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¿Qué le depara a la humanidad la pospandemia?

La pandemia trajo consigo una de las mayores crisis que enfrentó la humanidad en la historia. Se aceleraron cambios y se profundizaron desigualdades políticas, económicas y sociales. Qué le depara a la humanidad la pospandemia.

La aparición de la pandemia de COVID-19 representa una de las peores crisis de salud pública de la historia y supone un reto para la continuidad del sistema económico y político. En definitiva, una amenaza que pone en peligro la permanencia del orden mundial actual.
A lo largo de la historia, desde la Grecia antigua hasta el siglo XX, pandemias anteriores alteraron el curso de la humanidad y dieron lugar a grandes revoluciones. Provocaron cambios radicales en los hábitos y las rutinas de la población, que derivaron en nuevas formas de producción y comercialización, entre otras cuestiones.
Frank Snowden, uno de los más prestigiosos historiadores de la medicina, postuló, en diversos escritos, que las enfermedades infecciosas moldearon la evolución social tanto como las guerras y las crisis económicas.
En 2020 también se aceleraron procesos. Avanzó la interacción remota, como la educación y el trabajo a la distancia. Pero la virtualidad no se limitó sólo al aprendizaje y el desarrollo profesional, sino que alcanzó otras esferas de la vida cotidiana. Los vínculos sociales, el ocio, el consumo y los pagos diarios también se trasladaron a las pantallas.
No toda la población atravesó estos cambios. Mientras que algunos experimentaron la vida cibernética, otros ni siquiera alcanzaron a conectarse a Internet. Se agravaron las diferencias, con una profundización de la desigualdad y la pobreza. Una brecha que expone las distintas realidades entre los polos opuestos: entre los segmentos de altos y bajos ingresos, entre los chicos con acceso a la educación digital y los que quedan fuera del sistema, entre los empleados registrados y los trabajadores informales.
Las primeras vacunas disponibles se reparten, gradualmente, en un planeta poco igualitario. Primero arribaron a las naciones más poderosas. A la larga, lo harán al resto de los países, en un procedimiento que algunas organizaciones estiman que recién se completará en unos años.

Interrogantes sobre el futuro

¿Cuán duraderas serán estas transformaciones? ¿Qué sociedad se configurará? ¿Qué valores éticos predominarán? ¿Qué rol ocupará la tecnología? ¿Qué liderazgos se encumbrarán y qué posición ocuparán los incipientes colectivos? ¿La distribución y la legitimidad del poder acentuará el conflicto en la relación entre China y los Estados Unidos o catapultará al podio a otras potencias que les disputan el trono? ¿Llegará un nuevo New Deal en el que la sustentabilidad y la lucha contra la desigualdad serán las claves?
Numerosos son los interrogantes sobre las consecuencias que dejará la emergencia sanitaria y cómo será el mundo pospandemia. Pero todavía no hay respuestas definitivas ni pronósticos acertados. Hay quienes aseguran, de forma optimista, que la etapa que viene será mejor. Otros, más pesimistas, creen que será peor. Y no faltan los escépticos, que piensan que las cosas seguirán igual, pese a todo.
Pero sí hay un punto en el que los analistas coinciden: la lección que deja esta crisis es que ya nada volverá a ser como antes. Según los especialistas, nacerá un paradigma que obligará a los gobiernos, las empresas y las sociedades a convivir bajo nuevas reglas, con un virus que dejará como saldo una “nueva normalidad”.
En su informe periódico sobre los escenarios plausibles que tendría que enfrentar el mundo en las próximas décadas, el Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos (NIC, por sus siglas en inglés) no parece muy optimista y vaticina un futuro sombrío. “La pandemia está acelerando las fisuras sociales y económicas ya existentes, con lo cual aumenta el riesgo de más y más desafíos globales en cascada”, detalló en su último reporte Global Trends 2040: A More Contested World (Tendencias globales 2040: un mundo más reñido).
Los autores describen la pandemia como “la disrupción global más significativa y singular desde la Segunda Guerra Mundial” y la ven como un prólogo de la crisis que se avecina. Así, la humanidad deberá lidiar en los próximos 20 años con brotes de enfermedades y crisis financieras con más frecuencia e intensidad. Los estragos del cambio climático y los efectos negativos de las nuevas tecnologías también se acrecentarían.
“En Occidente observaremos una bifurcación entre países desarrollados y países en desarrollo. Los primeros aumentarán sus capacidades estatales y buscarán reducir las desigualdades sociales. Los segundos se verán debilitados, con desigualdades consolidadas y la informalidad económica profundizada. Los mercados ilegales (el narcotráfico, el contrabando y la extorsión) competirán con los Estados en la producción de bienes privados y orden público”, reflexionó Andrés Malamud, investigador principal del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa.

Efectos económicos

El Premio Nobel de Economía 2010 y académico de la London School of Economics, Cristopher Pissarides, disertó en una conferencia global a fines de 2020. Él está convencido de que los viajes de negocios no volverán, de que las videoconferencias llegaron para quedarse y de que, al menos, el 20% de la jornada laboral será en casa en lugar de las oficinas, lo que obligará también a repensar el diseño de las ciudades, para ofrecer más servicios en los barrios.
Entre sus proyecciones, resaltó que la creación de empleo será menor: si antes de la COVID-19 las estimaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) pronosticaban que el 15% de los puestos de trabajo podían perderse por la automatización en los próximos diez años, la pandemia aceleró ese fenómeno. Ahora, habría que añadirle otro 5%.
Los trabajadores que sean expulsados del sector donde se desempeñaban deberán buscar reinsertarse en rubros y roles diferentes, de acuerdo con el experto. En su ponencia, destacó que la mayor parte de los empleos creados antes del coronavirus exigían un contacto social. Ahora, según él, sólo los puestos vinculados a servicios esenciales, como la industria sanitaria y de asistencia social, seguirán desarrollando sus tareas bajo este formato, a la par de que la gran mayoría adoptará el teletrabajo, como parte de un esquema que llegó para quedarse.
Para el premio nobel de Economía, estos cambios profundizarán el gap que existe entre países ricos y pobres, que, en un contexto de eventos catastróficos como el actual, se evidencia aún más. Es que no todos los Estados se encuentran en condiciones de impulsar nuevos contratos laborales, por lo cual, advirtió que el declive más dramático no se dará dentro del ámbito del empleo formal, sino en el trabajo informal, precario o independiente, frecuente en los sectores más golpeados, como el comercio minorista, el esparcimiento y la gastronomía.
“Ya estamos en ‘uno de los después’. A veces lanzamos la piedra muy lejos. Lo rígido ya está quebrado. Hoy, se observan transformaciones aceleradas, como las que vivieron las empresas tecnológicas y los bancos, que se volcaron furiosamente a la digitalización. Lo paulatino hubo que hacerlo inmediato. Quienes fueron conservadores quedaron pulverizados. La pandemia significó cinco años de aceleración digital en uno. Difícilmente haya vuelta atrás para esos procesos. La velocidad digital de aquí en más seguirá siendo vertiginosa, en especial para los que se demoren en llevarla a cabo. Habrá que ver cómo se reacomodarán los sectores erosionados por la coyuntura. Economías altísimamente dependientes del turismo, por ejemplo, deberán plantearse cómo generar otras fuentes de ingresos”, consideró Nicolás José Isola, filósofo y con grado posdoctoral de la Universidad de Campinas que, desde Barcelona, se desempeña como coach ejecutivo y especialista en storytelling.
Ante la ausencia de un verdadero régimen de emergencia, las empresas que componen estos rubros, de acuerdo con Pissarides, desaparecerán o recuperarán, en el mejor de los casos, una parte de lo perdido. “Sin políticas laborales activas, en la pospandemia anticipo menos empleo, menos ocupación y menos retribuciones, con un salario real deprimido y desigual”, adelantó.
En este sentido, Malamud aseguró que “la principal lección que deja la COVID-19 es que la tecnología no terminó con la historia”. Y especificó: “Pandemias, guerras y hambrunas siguen siendo posibles, incluso inevitables. El coronavirus constituirá una acelerada más que un volantazo. Impulsará tendencias preexistentes, como la emergencia china, la digitalización de la economía y el desacople de la globalización, en vez de torcer el rumbo”, sostuvo Malamud.

Crisis y oportunidades

El escenario actual representa una oportunidad en términos de sustentabilidad, donde los ciudadanos y el medioambiente cobran protagonismo. “La crisis puso a las personas en el centro. Las áreas de recursos humanos fueron fundamental para acomodar el esqueleto organizacional ante este choque sin airbag. La pandemia deja en claro que debemos ir hacia algún tipo de equilibrio entre la vida laboral y familiar. Y que las compañías tienen que preocuparse por encontrar ese punto medio que genere una mayor sensación de felicidad”, comentó Isola.
Para el coach ejecutivo y consultor en storytelling, “sería interesante” el surgimiento de una especie de nuevo New Deal. “La sustentabilidad se incrementará, sin lugar a duda, y eso debería conducirnos a repensar nuestros ecosistemas sociales, en pos de la generación de una mayor equidad”, agregó.
Bernardo Kliksberg es considerado el “padre de la gerencia social” y gurú internacional en responsabilidad social empresarial (RSE). Actualmente, vive en Nueva York y es asesor de diversos organismos internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Para él, la pandemia fue un catalizador del cambio climático que puso de manifiesto el destrato irresponsable hacia el medioambiente.
“En los últimos meses, las emisiones de dióxido de carbono alcanzaron un récord histórico. El calentamiento global se acerca al temido umbral de 1,5% más que los niveles registrados en la era previa a la Revolución Industrial. En diversas regiones del globo, incluso, ya se superó esa cifra”, indicó.
Y describió: “El calor está achicando rápidamente el Ártico. Los mares se calientan y desbordan. Su temperatura es superior a la de los 30 últimos años. Un 30% de los corales, base de la vida marina, fueron aniquilados. Aumenta la violencia y la estadía en tierra de los huracanes, y la duración y la frecuencia de las inundaciones. Por otro lado, los suelos se secan, las sequías son más prolongadas, disminuye la cantidad de agua disponible y caen las cosechas. Los bosques, grandes absorbedores de dióxido de carbono se autoincendian por la elevada temperatura y la sequedad. Se pierde biodiversidad. Desaparecieron un millón de especies vegetales y animales”.

Ganadores y perdedores

En este contexto, de acuerdo con Kliksberg, la destrucción de ecosistemas naturales favorece la diseminación de virus y epidemias, que damnifica, principalmente, a las naciones más vulnerables. “Los países en desarrollo son los que menos emisiones de carbono envían a la atmósfera, pero los más afectados. Si la temperatura global asciende 2,6 grados en 2050, como se prevé, por ejemplo, el PBI de India caerá en 35%, el de Indonesia en 40%, y los de Malasia, Filipinas y Tailandia en 50%”, adelantó Kliksbergquien lleva publicadas 66 obras.
Además, puntualizó que el cambio climático ya provocó un aumento del 25% de las desigualdades entre países ricos y pobres. “Las economías pobres se achican y las ricas crecen, apoyadas en la explotación de energías sucias contaminadoras. Según diversos economistas, se está dando la mayor transferencia regresiva de ingresos de la historia”, alertó.
Asimismo, Kliksberg se refirió a la conferencia que convocó recientemente el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, para analizar la crítica situación medioambiental junto con mandatarios de otros 40 países. “Biden advirtió que estamos en peligro y exhortó a afrontar drásticos cambios. Se trata de un imperativo moral y económico. El líder subrayó que los Estados Unidos se propuso como meta recortar las emisiones de gases de efecto invernadero en un 50% con respecto a las alcanzadas en 2005. Redobló el objetivo planteado por el ex presidente Barack Obama”, explicó.
En esta línea, el experto destacó las iniciativas europeas que llevan adelante países pioneros en el desarrollo de energías limpias, como Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia y Alemania, y recomendó tomar cartas en el asunto urgente. “La humanidad se halla al borde del abismo. Quedan pocos años antes de que los daños ecológicos sean irreversibles”, sentenció, de forma contundente, Kliksberg.
El secretario general de la ONU, António Guterres enfatizó recientemente: “La COVID-19 es la crisis del momento, pero el cambio climático es la crisis del siglo”. Al respecto, el pasado 22 de abril, en el marco del Día de la Tierra, el Papa Francisco advirtió a los fieles: “Hemos llegado al límite”.
En conclusión, no habrá un mundo mejor sólo por desearlo. Para transformarlo, hay que poner manos a la obra. El Estado no es el único responsable ni la sociedad la única culpable. Aun cuando las consecuencias no sean duraderas, el desafío que la pandemia deja es aprender a cambiar y trabajar para alcanzar consensos, porque el coronavirus no desaparecerá en lo inmediato. Incluso, posiblemente, nuevas epidemias llegarán pronto.