El Gobierno entró en zona de riesgo y no parece entenderlo

Guillermo Nielsen, ex secretario de Finanzas y negociador de la deuda.

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La sensación que queda entrando al fin de año es que se trata de un gobierno al que lo que le interesa es durar y, frente a cada conflicto o reclamo, lo único que hace es abrir la billetera. Como consecuencia, se verifica un aumento del déficit fiscal que este año va a cerrar con cifras récord.

El primer año de gobierno de Mauricio Macri se caracteriza por los claroscuros. Entre las medidas constructivas, se destaca el fin del cepo. Era una medida que el país realmente necesitaba, por el atraso cambiario y para oxigenar la economía, para que aquellos sectores que lo necesitaran, pudieran importar. El acceso irrestricto a las divisas es clave para la reactivación económica. Otra medida para destacar es de tipo institucional: la recuperación del INDEC. En la parte económica este gobierno tiene sólo dos hombres de estado: Alberto Abad en AFIP y Jorge Todesca, que está devolviendo al organismo de estadísticas el brillo que nunca debió perder.

Entre los puntos débiles del Gobierno, se encuentra la balcanización del ministerio de economía. Existe una extrema falta de coordinación de políticas. Nunca pasó tener dos personas en Jefatura de Gabinete coordinando un equipo económico. Para eso, hay que saber mucho de economía y tener experiencia en el sector público. Ninguno de los dos responsables cumple con ese requisito. Eso llevó a una sucesión de errores que los ha ido erosionado. Se ha generado una situación en la que al Gobierno le entran todas las balas.

Por otra parte, dadas las circunstancias, era esperable que la administración fuese mucho más austera, que trabajase en pos de la eficiencia, estableciendo una hoja de ruta en favor de la competitividad. Sin embargo, la sensación que queda entrando al fin de año es que se trata de un gobierno al que lo que le interesa es durar y, frente a cada conflicto o reclamo, lo único que hace es abrir la billetera. Como consecuencia, se verifica un aumento del déficit fiscal que este año va a cerrar con cifras récord. Se esperaba cerrar con un déficit primario del 4,8% del PBI y vamos a terminar con uno de entre el 5,3% y 5,5%. Si se contabiliza el déficit cuasifiscal y el de las provincias, se eleva hasta un 9%. El Gobierno entró en zona de riesgo y no parece entenderlo. Una presidencia normal ya estaría cambiando el equipo económico.

Asimismo, la inflación no está controlada y si se analiza el último período de licitaciones del Banco Central, hay más motivos de preocupación que de relajación. La entidad hizo un trabajo excepcional, con una política monetaria preocupada por la inflación, pero no estuvo coordinado con la política fiscal, que fue hiperexpansiva. Es como ir a Mar del Plata acelerando y pisando el freno al mismo tiempo. Este desacierto en materia fiscal resulta de la ausencia de un secretario de hacienda que conozca el presupuesto y haga los recortes necesarios. Desconocen cómo bajar el gasto público sin perjudicar el gasto social, algo que es absolutamente posible.

La política fiscal está generando un problema de endeudamiento. El primer año estuvo bien, lo preocupante es que, para el segundo, no parecen querer bajar las emisiones. En 2016 era inevitable por los holdouts, pero el presupuesto del 2017 está fundamentado en una emisión de entre 30 y 35 mil millones de dólares, una cifra récord, más lo que se recaude por el blanqueo. Es imprudente contabilizarlo como se lo está haciendo, porque es por única vez. Si al segundo año el programa financiero está jugado al blanqueo, al cuarto llegan boqueando.

Otro error muy grande fue el de haber subordinado la política exterior a la candidatura de la canciller Susana Malcorra a la secretaría general de la ONU. No se usaron las múltiples reuniones y visitas internacionales para promover la apertura comercial y la vuelta del crédito oficial de los países del G7, sino para pedir el voto.

Por último y no menos importante, no se corrigió el exceso de presión tributaria y se provocó un atraso cambiario. La Argentina es un infierno tributario, hay empresas que pagan 92 impuestos distintos. La estructura económica y productiva de Argentina no da para eso, no somos Suecia ni Alemania. Estas dos cuestiones están ahuyentando el grueso de las inversiones y, así, vamos a una situación de estancamiento prolongado. Este año el PBI va a caer un 2,5% y va a costar mucho recuperar la caída el año próximo.

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