La Reserva Federal de Estados Unidos levantó el pie del acelerador

Los países en vías de desarrollo podrán acceder mejor al crédito pero la Argentina todavía arrastra un escenario de incertidumbre.

La disputa entre el primer mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, había llegado demasiado lejos. La presión de Trump para que el Banco Central revisara su política de suba de las tasas de interés llegó al punto máximo cuando en octubre declaró que el directorio de la entidad estaba “fuera de control” e incluso que sus funcionarios “se volvieron locos”. La presión del poder político sobre la independencia del Banco Central está a la vista. No es un asunto reservado al hemisferio sur.

La tasa de interés de referencia del organismo se mantuvo congelada entre 0% y 0,25% desde finales del 2008, en plena crisis financiera, hasta fines de 2015 cuando se tomó la decisión de comenzar a subirla. Esta suba fue lenta, primero, pero se intensificó a partir de 2017 y alcanzó el actual rango entre 2,25% y 2,50% en diciembre del año pasado.

Para el presidente norteamericano, embarcado en una guerra comercial sin cuartel contra China y el resto de las potencias económicas, una mayor suba de las tasas de interés implicaría, por un lado, una pérdida de competitividad de su economía por el fortalecimiento de la divisa norteamericana y, por otro lado, un lastre para la reactivación de su propia economía.

Pero la sangre no llegó al río puesto que fue la propia Reserva Federal quien en la reunión de finales de enero eliminó la referencia a futuras subas de las tasas de interés que se había hecho en los comunicados anteriores y señaló que será paciente a la hora de establecer su política monetaria. Powell, además, indicó que el escenario para subir las tasas de interés se debilitó.

Para Mario Blejer, ex presidente del Banco Central de la República Argentina, lo que se está viendo “son cambios sobre los cambios. La novedad no es la tendencia a normalizar las tasas de interés sino a ponerle freno a esa normalización”. Es que, para el especialista, “hay una pequeña disidencia entre lo que el gobierno americano quiere y lo que la Fed intentaba hacer”.

De hecho, según su visión, “uno de los motivos por los que se frenó la normalización fueron las presiones políticas. Inicialmente la Fed tenía un plan más coherente. Puede haber habido alguna actualización de los datos de la economía real pero lo lógico es creer que hubo una presión política para evitar que se agote la recuperación”.

Jorge Castro, presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico, también considera que “lo que hace Powell es seguir lo que el presidente Donald Trump le había pedido. Trump no quería que aumentaran las tasas porque la economía norteamericana está experimentando un boom de características históricas”.

Es que, según Castro, “la economía generó 350.000 puestos de trabajo nuevos, con una tasa de desocupación del 3,7%, que es la más baja de los últimos 50 años, y una tasa de crecimiento del 3,5% anual y, lo más importante, hubo un aumento de 2,9% de los salarios reales. Es la primera vez que sucede en diez años”.

Miguel Kiguel, director de Econviews, coincidió: “Hubo presión política. Obviamente que hay problemas en el mundo y que la Fed, por ahora, no tiene presiones de inflación demasiado fuertes pero es indudable que el cambio en el discurso tuvo que ver con ciertas presiones políticas”.

Luis Palma Cané, director de Fimades, señaló que espera que lo que sucedió no haya sido el resultado de las presiones de Donald Trump: “Sería extremadamente imprudente, porque si algo se ha respetado en los Estados Unidos ha sido la independencia de la Fed respecto a la administración que esté en el gobierno”.

Para el especialista, “Trump fue muy imprudente al decir que la Fed estaba en contra del crecimiento y, lo más grave, cuando dijo que estaban todos locos. La frase fue muy fuerte, no sé si la tomaron en cuenta”.

El economista indicó: “Se trata de un cambio muy significativo. Hasta esta reunión se esperaban dos subas más como mínimo de la tasa de interés. La Fed advertía que la inflación se estaba acelerando y la economía recalentando. Pero los indicadores de noviembre, diciembre y principios de enero dieron por tierra esa idea. La inflación se colocó en el 1,8% y hubo claros indicios de una desaceleración de la economía y no de un recalentamiento”.

Precisamente, más allá de los motivos, los economistas coincidieron en que se trata de una decisión acertada.

Palma Cané sostuvo: “Cambiaron las condiciones macroeconómicas y eso es lo que llevó adecuadamente a la Fed a levantar el pie del acelerador de la suba de tasas”.

Según Blejer: “En una recuperación de una crisis de la magnitud que hubo es mejor la prudencia que lo contrario. Una vez que se empieza recuperar el producto, abortar ese proceso puede traer consecuencias negativas. Ser prudente es una buena idea”.

El ex presidente del BCRA agregó: “Hay mucha incertidumbre en los Estados Unidos acerca del vigor de la recuperación. Ese es el punto fundamental. Mirando los números, la economía parece extremadamente sólida porque viene cayendo el desempleo a niveles que hace mucho tiempo que no se veían pero hay incertidumbre sobre cuán duradero es”.

Jorge Castro sostuvo: “Un dato fundamental para tomar en cuenta es que en Estados Unidos prácticamente no hay inflación. La tasa de inflación de la principal economía del mundo, que explica el 25% del PBI global, el año pasado, en pleno proceso expansivo, fue de 1,8%. Menos del 2% previsto por la Fed como camino para evitar el riesgo de deflación”.

Por eso, para Castro, “en estas condiciones todo intento de aumentar la tasa de interés podía provocar un cambio en las expectativas del mercado y frustrar el ciclo expansivo de alto crecimiento que experimenta el país desde hace dos años. Por eso, es una decisión absolutamente acertada, que se impone por los datos de la economía real norteamericana”.

Kiguel coincidió: “Si sube mucho la tasa de interés le pega a la bolsa, a los activos y se para el ciclo de crecimiento, que es lo que a Donald Trump le sirve políticamente para una potencial reelección. Todo político quiere que la economía crezca”. Para el analista, sin embargo, se trata de un fenómeno normal: “Siempre hay una tensión entre el poder político y el poder más técnico. Existe en todos los países”.

Más allá de esa valoración, sostuvo: “La decisión en este momento parece acertada, sobre todo para darle tranquilidad al mercado financiero internacional. Una suba de tasas podría haber generado mucha más volatilidad. Va a pasar en algún momento pero claramente ayudó mucho a la estabilidad financiera internacional, en general, y a los emergentes, en particular”.

El panorama para el 2019

Si bien las autoridades de la Fed señalaron que actuarían con mayor prudencia, en ningún momento aseguraron taxativamente que no habría ajustes en las tasas de interés durante todo el año.

Consultado sobre qué se puede esperar en este sentido, Blejer señaló: “En estas condiciones, habiendo anunciado que van a ir más despacio, podrían hacer algún leve ajuste marginal, si cambia la información, pero caso contrario creo que no va a haber movimientos”.

En la misma línea, Kiguel consideró: “En principio lo que se esperaba era que hubiera dos o, incluso, tres subas este año. Ahora se espera que no haya ninguna, a menos que haya un cambio en la inflación”.

Palma Cané coincidió con sus colegas: “Se cambió esa política de dos o tres subas anuales por una política mucho más ‘paloma’. De ahí la famosa frase acerca de que la Fed va a tener toda la paciencia necesaria para seguir con su política de tasas. Pero no dicen que las van a bajar sino que van a ser más prudentes y laxos a la hora de subirlas. De todos modos, si todo sigue así, el escenario más probable es que no haya más subas de tasas, por lo menos este año”.

De todos modos, el analista advirtió: “La Fed dijo siempre que no hay un plan predeterminado en la suba de tasas sino que va a estar en función de la marcha de la economía y especialmente de lo que pase con la inflación y el nivel de empleo. Hoy estamos en pleno empleo y la inflación está en 1,8%. Si la inflación salta al 3% no van a tener problema en subir rápidamente las tasas. El ciclo de ajuste no está terminado. Lo único que dice la Fed es que va a ser más lento”.

Una buena noticia para los mercados emergentes

El giro en la política de la Fed ha motivado el regreso de los capitales internacionales a las economías emergentes, luego de un 2018 con ciertas dificultades. Esto se ha sentido, incluso en nuestro país, en estas primeras semanas del año.

Blejer destacó: “La decisión de la entidad monetaria norteamericana claramente favorece a las economías emergentes. La normalización hacía subir el costo de capital restringiendo las fuentes de financiamiento para las economías emergentes. Una reversión alivia las tasas internacionales”.

Para Palma Cané, “es muy importante para las economías emergentes porque las tasas de interés de la Fed, de alguna manera, indican el sendero de la tasa de interés que rinden los bonos de diez años que son los que marcan la tendencia del costo del endeudamiento internacional. El riesgo país rinde la diferencia entre ese bono a diez años y el del bono a diez años del país que está analizando ese riesgo país”.

El economista agregó: “En este nuevo contexto, las empresas van a mejorar sus balances y los países emergentes van a mejorar su déficit financiero, que es el que incluye el pago de intereses. Para los mercados bursátiles también es positivo porque, al ser más clara la tendencia a la mejora de los balances, mejora la probabilidad de que la bolsa siga siendo positiva. Siempre hay que seguir de cerca la política monetaria de los Estados Unidos porque marca el sendero del sistema financiero internacional.”

Kiguel, coincidió: “Al no subir, las tasas en el mundo siguen bajas y ayudan a las acciones, a los bonos, y el flujo de capitales estimula la inversión y el crecimiento. Para los mercados emergentes es una buena noticia y para la Argentina también aunque, por ahora, con estas tasas de interés y con este riesgo país alto, no lo podemos aprovechar a full, pero mejor así”.

Castro destacó: “Para las economías emergentes, el impacto es fundamental, por el hecho de que hay un proceso de apreciación del dólar, que ha subido más de un 20% en los últimos dos años. Esto se debe a que la economía norteamericana está experimentando un crecimiento económico de extraordinaria magnitud”.

El presidente del Instituto de Pensamiento Estratégico agregó: “La tendencia en los países emergentes, sin excepción, es que los dólares que necesitan para financiar las altas tasa de importaciones acordes con una alta tasa de crecimiento tienden a dirigirse hacia los Estados Unidos y el país emergente más afectado por esta tendencia es la Argentina porque es el país más dolarizado del mundo”.

Los economistas coinciden, de todos modos, en que el efecto sobre nuestro país va a ser limitado, dado que los problemas que presenta nuestra economía van más allá del contexto internacional.

Blejer destacó: “Esto le viene bien a nuestro país en la medida en que tenga acceso a los mercados pero la Argentina tiene problemas de riesgo país que son muchos más importantes en términos cuantitativos que lo que puede ser la tasa básica”.

Kiguel coincidió: “Si las tasas fueran más altas sería peor pero esto no termina de despejar la incertidumbre en la Argentina”.

Para Palma Cané, el país presenta una gran incertidumbre “provocada por el proceso electoral. La incertidumbre no se refiere a la tasa de interés sino a cuál va a ser el resultado de las elecciones: si vuelve el populismo o si sigue Macri. Y en el caso de que siga Macri si de una vez por todas va a hacer las reformas estructurales que necesita nuestro país”.

Castro, por su parte, destacó: “La cosecha de grano que se avecina, según los datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, tomando en cuenta lo ya sembrado, es de 140 millones de toneladas, la más grande de la historia del país. Representa un ingreso de 33.000 millones de dólares. Es el camino de recuperación de la economía del país”. Además, explicó: “Hay que sumar el hecho de que van a ser cuatro meses de estabilidad monetaria. Se trata del indicador más importante de la economía argentina que no es de modo alguno la tasa de interés sino el valor del dólar estadounidense.”

El billonario pasivo de la Fed

En la reunión de finales de enero Jerome Powell dijo también que el balance de la Fed, con un pasivo de 4,1 billones de dólares, va ser mayor de lo estimado inicialmente y su reducción se va a completar antes de lo esperado. ¿Puede generar esto una mayor inflación a futuro en Estados Unidos?

Para Blejer, “el quantitative easing, la relajación monetaria que se usó para salir de la crisis con una expansión monetaria descontrolada, va a generar más inflación, no inmediatamente pero el aumento de la liquidez debe ir a algún lado. Hasta ahora se ha ido a activos financieros, obras de arte e inmuebles y no a los precios al consumidor. Pero esto tiene que terminar con un poco o mucha inflación”.

Por su parte, Kiguel indicó: “Si bien estas políticas aumentan el riesgo de que la inflación suba, esto puede ser en niveles muy bajos y sin ningún riesgo de que se desboque ni nada por el estilo”.

Castro señaló: “Lo que importa es que ha aumentado la tasa de inversión en los Estados Unidos en más de 3 puntos del producto. Esto significa que el crecimiento está asegurado por la inmensa masa de inversiones provenientes no sólo de empresas norteamericanas sino también de origen trasnacional. Este período de crecimiento excepcional de los Estados Unidos tiene un carácter de largo plazo, de entre diez y quince años”.

Kiguel agregó que la política de la Fed es razonable: “Con un poco más de riesgo inflacionario, por un lado, pero que ayuda a la estabilidad financiera, por el otro”.

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