La inflación, atada al dólar

El índice de inflación de abril fue un punto de inflexión (3,4%) en relación a los niveles registrados en el último año. Los economistas esperan que pueda mantenerse una baja durante el segundo semestre, en tanto el tipo de cambio no tenga grandes fluctuaciones.

El Gobierno celebró con mucho ímpetu el índice inflacionario de abril, y aunque al cierre de esta edición el valor de mayo todavía no se había oficializado, los especialistas vaticinaban que rondaría el 3%. En esta línea, es de esperar que la inflación continúe bajando durante el segundo semestre aunque su comportamiento estará fuertemente ligado a la capacidad del Banco Central (BCRA) para controlar el tipo de cambio.

En diálogo con NBS Bancos y Seguros, Daniel Marx, director de la consultora Quantum Finanzas opinó que, hacia el futuro hay un signo de interrogación con respecto al tipo de cambio. “Hubo varios factores que impulsaron a la inflación. Uno de ellos fue el valor del dólar, el movimiento de los servicios públicos y otros factores que influyeron por contagio. Si el tipo de cambio permanece estable, sin importantes saltos, la inflación debería ir bajando de una manera más persistente”.

A su turno, Juan Luis Bour, economista jefe de FIEL, destacó que el índice de abril es el punto central de un sendero que marcaría una reducción con respecto a meses anteriores, siempre y cuando el BCRA logre mantener la relativa tranquilidad del dólar y se sostenga la suspensión de los ajustes tarifarios.

“El Gobierno está trabajando en tres líneas. La primera es la reducción de la volatilidad del tipo de cambio, para lo que puso un techo al dólar. La segunda línea tiene que ver con la postergación de los ajustes tarifarios que estaban previstos para la segunda mitad del año. Por último, la ratificación de una política monetaria muy dura que permite tener la expectativa de que la inflación pueda converger en un objetivo del 2% mensual para este año, que es un objetivo muy importante para el Gobierno”, afirmó.

En línea con su colega, Martín Kalos, economista y director de Epyca Consultores, opinó que, pese a la baja registrada en abril, la inflación sigue siendo elevada y el problema es el límite que pueda tener el futuro. No obstante, reconoció que la estrategia cambiaria del BCRA ayudó a que los episodios de tensión y devaluación sean menores. “Eso, sumado a que los tarifazos están congelados hasta después de las elecciones, juega a favor de que dos de los principales costos de la economía argentina empiecen a calmarse. Va a caer la inflación, pero va a mantenerse en niveles altos. Es muy difícil que este año tengamos algún mes en el que baje del 2% y eso es todavía una inflación alta”.

Los economistas coincidieron en que el tipo de cambio influyó en la trayectoria de los precios y en que el Gobierno impuso un ancla cambiaria. Para Bour, a principio del año pasado las tarifas fueron el principal motor de la inflación, mientras que en abril y mayo empezó a acelerarse la inflación de bienes, dinámica que continuó este año, producto de la devaluación.

“Según el dato de inflación que medimos en Fiel, en la Ciudad de Buenos Aires, en abril del año pasado la inflación de bienes estaba promediando el 20%. Hoy está en un 57% interanual. Ahí ha habido una aceleración marcada, mientras que la inflación en servicios era más alta (35%) y hoy ronda el 50%. Aumentó, pero menos pronunciadamente que la inflación en bienes”, señaló.

Por su parte, Kalos observó que, de cara a las elecciones, el Gobierno decidió usar el tipo de cambio, implementando un régimen de flotación administrada como ancla y también lo aplicó a las tarifas, que venían muy aceleradas. “Esas son las dos anclas que va a usar el Gobierno. Por otra parte, el tercer precio que va a usar, y por ahora parecería que va ser un ancla, son los salarios, que van subir menos que el resto de los precios. Eso impacta en la calidad de vida pero también ayuda a contener costos y, en consecuencia, a la inflación”.

Alivio preelectoral

En abril el Gobierno decidió suspender el aumento de las tarifas de gas, luz y transporte público y realizó un acuerdo de precios con empresarios sobre 64 productos de la canasta básica, con el objetivo de contener la inflación, activar el consumo y generar una sensación de alivio de cara a las elecciones. Sobre este tema, Marx opinó que las medidas tendrán efecto “siempre y cuando el resto de los precios, particularmente el tipo de cambio, no tenga saltos fuertes y se comporte con movimientos relativamente acotados”.

Sin embargo, Bour señaló que el “congelamiento” debe ser visto como algo transitorio y que los ajustes se reanudarán, probablemente, a partir de diciembre. “No obstante, lo que uno mira hacia adelante es que ya no estamos en la necesidad de ajustar las tarifas en los niveles en los que se hizo en los últimos años, que rondaron entre el 100% y el 150% anual. Sí, hay una decisión política de frenar los ajustes durante el segundo semestre, pero en la medida en que esto sea transitorio, el daño es limitado. Deberá existir un sistema de precios y tarifas públicas que deberían acompañar la evolución de la inflación, de los costos y de la propia devaluación”, señaló.

Para Kalos se trata de una medida completamente electoral, con el objetivo de generar una sensación de mejora del poder adquisitivo en los próximos meses. “Los tarifazos que se reprimieron ahora van a incrementarse después de las elecciones. Es un paliativo de corto plazo para un momento muy álgido de la crisis. Se puede ver de dos maneras: por un lado es una medida electoral y, por otro lado, trae un alivio a muchas familias y pymes que hoy no pueden llegar a fin de mes”.

El escenario preelectoral impactará en la trayectoria de precios de los próximos meses. Según Bour, la incertidumbre que tenemos en la economía deriva de los políticos y “de las dudas en torno a las acciones que van a llevar a delante, tanto el actual Gobierno como la oposición en caso de ganar”. “Eso genera incertidumbre e introduce cierta volatilidad, sobre todo en algunos precios. Nosotros creemos que hay una buena chance de que el Gobierno tenga los instrumentos para tratar de reducir la volatilidad de precios y para lograr que la inflación converja en niveles por debajo del 3% a partir del segundo semestre y, eventualmente, llegue al 2% en el último trimestre del año”, añadió.

Con respecto al programa Precios Esenciales, Marx opinó que el alcance de esta medida no será tan influyente para bajar la inflación: “Una cosa es la inflación y otra es la posibilidad de generar un alivio para los consumidores. La medida tiene un efecto y ayuda, pero no me parece que sea algo determinante. No tiene incidencia directa en el Índice de precios al consumidor (IPC), aunque sí de manera indirecta porque en la medida en se genere competencia con los productos que no están incluidos en el listado, se limita una potencial suba de esos ítems”.
En tanto, Kalos agregó que en otro momento este tipo de medidas tuvieron un sentido productivo pero que “hoy se trata de algo básicamente electoral, que ayuda en el sentido de que algunas familias podrán sentirse más aliviadas en un momento de crisis”.

Para Bour lo central es que el Gobierno trate de estabilizar el tipo de cambio, porque sus vaivenes terminan impactando en los alimentos. “Cuando hablamos de productos básicos, nos referimos a algunos bienes como los alimentos. Allí, lo mejor que puede hacerse es estabilizar y evitar fuertes corridas del tipo de cambio, e ir delimitando el crecimiento de la inflación. El Gobierno no puede hacer demasiado hasta fin de año, salvo evitar una fuerte volatilidad del tipo de cambio y tratar gradualmente de que los ingresos vayan en línea con la inflación”, expresó.

Factores externos

Los economistas coincidieron en que Argentina es un país con los ojos puestos en los mercados externos, situación que de alguna manera impacta en la inflación doméstica. En ese sentido, Kalos opinó que eso se traduce tanto en la importación como en la exportación de bienes.

“Si suben los precios de los alimentos que Argentina exporta, eso se traslada al precio que los productores demandan en el mercado interno. También sucede con lo que Argentina importa, particularmente en precios como la energía. El país todavía importa hidrocarburos y gas: si aumenta el precio internacional del commodity, se complica el abastecimiento interno y suben los precios locales”, sostuvo.

Por su parte, Bour explicó que, si bien la inflación es la resultante de muchos factores, los mercados externos pueden tener incidencia en ella. De todos modos, consideró que los componentes domésticos son los que están generando mayores problemas en este momento.

“La primera cuestión son los factores monetarios internos. En un escenario donde la demanda de dinero se sostiene y los argentinos confían un poco en que se va a reducir la inflación, ayuda a que no suba. Pero a la vez, si los argentinos creen que la inflación no va a caer, entonces huyen del peso y se produce una suba por una caída de la demanda del dinero”, expresó.

No obstante, agregó que un aumento o caída de los precios internacionales obviamente afecta a la economía argentina, aunque mucho más impactan las condiciones del tipo de cambio y, eventualmente, las declaraciones de los candidatos. “En condiciones de estabilidad, los hechos externos son muy relevantes; en condiciones de alta inestabilidad por la propia incertidumbre de la economía derivada de la política, los factores externos tienen un peso algo menor”, detalló.

Consultado sobre si la corrección del déficit fiscal es clave para lograr la desaceleración de los precios, Bour explicó que el déficit es un indicador de que se está gastado por encima de lo que se tiene disponible. “Si se gasta de más, se suma demanda por encima de lo que se puede pagar, entonces se genera deuda. La Argentina tiene que corregir dos indicadores que son un señalamiento de que se está gastando de más: el déficit fiscal y el déficit externo. Estos dos factores son centrales para presionar mucho menos sobre la demanda y llegar a un situación de inflación más moderada”, resaltó.

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