Sectores con mejores perspectivas

Este año, el agro, la industria automotriz y la obra pública crecerán por encima del PBI. El Gobierno confía en la normalización económica y en la reinserción en el mundo que viene impulsando, y vislumbra una gran oportunidad debido a la falta de inversión de los últimos años. Sin embargo, los problemas de competitividad que persisten plantean dudas de cara al futuro.

El consenso este año es que la economía va a crecer (o rebotar), después de la caída que sufrió el año pasado. Pero no todos los sectores estarán en las mismas condiciones de recuperarse. Algunos pudieron aprovechar las correcciones que realizó el Gobierno al quitar el cepo cambiario, bajar y eliminar las retenciones y las restricciones a las exportaciones, salir del default y generar un ambiente más amigable para los negocios, pero otros todavía no logran superar la presión tributaria, el atraso cambiario y el alto costo del crédito.

Según la consultora Abeceb, la construcción mostrará un alto crecimiento este año (+ 10,1%), asociado al impulso de la obra pública. En tanto, después de un año muy malo en 2016, rebotarán la actividades de la industria siderúrgica (+ 11,5%) y las de la industria automotriz (+ 5,1%).

“Las caídas que tuvieron la industria automotriz y la siderurgia en los dos últimos años fueron tan grandes que explicaron dos tercios de la caída de la industria”, indicó Javier Cao, economista de la consultora. “Se plantea un rebote. La recuperación de las ventas en el sector automotriz está asociado al mercado brasileño y también al mercado interno, porque se normalizaron los precios y el agro empuja en las pick-up”, explicó.

La siderurgia sufrió la caída de las inversiones petroleras y de la construcción.

“Hacia adelante, la inversión petrolera no va a repuntar pero no va a traccionar a la baja. Y la construcción podría rebotar por el arranque de la obra pública y una mejora sustancial en la obra privada”, precisó Cao.

Asociado al sector agroexportador y sus encadenamientos, la consultora espera que el sector productor de agroquímicos, principalmente el consumo de fertilizantes, crezca 5,4%; la cosecha valorizada, 4,3%, y la producción de carne bovina, 3,8%. Este año se observará también un aumento de la producción de trigo y maíz, producto de la quita en las restricciones para exportar y de la baja de las retenciones, que traccionará sobre la venta de vehículos, maquinaria agrícola y agroquímicos. “El impacto es enorme en ventas porque el trigo y el maíz tienen un uso intensivo en fertilizantes”, destacó el analista.

En un crecimiento promedio se encontrarán los sectores asociados a la recuperación del consumo. Se trata de los productores de electrodomésticos (+ 3,6%) y de papel (+ 3,4%), quienes también sufrirán la presión importadora, el sector refinador de petróleo (+ 3,1%) y la producción de alimentos y bebidas (+ 2,6%), con menor competencia internacional.

Más rezagadas se encontrarán la producción petroquímica (+ 1,3%) y la textil (+ 0,5%), cuya recuperación se verá afectada por la presión importadora y los altos precios en los insumos.

En tanto, la producción de petróleo caerá 2,6% y la minería, 11,3%, debido a la baja competitividad local y al cierre de minas.

Por otra parte, se espera que las inversiones provengan del sector agropecuario, mayormente en maquinaria agrícola, y también de los grandes proyectos de obra pública y de energía que se plantearon para este año. En cambio, la industria no está apurada para motorizar proyectos de inversión, por la alta capacidad ociosa que todavía presenta. Y el sector petrolero parece estos días más concentrado en aumentar la competitividad.

En lo que respecta a la creación de empleo, para este año se espera que la construcción, un sector intensivo en mano de obra, que explicó gran parte de los despidos en 2016, lidere la recuperación.

Como puntualizó Juan Luis Bour, economista jefe de FIEL, “la relación entre empleo y PBI es más estrecha en la construcción y en los servicios y es menos estrecha en la parte de transables”.

“Cuando la recuperación empieza, la industria deja de despedir, elimina las suspensiones, porque tiene capacidad ociosa y laboral, y luego tiene margen para hacer horas extras. Observa si la demanda se sostiene para tomar más empleados. Habrá alguna recuperación, porque siempre aparecen empresas nuevas, pero despareja. Y Brasil no tira mucho por ahora. Este año la recuperación del empleo estará más en el sector de los servicios y la construcción”, amplió el economista.

Según Jorge Vasconcelos, investigador del IERAL, de la Fundación Mediterránea, “habrá una generación de empleo, pero selectiva. No en construcción, donde hay recorrido para crear empleo. Los sindicalistas tienen una lógica tan fuerte de la época de los cepos que es difícil ver las cosas diferentes. Tiene que haber un compromiso con la productividad para que las inversiones tengan lugar y el empleo se pueda concretar”.

Las expectativas del Gobierno

El Gobierno entiende que ha dado un gran paso para atraer inversiones, al normalizar lo que fueron doce años de desorden económico e insertar al país en el mundo. Y que, con una inflación y un déficit fiscal más controlado y un presupuesto más claro, le otorga tranquilidad y mejores perspectivas al inversor.

“La generación de confianza, la reestructuración de las variables económicas, la independencia del Banco Central y la revisión de los índices estadísticos se complementan con una oportunidad que ven los inversores, con una Argentina que viene de muchos años de no recibir inversión en el sector industrial y de servicios, cuando se ve el marco jurídico más estable”, dijo Juan Procaccini, presidente ejecutivo de la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional.

“La Argentina está en una posición única. Es uno de los pocos países del mundo donde se ve la cantidad de oportunidades para invertir con un gobierno que tiene una visión clara”, agregó.

Con los ministerios, la agencia detectó 250 mil millones de dólares en oportunidades de inversión en infraestructura (135 mil millones de dólares), energía y minería (85 mil millones de dólares), agroindustria (25 mil millones de dólares), bienes industriales (5 mil millones de dólares) y servicios y tecnología (5 mil millones de dólares).

“El país necesita diez años de inversión sostenida. Esto no se resuelve de un día para el otro”, explicó Procaccini.

Según la agencia, Argentina necesita unos 25 mil millones de dólares en inversiones en los próximos años sólo para alcanzar el promedio de América Latina en inversión extranjera directa.

Ahora el Gobierno se encuentra encarando los 8 ejes del plan productivo nacional (el costo del capital, la productividad laboral, un plan de infraestructura y energía, la investigación científica al servicio de la producción, equidad y eficiencia fiscal, defensa de la competencia, integración al mundo y desburocratización) para mejorar el llamado costo argentino –que quita atractivo al país–, y mejorar la competitividad, de manera de recibir las inversiones necesarias.

La agencia, en la que trabajan 130 personas, recibe a las empresas que quieren invertir. Se vuelve el principal contacto para conocer los trámites burocráticos (temas de aduana, IGJ, permisos, etc.) o para hablar con los ministros, secretarios, gobernadores de las provincias o la Aduana. “Les damos soporte a las empresas una vez que ganaron la licitación”, dijo Procaccini. También se acercan para entender los procesos licitatorios, los temas impositivos y jubilatorios. “Y ahí los acompañamos para que se sientan cómodos para participar de la licitación”, agregó.

Además, recibe a compañías internacionales que buscan socios locales. “Hacemos un trabajo de soporte y acompañamiento que permite desburocratizar los procesos. Es más eficiente y más transparente. Es un servicio para asegurarnos que la inversión aterrice y no se vaya a otro país”, explicó el funcionario.

Según lleva relevado, el año pasado se hicieron anuncios de inversión por 53.100 millones de dólares, de los cuales está gestionando alrededor de 30 mil millones de dólares. Los sectores involucrados son energía y recursos naturales (22.200 millones de dólares), bienes industriales (6.700 millones de dólares), telecomunicaciones (6.200 millones de dólares), financiero (6.300 millones de dólares), bienes de consumo (3.900 millones de dólares), agroindustria (2.400 millones de dólares), servicios profesionales (1.800 millones de dólares), transporte e infraestructura (1.500 millones de dólares), retail (1.500 millones de dólares), tecnología e innovación (280 millones de dólares) y salud (300 millones de dólares).

Dos tercios de esas inversiones fueron anunciadas por empresas del exterior (EE. UU., 15%, Canadá, 10%, y España, 9%). Y los principales destinos de estos proyectos son Buenos Aires (7.300 millones de dólares), Neuquén (6.700 millones de dólares) y Salta (3.600 millones de dólares).

Lo que todavía falta

Pese al optimismo oficial, los inversores todavía muestran cautela, debido a que el déficit fiscal aún sigue siendo muy elevado (al igual que la presión tributaria), se viene profundizando el atraso cambiario, no resulta clara la continuidad que pueden tener las políticas actuales en las próximas administraciones y se viene registrando un impulso proteccionista en varios países desarrollados.

“Hay un cambio estructural en la dinámica del consumo que implica el aumento de las tarifas de servicios públicos y el incentivo al ahorro, con tasas reales positivas. Se plantea un crecimiento más balanceado entre consumo, inversiones y exportaciones. Es la intención de la política económica oficial, pero para que se materialice se requiere de un contexto favorable a nivel regional y global, y ahí está la incertidumbre del nuevo escenario de EE. UU.”, dijo Vasconcelos.

Los últimos viajes presidenciales tuvieron como objetivo afianzar la relación con Brasil para mejorar el comercio con México, los países de la Alianza del Pacífico y la Unión Europea.

“Hay una reconfiguración del mundo y de la región que genera un modo pausa sobre muchas decisiones de inversión, sobre las cuales la política económica local tiene poca incidencia, salvo que avance más rápido la integración del Mercosur con la Alianza del Pacífico y la Unión Europea”, agregó Vasconcelos.

“Estos procesos tortuosos en que ni Argentina ni Brasil se decidían a avanzar eran el lastre de la integración de la región, porque Paraguay y Uruguay han sido aperturistas. Quizá Trump esté disparando fuerzas centrípetas en América Latina inéditas. Si esas fuerzas centrípetas avanzan, el sector industrial puede ser un factor de cambio”, enfatizó.

Procaccini, por su parte, indicó que “tenemos más oportunidades que desafíos, tanto con el cambio de gobierno en EE. UU. como con el Brexit. Tenemos que ser inteligentes y avanzar en la alianza con Brasil y el Mercosur para aprovechar estas oportunidades. Ver cómo México se integra con el resto de América Latina, ver cómo se va ordenando el mapa”.

El funcionario entiende, asimismo, que con la Unión Europea y Gran Bretaña se abren oportunidades de comercio que antes no estaban disponibles. Sin embargo, observa que las compañías estadounidenses decidieron esperar un poco para invertir hasta que pase la incertidumbre.

También hay factores locales que enturbian las perspectivas. Para Bour, “hay decisiones de inversión que se postergan por el atraso cambiario. Hay gente que importa maquinaria porque es barato importar en dólares, pero de ahí a desembolsar inversiones se piensa dos veces, porque hay que poner muchos dólares. El atraso cambiario es una espada que empieza a estar pendiente de cualquier decisión y hace que algunos sigan adelante y algunos posterguen. En general, los sectores transables fabriles son los más afectados”.

Respecto de la demora que puede generar en las inversiones el atraso cambiario, Procaccini dijo que el tipo de cambio flotante depende del mercado: “No hay posibilidad de hacer un cambio, por más que quisiéramos. Para la capacidad exportadora, el tipo de cambio es un tema relevante pero no el único. Es uno de los elementos de la competitividad argentina pero no el único. La vocación del Gobierno es que bajen el costo laboral, de financiamiento, logístico, y que, al final del día, el tipo de cambio no sea la única variable”.

Un crecimiento sostenible en el tiempo

Los entrevistados coincidieron en que, para que el crecimiento económico pase de ser un rebote en este 2017 a un proceso sostenido en el tiempo, los inversores requieren señales claras de política económica que se mantengan a lo largo de varios gobiernos.

En Abeceb entienden que, para que el crecimiento de 3,5% que esperan para este año se sostenga en los siguientes, el Gobierno tiene que dar las señales más claras posibles tanto a nivel macroeconómico como en política industrial. “A nivel macro, se trata de ver cómo avanza el plan contra la inflación. La duda en Argentina es qué pasa cuando cambia el gobierno. En la microeconomía, el Gobierno tiene un plan productivo con una visión bastante acertada y clara, pero todavía le falta definir algunas cosas en la política industrial”, señaló Cao.

Bour remarcó, por su parte, que “el crecimiento con déficit fiscal financiado con deuda no funciona. Se necesita claridad y ser más prudente con el fisco. Si no, te sobran dólares y el tipo de cambio se atrasa. Y ese escenario no es sostenible en el tiempo. Porque la economía crece muy poco, con un enorme sector de servicios que colapsa el día que tenés una devaluación”.

Para Procaccini, “este gobierno tiene claro que los cambios estructurales que hay que hacer son los que permiten la independencia de poderes. Se busca no emparchar con soluciones de muy corto plazo, sino de fondo que permitan que se mantengan en el tiempo, independientemente del gobierno que esté. Los inversores lo ven. La oposición está de acuerdo porque todas las leyes han salido con su apoyo en el Congreso. Vamos a ver qué pasa con el año electoral. El inversor entiende que no vamos a volver a lo que éramos, sino que existe una visión de país más parecida a la de ahora, que estar más integrados al mundo es relevante y que la inversión es el motor de crecimiento del país y del empleo”.

Procaccini agregó, por otra parte, que los inversores que apuestan a los grandes proyectos anunciados lo hacen a largo plazo y piensan más allá de las elecciones de medio término. “En algunos proyectos, los análisis de factibilidad demoran un año, están en un proceso”, puntualizó.

Por lo pronto, los desafíos locales y globales pueden verse compensados por la desinversión que presenta Argentina. “Hubo tal nivel de subinversión en los últimos años del gobierno anterior que hay una agenda de inversiones para resolver cuellos de botella. Y la obra pública tiene un efecto multiplicador intenso en el sector privado”, destacó Vasconcelos.

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