La inflación no cede

El gobierno falló en todos sus pronósticos y ya registra una suba de precios superior al 50% interanual. Economistas coincidieron en el fracaso de la política que se viene llevando adelante para contener la inflación y lo atribuyeron al enfoque meramente monetarista. Proponen una estabilización de shock y acuerdos de precios.

Durante la campaña electoral el actual presidente Mauricio Macri había señalado que “terminar con el problema de la inflación es de las cosas más simples que tengo que hacer”. La frase, esbozada en el programa de Mirtha Legrand, quedó inmortalizada y fue recordada una y otra vez por economistas y políticos de la oposición al calor de la persistente suba de precios. Allí mismo el presidente se preguntó: “¿Cómo puede ser complicado algo que pudo resolver el 99% del mundo?”.

Sin embargo, la Argentina ya ingresó al cuarto año de mandato de Cambiemos sin haber podido controlar el fenómeno a pesar de haberlo abordado de diferentes formas. Primero, fueron las denominadas “metas de inflación” las que no pudieron contener los precios y luego, acuerdo con el FMI mediante, se fijó una política de crecimiento nulo de la base monetaria.

De acuerdo al último Relevamiento de Expectativas de Mercado publicado por el Banco Central, la inflación promedio esperada para este 2019 se ubica en el 32%, por encima del nivel registrado en el 2015, el último año de Cristina Fernández de Kirchner como presidente, que, según la estimación que en aquel entonces difundía el Congreso, fue del 26,9%. El registro más bajo que se alcanzó a lo largo de la gestión de Mauricio Macri fue 24,8% en el 2017.

Distintos economistas consultados por NBS Bancos y Seguros coincidieron en señalar que el enfoque del gobierno, acotado a la política monetaria, no ha sido el adecuado para enfrentar la suba de precios en un contexto de retraso cambiario y de los precios relativos. Ninguno de ellos se animó a establecer un pronóstico inflacionario para el año en curso ni para los próximos aunque sí arriesgaron algunas políticas que podrían servir para efectivamente domar los precios.

El economista Adolfo Sturzenegger, consultado sobre los motivos de la nueva disparada de precios en 2019, señaló: “Sin duda, la corrida cambiaria del segundo semestre del año pasado, con la devaluación nominal del tipo de cambio de alrededor del 100%, influyó decididamente en la aceleración de la inflación. Pero el Gobierno sigue insistiendo equivocadamente con los ajustes de tarifas. Los ajustes de tarifas tienen que suspenderse temporariamente o compensarse con bajas de otros impuestos”.

Para el economista José Luis Machinea, “si algo han mostrado estos últimos seis meses es que con política monetaria sola no alcanza para reducir la tasa de inflación”. El ex presidente del BCRA en el gobierno de Raúl Alfonsín y Ministro de Economía de Fernando De la Rúa puso de relieve la contradicción que enfrenta esta administración: “Lo que sabíamos antes es que poner énfasis solamente en la política monetaria puede reducir la inflación pero a un costo alto en términos de actividad y empleo. Es lo que pasó, por ejemplo, en el año 1959 en la época de Arturo Frondizi como presidente y Álvaro Alsogaray como ministro. Se redujo la inflación pero con una fuerte caída del producto y el empleo. Ahora ni siquiera eso. Hay caída del producto y, a pesar de eso, el apretón monetario ha sido incapaz de reducir la tasa de inflación”.

Por su lado, el ex director del BCRA Arnaldo Bocco destacó: “Hay una confluencia de factores: el primero es que cada vez tiene menos credibilidad el plan económico. Cuando eso ocurre los actores económicos se van independizando. El que sobrevive porque no se lo llevó puesto el plan económico en el proceso de concentración empieza a poner los números que se le ocurren. Encima, hay dos inflaciones. Una es la del precio del supermercado y de los combustibles y después está la que se oculta porque los productos son cada vez más chicos. Hay cero control sobre lo que viene envasado en los productos. Eso es consecuencia de la inflación de costos”.

Por su parte Rodolfo Santángelo, economista de M&S Consultores, destacó: “La última gota que rebalsa el vaso es la devaluación del tipo de cambio del año pasado y que explica este proceso de 2019”. Sin embargo, destacó: “Si lo miramos en un sentido más estructural, analizando los últimos cuatro años, está claro que toda la política macroeconómica, la fiscal y la monetaria, fue incompatible con una política antiinflacionaria”.

Machinea agregó: “Queda demostrado que la inflación, aparte de aspectos monetarios, tiene otros condimentos, en particular los vinculados con la inercia inflacionaria, que es un tema del que han empezado a hablar incluso los economistas que defendían el abordaje monetario del problema. Nosotros ya hablábamos de inercia inflacionaria cuando hicimos el Plan Austral en 1985”.

En la misma línea, Sturzenegger sostuvo: “El enfoque monetarista del Banco Central viene fallando porque hay fuertes inercias inflacionarias en la economía. La mezcla entre devaluación, aumentos tarifarios y desorden en los mercados ha llevado, en un año, a la tasa de inflación del 25% a más del 50%. Hay distintas manifestaciones de dinero endógeno y caídas en la demanda de dinero. Aplican una restricción monetaria pero, al mismo tiempo, cae la demanda de dinero, por lo que la restricción no es efectiva”.

Santángelo destacó: “Desde que está el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional tenemos un plan de emergencia. Inicialmente la inflación venía jugando un papel favorable al Gobierno porque es la manera de licuar el gasto público, bajar el salario real y licuar la cantidad de moneda. Pero en los primeros tres meses del año la inflación tenía que estar por debajo de lo que fue y les está costando bajarla. Estamos en la típica pulseada entre tipo de cambio y salario que tiran los costos hacia arriba y la contracción monetaria que empuja hacia abajo los precios. Todavía no sabemos cómo va a ser el desenlace”.

Bocco coincidió en que “la inflación viene siendo estimulada por el Gobierno, que la usa para compensar la caída de la recaudación. Usa el impuesto inflacionario para compensar la caída de la recaudación porque calculó que la economía caía un 0,5% pero le está cayendo 2,5%”.

El economista agregó: “Por otra parte, debería haber crédito barato, como pasó en el 2009, y recuperación del PBI pero hay una combinación muy compleja: suba del desempleo y baja del salario real y la capacidad de compra, por un lado y, por el otro, un nivel de actividad en caída y cierre de empresas. La distribución de los costos fijos en un contexto inflacionario dolarizado hace que haya menor cantidad de productos”. 

¿Cómo salir del atolladero?

Con todo, los economistas sugirieron algunas políticas que deberían ser efectivas para resolver el problema de los precios en el mediano plazo y que, en definitiva, constituyen las medidas que este gobierno omitió a la hora de encarar su plan económico.

Según Sturzenegger: “En las actuales condiciones se debería intentar con un programa de estabilización de shock que debería mezclar componentes ortodoxos con componentes heterodoxos. De hecho, debería mezclar selectivamente distintos componentes que fueron parte del Plan Austral de junio de 1985, de la Convertibilidad de abril de 1991 y del Plan Real de julio 1994”.

El experto destacó: “En este momento se dan tres condiciones muy propicias para tener una alta probabilidad de éxito en la implementación de un plan de estabilización de shock: primero, por distintas circunstancias, los grandes precios de la economía están razonablemente ‘equilibrados’. Me refiero al tipo de cambio real, al salario real y a otros. Aunque es muy difícil precisar los niveles de equilibrio hoy los encontramos muy cerca de los valores medios para los últimos 15 años. En segundo lugar, tenemos una fuerte recesión, con altos niveles de capacidad ociosa en prácticamente todos los sectores. A esto hay que sacarle una utilidad. Dada esta situación, en una estabilización de shock no se necesitaría controlar ningún precio privado, sólo congelar temporariamente los grandes precios inerciales. Por último, la economía necesita una reducción en su nivel de impuesto, lo que aportaría al programa de estabilización un contenido deflacionario”.

José Luis Machinea, por su parte, aseguró: “Se puede apostar a acuerdos de precios. Por ejemplo, en la época de Adalbert Krieger Vasena en los 60 los hubo con las grandes empresas. Algo tiene que ayudar a parar la inercia inflacionaria y eso no puede ser solamente los salarios. Nadie tiene la capacidad de controlar todos los precios de la economía pero una medida de ese tipo ofrece un tiempo para bajar la inercia inflacionaria”.

Arnaldo Bocco propuso: “Desdolarizar por lo menos el endeudamiento externo. Brasil tiene un mercado de cambio estable porque tiene toda su deuda externa colocada en reales. Los tenedores de deuda no especularían porque pierden de esa manera. La Argentina siempre ha seguido los peores caminos en materia de deuda”.

Santángelo, a su vez, señaló: “La tarea del próximo gobierno ya no es sólo bajar la inflación sino un programa completo de reformas económicas. Si no, vamos a seguir teniendo inflación como hasta ahora”.

Ante la consulta sobre la compatibilidad de una política antiinflacionaria efectiva con el establecimiento de un tipo de cambio flotante, los economistas consultados destacaron que habría que aportar flexibilidades.

Rodolfo Santángelo explicó: “Al tipo de cambio flotante lo impone la realidad porque la Argentina no tiene reservas. Dice que tiene 68.000 millones de dólares pero 51.000 millones son prestados. Querer controlar el tipo de cambio con reservas prestadas es como ir al casino con plata ajena”.

Con todo, aceptó que “una pregunta lícita es si tenemos que tener un mercado de cambio totalmente libre, con libre acceso de ingreso de capitales y libre acceso a la salida de capitales. Una política económica mucho más seria habría sido mantener controles macro prudenciales regulatorios, que acá lamentablemente se los confunde con el cepo. En la Argentina se discute cepo o libertad cambiaria pero en el mundo hay cosas intermedias”.

Machinea afirmó: “Es más difícil bajar la inflación con un tipo de cambio flotante pero por ahora hay un programa con el FMI que exige ese régimen cambiario. No estoy en contra del tipo de cambio flotante pero la banda debería ser más estrecha”.

Por su parte, Sturzenegger destacó que, en su propuesta de shock, “en lo cambiario el programa consistiría en llevar la zona de no intervención a cero, fijando el tipo de cambio durante un año con la intervención del BCRA que sea necesaria. Esto combinaría una expectativa de tipo de cambio nominal fijo con una alta tasa de interés, una especie de supercarry trade, que significaría tranquilidad cambiaria. Después, se generarían fuertes descensos en las tasas de interés tanto nominal como real”.

Una “herencia menos pesada”

Teniendo en cuenta que, a diferencia de finales de 2015, cuando asumió este gobierno, se ha avanzado relativamente en la solución de algunos de los problemas estructurales como el atraso cambiario, el déficit primario y los precios relativos, los economistas fueron consultados acerca de si las condiciones actuales son más propicias para contener el fenómeno inflacionario.

Machinea reconoció: “El próximo gobierno va a tener una herencia menos pesada desde ese punto de vista porque no va a tener que corregir los precios relativos de las tarifas y tipo de cambio. Eso permite pensar con mayor libertad en un programa antiinflacionario. Antes podría haberse pensado pero con esas dificultades”.

El ex ministro de economía añadió que precisamente: “Uno de los errores del Gobierno fue subestimar el problema. Cuando aseguró que bajaría la inflación inmediatamente subestimó el impacto que tiene corregir precios relativos. Tenían que aumentar tarifas y tipo de cambio y pensaron que se podía reducir la inflación. La experiencia argentina demuestra que cuando hay un cambio de precios relativos de esa magnitud es muy difícil reducirla. La otra cosa que falló es el enfoque: un programa más integral que incluyera los temas fiscales o monetarios debió incorporar algún acuerdo de precios o medidas de distinto tipo que hubieran ayudado”.

A la hora de hacer previsiones para este año, Machinea señaló: “Esos pronósticos son muy difíciles. Hace 15 días habría dicho que la inflación se desaceleraría a partir de abril pero el pequeño salto del tipo de cambio plantea dudas”.

Bocco, por su parte, señaló: “En 2019 va a estar cercana al 40%. Hacia adelante dependerá de lo que haga el próximo gobierno, que tiene que tomar muchas decisiones que hacen a la recuperación de la economía, empezando por la recuperación del salario, el empleo, el nivel de ingreso y renegociar el paquete de endeudamiento externo. Va tener que tomar la decisión de fijar un control al ingreso y egreso de capitales y una política de protección industrial que sea equivalente a la que aplican todos los países en el mundo”.

Sturzenegger, por su parte, destacó: “Para hacer un pronóstico sobre la inflación futura, habría que fijar las políticas. Con las políticas actuales, tengo una expectativa inflacionaria más pesimista que las que hoy están circulando”.

Santángelo agregó: “Ahora hay un plan de emergencia para llegar al 10 de diciembre. Se verá si entonces viene un programa económico más efectivo. Esto es una terapia intensiva para sacar al enfermo de la emergencia. Hoy tenemos que ver la política antiinflacionaria en forma puntual y no el contexto de las reformas estructurales que serán para un próximo gobierno. El régimen monetario es algo puntual porque la Argentina no tiene moneda. Es muy difícil bajar la inflación cuando no hay credibilidad en la moneda”.

¿Entonces?

En este contexto y a la luz de la historia argentina de los últimos 70 años, en los que sólo hubo una inflación de un dígito por más de dos años consecutivos entre 1992 y 2001, surge el interrogante acerca de si es posible resolver este problema en nuestro país.

Bocco indicó: “La Argentina es un caso muy especial. Ha vivido durante mucho tiempo con inflación del 20%, que está incorporada en el ADN de los agentes económicos. Un país con una puja distributiva gigantesca termina influyendo en la fijación de precios”.

El economista agregó que el país “tiene una trama industrial importante desde la década del 30. Siempre ha sido cuidadoso en darle forma a la puja con el sector agroexportador y minero para buscar mecanismos que puedan transferir excedentes para que ese sector crezca y también tiene que crear mecanismos para que reinvierta”.

Por su parte, Santángelo señaló que el problema de la inflación “se puede resolver pero va a depender de la política económica. La inflación es una causa pero termina siendo consecuencia de un programa económico. En el círculo vicioso es causa y consecuencia de los desórdenes económicos, que obviamente los tenemos que encontrar en los desórdenes políticos y jurídicos y en un conjunto de temas globales”.

“Espero que se pueda resolver porque en América Latina, con excepción de Venezuela, que entró en un proceso de hiperinflación, no hay ningún país que tenga una inflación superior a un dígito. Sin embargo, es cierto que la experiencia nos muestra que no es tan fácil hacerlo”, enfatizó Machinea.

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