Equilibrio entre la Nación y las provincias – Juan Curutchet

Presidente de Banco Provincia de Buenos Aires

 

En los últimos cuatro años se hicieron avances sustanciales en el equilibrio de las cuentas públicas. Hay que perseverar por ese rumbo, que llevará a una inflación a la baja, solidez fiscal y confianza.

A la hora de hacer un balance de la economía en estos cuatro años podemos decir que tenemos índices negativos en materia de inflación y de pobreza, mixtos en materia de empleo –porque ha habido creación neta de empleos a pesar de un deterioro en el plano industrial– pero se han hecho avances sustanciales en el equilibrio de las cuentas públicas.

Hoy tenemos un contundente superávit de la balanza comercial y estamos cerca del equilibrio en el déficit fiscal primario. Creo que hay que perseverar por ese rumbo y eso nos va a llevar a una inflación a la baja, solidez fiscal y confianza que va a generar un ciclo virtuoso de crecimiento.

Es preciso recordar que en estos últimos años la evolución de los problemas fiscales de la Argentina tiene un correlato con la foto de la política tal como la dispuso el electorado. Es decir, Mauricio Macri gobernó en minoría en ambas cámaras y con la mayoría de las gobernaciones en poder del peronismo o fuerzas afines. La negociación parlamentaria para aprobar leyes importantes significó costos fiscales que hicieron que, después de cuatro años, las provincias estén, en su mayoría, notoriamente más equilibradas, al igual que los municipios. Por el contrario, generó un déficit importante para el gobierno federal, que además afrontó la reducción de algunos impuestos. Esa es la carga que pesa sobre la economía argentina y la que condujo al aumento de la deuda pública.

Creo que lo que está sobre la mesa, como tantas veces en la historia argentina, es el equilibrio entre las necesidades fiscales de la Nación y de las provincias. Es un desafío que va a enfrentar Alberto Fernández.

El equilibrio fiscal va a estar atado a una exitosa reestructuración de la deuda pública y, en la medida que esto se haga en un marco consistente, se va lograr paz cambiaria e inflación a la baja. Si esos cuatro temas se resuelven favorablemente va a mejorar sensiblemente el bienestar de la población. De otra forma, puede que tengamos un veranito pero no superemos los problemas estructurales que el país arrastra desde hace 80 años.

Hay un argumento para el optimismo y la esperanza. Cuando vemos el contexto regional tenemos que reconocer que Argentina ha podido renovar el mandato de sus dirigentes en el medio de grandes tensiones socioeconómicas pero en un clima de paz y armonía. Parecieran haberse sentado las bases de un incipiente esquema bipartidario de dos grandes coaliciones. Si bien todavía es prematuro, esto puede ser el origen de un ciclo político de más equilibrio que las manifestaciones hegemónicas que tuvimos en el pasado.

El sistema financiero, por su parte, atravesó dos períodos. Uno hasta el inicio de la crisis cambiaria en abril de 2018 donde el sistema bancario argentino empezó a encarrilar una importante modernización de productos y procesos de la mano de la digitalización, al mismo tiempo que crecía a un ritmo cercano al 25% anual en términos reales. Después de la crisis, dejó de crecer y empezó a sufrir un estrés importante del cual probablemente recién ahora esté empezando a salir.

Va a ser fundamental de cara a futuro poder recuperar la confianza, principalmente en la moneda nacional, porque sino los bancos tenemos poca materia prima. Hoy en día tenemos un sistema solvente, sano, pero insuficiente para apalancar el desarrollo nacional. El desafío va a ser expandir el crédito al sector productivo y hacerlo de manera tal que el ahorrista no quede desincentivado para llevar los depósitos a los bancos.

Por nuestra parte, el Banco Provincia aumentó su patrimonio neto en moneda constante más del 50% desde 2015 hasta finales de 2019 por lo que, si bien siempre quedan muchas cosas en el tintero, siento que dejamos un banco mucho más fuerte que el día en que entramos.

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