La economía ante el fantasma de la fuga

Aunque la salida de divisas está limitada por el régimen de control de cambios el estatismo frena el ingreso de inversiones. También la brecha cambiaria plantea una amenaza en el horizonte.

 

El fantasma de la fuga de capitales en la Argentina es un mal recurrente. Sus causas son múltiples: la primarización de la economía, la volatilidad del mercado cambiario y la debilidad de la moneda local como refugio de valor. Tanto se agravó este problema en el último período que Mauricio Macri tuvo que concluir su mandato con un régimen de restricciones cambiarias.

Un informe publicado por el BCRA a mediados del mes de mayo da cuenta de que, durante los últimos cuatro años, compraron divisas 6,7 millones de personas humanas y más de 85.000 personas jurídicas; aunque un 30% del total de los dólares adquiridos (24.600 millones de dólares) se concentró en apenas cien agentes.

Aunque las restricciones cambiarias redujeron el impacto de la formación de activos externos (tal es su nombre técnico), fue al costo de una fuerte brecha cambiaria y la generación de, al menos, cinco tipos de cambio entre los legales y los no oficiales que aún persisten.

 

Definición del problema

Según Daniel Artana, economista jefe de FIEL, primero hay que resolver qué se entiende por fuga de capitales: “Es un concepto complejo. Se puede analizar el movimiento de dólares del sector privado, el movimiento de inversión extranjera, el financiamiento de empresas con préstamos o la acumulación de ahorros de los argentinos en el exterior. De todas formas, el neto del financiamiento de empresas con inversión extranjera directa también fue negativo en los primeros cinco meses del año”.

Matías Rajnerman, economista jefe de Ecolatina, aclaró que, por ejemplo, la operatoria del contado con liqui “no tiene mucho que ver con la fuga” porque los dólares con los que se desarrolla la operación se encuentran en el exterior. Sin embargo “tiene otros impactos que pueden generar un problema de oferta neta de divisas en el mercado formal, que es lo que efectivamente provocó”. 

 

Motivos y las medidas

Ante esta situación Artana, señaló que “la Argentina tiene fuga de capitales desde que empezó la crisis hace como dos años”. Y aseguró: “Los argentinos siguen comprando y dolarizando una parte de sus ahorros porque no confían en los instrumentos de ahorro en moneda nacional como sí ocurre en otros países. Y, además, porque la situación macroeconómica es muy complicada. En este escenario es muy difícil que haya gente dispuesta a ahorrar en pesos”.

Para Orlando Ferreres de la consultora OF & Asociados, la fuga ahora no está representando tanto problema: “Porque con los tremendos cepos que hay es difícil hacer una transferencia. Son 200 dólares que no plantean un cambio de tendencia. Por ese lado no se nota ningún perjuicio para la economía Argentina”.

Eso se explica, según Matías Rajnerman, economista jefe de Ecolatina por las restricciones, no porque se haya generado confianza en las condiciones locales: “No fue por las buenas, lo cortamos por las malas”. 

Incluso así, para Artana las restricciones cambiarias permiten a los gobiernos ganar tiempo para resolver los problemas de fondo. Pero, continuó, “si uno se enamora de las restricciones los problemas no se resuelven. El mejor ejemplo es el control de cambios de 2011 a 2015, cuando la economía no creció y se comieron todas la reservas del Banco Central a pesar de que tuvieron bastante tiempo sin problemas de deuda”.

 

Consecuencias

Para Orlando Ferreres, las restricciones cambiarias vienen de la mano de una posible fuga por inversión extranjera directa: “Hay movimientos de capitales que pueden dirigirse a distintos países como, por ejemplo, Uruguay. Otros países dan mayor seguridad de la que puede haber en la Argentina”.

Otro problema es la brecha en el mercado de cambios. Y su ampliación equivale a expectativa de devaluación. “Hay dólares paralelos mucho más caros que el oficial porque hay mucha incertidumbre”, interpretó Ferreres.

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