Las luces y las sombras que nos persiguen

Por José M. Segura, economista jefe de PwC Argentina.

La economía argentina se encamina a cerrar 2021 con un avance del PBI cercano a recuperar la caída evidenciada en 2020. Sin embargo, esta recuperación es desigual entre sectores y, en algunos casos, sigue aún por debajo de 2019; año en el cual la actividad ya venía cayendo como consecuencia de la recesión iniciada un año antes.

Además de no recuperarse los niveles de empleo prepandemia (hubo una pérdida neta de 131.000 puestos de trabajo en agosto con respecto al primer bimestre del año pasado), los salarios continúan perdiendo poder adquisitivo y, al octavo mes del año, acumulan 42 meses de descenso interanual consecutivo.

Ello ocurre en un contexto donde desde finales de 2019 se han venido acumulando un conjunto de tensiones cambiarias, las cuales se han profundizado en los últimos meses. De no tomarse medidas que corrijan los factores estructurales que las provocan podrían darse dos situaciones. Que la creciente acumulación de tensiones resulte en una corrección no controlada o que, con la llegada de un nuevo año en el cual no hay elecciones, tenga ocasión algún tipo de corrección que libere parte de esa tensión. Esta última situación podría asemejarse, cual historia que se repite, a la ocurrida en enero y febrero de 2014.

En aquella ocasión, luego de perder el oficialismo las elecciones de medio término, se produjo una devaluación del peso más o menos discreta, para luego continuar una política de tipo de cambio reptante. Cabe señalar que las condiciones económicas son hoy más delicadas que en aquel entonces, en parte por haber entrado en un régimen de inflación con un piso y una inercia más alta que la que existía en 2014.

FMI, impuestos y brecha

El Gobierno perdió las elecciones por un margen menor al de las PASO, y este escenario deja un poder más equilibrado entre oficialismo y oposición (donde aparecen nuevos actores que, aunque sean minoría, condicionan el debate público), pero también al interior de la coalición gobernante. De esta forma, y de cara al año próximo, consideramos que al no haber mucho espacio para un escenario de radicalización económica, ni demasiado ánimo para generar un consenso de alcance más amplio, lo más probable es que se aspire al escenario intermedio: un acuerdo acotado con el FMI que le permita al país refinanciar la deuda y evitar un default con el organismo, mientras que la inflación haga la tarea de licuar el gasto y reducir el déficit público.

Esto implicará, en el plano fiscal, una corrección probablemente segmentada en las tarifas de los servicios públicos, que permitirá reducir subsidios y llegar a un nivel de déficit primario “financiable”.

El elevado nivel de presión tributaria hace que no exista demasiado margen para cerrar la brecha fiscal con mayores o nuevos impuestos. Insistir por esa vía podría comprometer la débil recuperación del nivel de actividad y la recaudación.

La contracara vendría por el lado de la inflación que, aún con una política monetaria menos expansiva (o más contractiva), se mantendría elevada en el corto plazo, arrastrada por el impulso en los cambios de los precios relativos por eliminación de subsidios. Si bien no se espera un desborde inflacionario, sí un nivel de inflación en torno, o superior, a la del corriente año, lo que también contribuiría a seguir recaudando impuesto inflacionario para cerrar la brecha fiscal.

En caso de incrementarse las restricciones cambiarias y sin un acuerdo rápido con el FMI podría aumentar el grado de probabilidad de ocurrencia de un escenario de corrección desordenada.