Inversiones en tendencia positiva

Viene siendo impulsada por el sector energético, el agrícola y la construcción a partir de la obra pública. Especialistas consultados por NBS Bancos y Seguros advirtieron que hay que resolver el déficit fiscal y bajar la presión tributaria para consolidar un ciclo virtuoso de inversión y crecimiento en los próximos años.
Durante 2016 se produjo un retroceso en la inversión en la Argentina. Según datos oficiales, el año cerró con una inversión equivalente al 19% del PBI. Se trata de uno de los valores más bajos registrados en la región y el más bajo a nivel nacional desde 2009 cuando, en el contexto de la crisis financiera global, había caído a un 17,9%.

La cifra fue el resultado de una caída interanual del 5,5% en la formación bruta de capital fijo con relación a 2015, con un descenso pronunciado en los últimos dos trimestres del año, cuando se registraron retrocesos del 8,2% en el tercer trimestre y 7,7% en el último. En 2015 la relación entre inversión y PBI había cerrado en un 19,6%.

Sin embargo, en el 2017 este escenario está en camino a revertirse. Los economistas consultados por NBS Bancos y Seguros coincidieron en que en los primeros meses de 2017 se empezó a verificar una tendencia positiva en la inversión privada y se registraron desembolsos importantes por parte del sector público en obras de infraestructura.

Según el análisis del economista Gabriel Rubinstein, “estamos notando un aumento, en general, de la inversión pública y privada que llegaría a un 21% del PBI para este año”.

Pablo Rojo es aun más optimista: “Si estuvimos en el 19% el año pasado, vamos estar 3 o 4 puntos arriba. La inversión estará este año en el 23 o incluso 24% del PBI”.

En la misma, línea Marina Dal Poggetto, directora del Estudio Bein & Asociados, indicó que “la inversión empieza a recuperarse este año por dos factores: por un lado, por la obra pública concentrada en la construcción y, por el otro, por la de aquellos sectores que recibieron fuertes señales de mejoras en los precios relativos. En este sentido, hay un crecimiento de la inversión en el agro, pero fundamentalmente en transporte y distribución de gas y va a haber algo también en extracción de gas y petróleo y en minería”.

“Sin duda va a haber algo de crecimiento por dos razones fundamentales: una, porque el 19% es extraordinariamente bajo. Con ese nivel, ni siquiera se está reponiendo el capital que entra en obsolescencia cada año. Además, se va empezar a notar un crecimiento fuerte en el sector energético, especialmente en energías renovables donde hubo importantes licitaciones, y también va a haber un repunte muy fuerte en el sector agropecuario, que ya se está viendo en la venta de maquinarias y otros instrumentos. Asimismo, va a haber buenas noticias por el lado de la construcción y la obra pública y tengo la impresión de que el deterioro que se venía dando entre 2013 y 2015 en el sector industrial va a encontrar un piso. Quizás haya un rebote”, agregó Rojo.

“La suma de la inversión del sector energético, energías renovables y el campo y el hecho de que se haya reactivado la obra pública y la construcción en general, combinado con que la inversión industrial ya tocó el piso, me conducen a pensar que vamos a tener una recuperación significativa, en general, de la inversión para el 2017”, enfatizó.

Rubinstein coincidió en que “los sectores que crecen están asociados al agro, como las maquinarias agrícolas. Lo mismo con las energías renovables. Todavía se ve poco en Vaca Muerta, pero empieza a moverse. Habían previsto unos 7 mil millones de dólares pero llegarán unos 3 mil millones de dólares. Esos son los sectores más dinámicos”.

Dal Poggetto reforzó lo indicado por sus colegas: “en Vaca Muerta empiezan a destrabarse proyectos porque se va a asegurar un precio del gas de 7,5 dólares, y en energías renovables también va a haber inversiones porque es precio asegurado, lo mismo en las centrales térmicas. La inversión se está moviendo ahí donde hay señales de precios muy significativas”.

En esta primera parte del año, tanto la inversión pública como la privada vienen aportando en forma equitativa.

Rubinstein señaló que ambas “están contribuyendo positivamente aunque no de manera eufórica. Después del parate de la obra pública, ahora viene repuntando bastante y esperamos que se consolide”.

Una inversión insuficiente para un crecimiento vigoroso

Así como los economistas consultados fueron unánimes en la previsión de un crecimiento de la inversión sobre el PBI para este año, también lo fueron en que el nivel de inversión que se alcanzará aún es insuficiente para motorizar un proceso de crecimiento vigoroso.

Marina Dal Poggetto sostuvo que “no pasás a invertir de un 15% al 25% de un golpe o a un 45% como invierte China. Para que pase eso, necesitas que la inversión crezca muchísimo más rápido que el crecimiento de la economía. Países que invierten entre 15 y 18 puntos son países que crecen 3 puntos, países que invierten arriba de 20 puntos sobre el PBI pueden crecer un 4,5 o 5%, y los países que más crecen son los que más invierten. En China el problema es exactamente el contrario de la Argentina: cómo pasan de un modelo de crecimiento vía inversión y del sector externo a uno basado en el consumo interno. En Argentina es cómo pasas de un modelo de crecimiento vía consumo a uno vía inversión. Hay una cuestión cultural, de distribución del ingreso y del peso del Estado para resolver”.

En concordancia con su colega, Rojo enfatizó que, “para lograr un crecimiento sólido y con creación de empleo, se necesita un 30% de inversión sobre el PBI. La creación de empleo implica un gasto en capital para equipar un puesto de trabajo. Eso es maquinaria e infraestructura. Con niveles de inversión por debajo del 25%, dada la productividad del capital en nuestro país, el proceso de creación de empleo no puede ser muy vigoroso”.

Gabriel Rubinstein, por su parte, opinó que “la economía argentina tiene baja productividad en general y, por eso, crecer a más del 3% es muy difícil. No podemos hablar de un número mágico de 21, 22 o 23% y que eso garantice un crecimiento del 5%. Se necesitan muchos años de aumentos de productividad para que pasemos de tasas de potencial crecimiento del 3% a un potencial crecimiento del 4%, o mayor. Argentina viene de largos períodos de baja productividad y eso cuesta remontarlo”.

Dal Poggetto agregó que, “para que una inversión sea rentable, el flujo de fondos tiene que ser razonable contra una tasa de interés. Con el cambio de gobierno, la tasa de interés en dólares cayó. Por lo tanto, los proyectos que se pueden financiar afuera tienden a tener más viabilidad económica que antes, sobre todo cuando por el lado de los flujos de fondos diste fuertes señales de precios. En los sectores energéticos tenés la doble composición: una caída de la tasa de interés porque cayó el riesgo país en la Argentina y, en simultáneo, una mejora muy significativa en el flujo de fondos por encima de los aumentos de costos que tuvo toda la economía por la dinámica de las tarifas y la decisión de que el aumento vaya más a mejorar la hoja de balance de las compañías que el déficit fiscal. Pero en el resto de los sectores es más difícil. Por ejemplo, si se quiere tomar la decisión de poner una planta textil en la Argentina no hay flujo que dé”.

Presión tributaria y déficit fiscal

En este contexto, los especialistas consideran que el Gobierno aún debe avanzar en un conjunto de cuestiones para generar un contexto más favorable a la inversión y al crecimiento de la economía en los próximos años.

Rojo opinó que “tendría que haber una mejora significativa de la rentabilidad del capital, lo cual en las condiciones actuales implica una baja fuerte de los impuestos que gravan a la producción y que son los que determinan la baja de la competitividad de la economía argentina. Deberíamos tener menos impuestos distorsivos, como ingresos brutos, cargas sociales e impuestos a las transacciones, que liberen recursos que vayan a la inversión productiva”.

“El Gobierno dice que va a trabajar en esa dirección, y en parte lo hizo. Un impuesto distorsivo es el de las retenciones a las exportaciones. No cabe duda de que hay una relación de causa y efecto entre la reducción de las retenciones y el aumento de la venta de maquinarias en el campo. También la baja de las retenciones de las exportaciones industriales contribuye, pero fue mucho más baja. La presión impositiva en la Argentina con el kirchnerismo alcanzó niveles estrafalarios. Es virtualmente expropiatoria y eso es un obstáculo para la inversión”, remarcó el economista.

Para Rubinstein, “se necesitan muchos años de reglas de juego amigables a la inversión, bajar un poco los impuestos y que no haya medidas del tipo del cepo cambiario. Que se persista en el camino que inició este gobierno durante años y con cambios de gobierno y que ya nadie piense que vaya a haber riesgos expropiatorios o una amenaza de subas de impuestos alocadas o que no se puedan mover las utilidades. Las empresas necesitan que esos nubarrones se despejen”.

Los economistas también se refirieron a la necesidad de reducir el déficit fiscal para corregir el atraso cambiario que también viene afectando negativamente a la inversión.

Dal Poggetto puntualizó que, “más allá de la volatilidad, como se vio con lo de Brasil y Estados Unidos, el atraso cambiario surge del esquema de financiamiento. Mientras tengas un déficit fiscal muy grande financiado con dólares del exterior, la presión sobre el tipo de cambio es inevitable. No hay un escenario de adelanto cambiario con esta brecha fiscal y financiamiento en dólares”.

Rojo coincidió en que “mientras no se reduzca el déficit fiscal y eso dé lugar a una reducción del endeudamiento externo es difícil actuar sobre el atraso cambiario.”.

Para Rubinstein, “hay cierto atraso cambiario que hace que no haya ganas de vender dólares para invertir y eso afecta la inversión. Para los inversores, sería mejor que el dólar esté a 19 o 20 pesos y que no salga tan caro invertir en la Argentina. Sin embargo, no hay visos de que esto se pueda mejorar. Ese cambio sólo podrá encararse una vez que la inflación sea muy baja durante un tiempo. De todas formas, no es un problema dramático que haga que nadie quiera invertir en la Argentina”.

Respecto a la crisis política de Brasil, los economistas no advierten, por el momento, que vaya a modificar el panorama ni de la economía brasileña ni, por ende, de la local.

Rojo indicó que “la recuperación de la economía brasilera va a terminar siendo independiente de los avatares de la crisis política. Sin duda, la crisis política no ayuda a la recuperación y puede entorpecerla, pero en una economía tan grande como la de Brasil no es un factor determinante. La recuperación brasilera también tiene fundamentos externos y ha habido una recuperación de los precios de sus exportaciones y una reversión de la tendencia macroeconómica internacional. La economía norteamericana está en fase expansiva y las europeas han salido definitivamente de la recesión con más fuerza de lo que se pensaba. China e India están creciendo al 6% y 7% y son factores muy expansivos para economías como la de Brasil y Argentina. Son factores más gravitantes que la crisis política de un país”.

Rubinstein también cree que “la economía está superando bien el trance político en Brasil. Las expectativas son favorables. Se está encapsulando bastante bien: lo político va por un lado y lo económico, por el otro”.

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