corto plazo: “Lo veo más bien para después de las elecciones. El Gobierno desarrollará una estrategia parecida a la de los acreedores privados. No es el mismo tipo de negociación, pero la estrategia es la misma”.

El especialista aseguró que cada vez hay más certeza de que llegarán los dólares que permitirán al Gobierno pagar los compromisos de este año. Eso les daría aire para postergar la negociación hasta 2022 y evitar que el ajuste fiscal, que se sabe que va pedir el FMI, caiga en un año de elecciones.

El ex ministro de Economía Ricardo López Murphy, por su parte, descree de la posibilidad de alcanzar rápidamente un acuerdo. “Si llega, será sin duda un logro. Lo más importante del acuerdo será la transparencia de los datos. Va a quedar blanco sobre negro sobre lo que ha ocurrido y lo que va a ocurrir hacia adelante”, agregó.

El Club de París

Sobre el vencimiento de deuda con el Club de París, Diana Mondino aclaró que es una situación completamente diferente y que no pagar sería una complicación. Agregó que hasta que no se haya saldado esa deuda habrá dificultades de todo tipo para el crédito comercial y el financiero tanto para los privados como para el sector público.

Ricardo López Murphy señaló, además, que hay un tema que resolver con todos los organismos multilaterales: “Los bancos, el Club de París y el Fondo Monetario abarcan unos 70.000 millones de dólares. Entrar en una crisis por el Club de París sería muy poco inteligente. Pero son capaces”.

En la misma línea, Orlando Ferreres coincidió en la necesidad de arreglar con el Club de París lo antes posible.

La paz cambiaria y el riesgo país

Si bien es de esperar que el acuerdo con el FMI genere cierto alivio para la economía y reduzca los cimbronazos que ha venido sufriendo el mercado cambiario en la Argentina, lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, la brecha entre el dólar oficial y los mercados paralelos se ha reducido sensiblemente, llegando incluso a que los denominados “mercados libres” coticen por debajo del dólar “solidario”. Esa situación se ha dado en paralelo a una persistente suba del riesgo país que llegó a superar los 1.600 puntos. Del mismo modo, los bonos recientemente reestructurados cotizan en niveles de default.

Esta situación, que puede aparentar una contradicción, en rigor, resulta de una política deliberada y ambos fenómenos no son más que las dos caras de la misma moneda.

Es que, según explicó Orlando Ferreres, como el Gobierno vende bonos del Estado para reducir la brecha, la credibilidad de esos papeles está bajando y el riesgo de país está aumentando.

Rajnerman sostuvo que hay dos temas diferentes, uno económico y otro financiero. Con la reestructuración de la deuda se postergaron los vencimientos de capitales hasta 2022 y no hay vencimientos fuertes hasta 2024. Eso ayuda desde lo macroeconómico, pero les resta atractivo a los activos financieros. El otro problema es que el Gobierno en su política económica se parece cada vez más al kirchnerismo. Lo que parecía una “tercera vía” de Alberto Fernández, cada vez se parece más a Cristina y eso les pega a los bonos.