El problema es que sobran pesos y faltan dólares – Marina Dal Poggetto

“La agenda de cara al año que viene es complicada porque es un año electoral. El gobierno quiere llegar con la inflación lo más contenida posible y la economía creciendo lo más posible.”

El Gobierno arrancó con un intento de consolidar las cuentas fiscales, bajar la inercia inflacionaria a través del manejo de las paritarias y tenía como objetivo prioritario reestructurar la deuda. Esa tarea la encaró luego de dos años de recesión, una salida agresiva de capitales y una descapitalización del Banco Central. Fue un primer intento de lograr un esquema de estabilización.

En el medio le sobrevino la pandemia, que rompió ese intento de equilibrar las cuentas fiscales que se esperaba para este año después de haber modificado la fórmula jubilatoria, frenado la reforma tributaria y recompuesto la alícuota de retenciones.

Este año va a finalizar con un déficit fiscal de 7 puntos del PBI, un incremento de la cantidad de pesos de la economía. Como contracara habrá un balance en el Banco Central por debajo de los 3.000 millones de dólares, que contrastan con los 10.000 millones de partida y, si se quiere, con los 36.000 millones de dólares que había de reservas cuando arrancó la corrida contra el peso.

Más allá de la demora en la reestructuración, por la pandemia y la escalada de la política, los precios de los bonos lejos de recuperarse como era la expectativa, cayeron. El problema principal es que sobran pesos y faltan dólares en el Banco Central por eso el contado con liquidación vale tanto más de lo que costaba en 2017.

Lo que terminó disparando la brecha después del 15 de septiembre fue el cambio de los controles de capitales. Hubo una aceleración de la dinámica de la brecha, algunas medidas reactivas de la política para intentar estabilizar pero no funcionaron. Entregaron el dólar link y una suba de la tasa de interés en cuotas. Avanzaron con el canje pero generaron un cambio en esa dirección.

Finalmente la política parece que se alineó. Fundamentalmente fue la carta de Cristina el 27 de octubre cuando señaló que para resolver el problema de la disparada del dólar se necesita lograr un consenso político. Sin embargo, a partir de esa carta hubo, por un lado, toma de tierras y, por el otro, progresos hacia el acuerdo con el FMI porque vino la misión del Fondo. Avanzaron en los aumentos tarifarios, nombraron el secretario de energía, se encaminó la implementación del Plan Gas y anunciaron que se achicarían sensiblemente los programas que habían disparado el déficit fiscal, fundamentalmente el IFE y los ATP. Dieron señales fiscales al anunciar que se iba a llegar a un acuerdo con al Fondo.

Sin embargo, hoy, los tres problemas que existían siguen existiendo. Sobran pesos, faltan dólares y los bonos cotizan al 40%. La contención de la brecha sigue siendo a expensas del balance del Banco Central.

La expectativa está puesta en el Fondo Monetario, pero el acuerdo se postergó a marzo o abril del año que viene.

El desplome del nivel de actividad de este año, desde cuando tuvimos la cuarentena más estricta en abril con una caída del 26%, hasta el último dato del 7% interanual, va a plantear una caída en una zona del 10% que va a dejar un arrastre estadístico positivo para el año que viene entre el 3% y 4%.

La agenda de cara al año que viene es complicada porque es un año electoral. El Gobierno quiere llegar con la inflación lo más contenida posible y la economía creciendo lo más posible. Pero será con un Banco Central muy deteriorado y con un agujero fiscal muy grande. La economía sigue necesitando pesos y persiste una brecha cambiaria que presiona sobre el balance del Banco Central.

La pérdida de reservas continúa a menor ritmo, pero continúa. Lo que vaya a pasar el año que viene va a depender, en gran medida, de si el Gobierno logra aprovechar el acuerdo con el Fondo para estabilizar o será un intento de seguir fugando hacia adelante y termina configurando una aceleración brusca de la nominalidad que aborte la recuperación.

Los escenarios están muy abiertos. Cualquier pronóstico es ciencia ficción pero el escenario requiere tomar decisiones duras que producen un desajuste con la política.

Share Button