Luces y sombras de la economía que se viene

La próxima gestión asumirá con un contexto de crisis. Economistas consultados por NBS Bancos y Seguros esperan una reestructuración de la deuda. Hay dudas sobre el alcance de la austeridad fiscal y la política monetaria, así como acerca de la efectividad del pacto social para contener la inflación.

 

A días de las elecciones generales, NBS Bancos y Seguros consultó a cuatro importantes economistas acerca de los principales desafíos que tendrá en materia económica la próxima gestión. Luego de las elecciones primarias, la opinión pública descuenta un triunfo de la fórmula liderada por Alberto Fernández. Con respecto al fin de mandato de Cambiemos, los economistas afirmaron que deja una herencia muy compleja en materia financiera aunque destacaron los avances en el frente fiscal primario.

Sobre los desafíos de la nueva gestión y la orientación general que asumiría una presidencia de Alberto Fernández, acordaron en que es inevitable una reestructuración de la deuda, que esperan que sea sin quita y en términos amigables. No obstante, destacaron la incertidumbre económica que generan las diversas líneas ideológicas que conviven en el equipo del candidato kirchnerista.

 

Una situación compleja

 

A la hora de hacer un diagnóstico sobre la situación que deja la gestión saliente, el economista Adolfo Sturzenegger reconoció que “la situación económica es realmente difícil. Lo es sistémicamente, porque el país hace ocho años que está en estanflación. El objetivo primordial de corto plazo es salir de esta situación”.

“No salir de la estanflación origina tres problemas que hacen insostenible a la economía. Primero, no hay inversión privada importante en una economía en recesión y con riesgos hiperinflacionarios latentes. Si no hay inversión, no hay crecimiento de la actividad ni del empleo. Si la estanflación no se elimina, no se puede controlar el déficit fiscal porque se genera una situación de caída real en los ingresos fiscales. Por último, sin salir de la estanflación cualquier esquema de arreglo de la deuda pública se hace insostenible. La sostenibilidad de la deuda depende esencialmente de la comparación entre la tasa de interés real de la misma y la tasa de crecimiento de la economía. Sin crecimiento no hay sostenibilidad”, expuso Sturzenegger.

Sobre la posibilidad de realizar un pronóstico de las medidas que tomaría Alberto Fernández para salir de la coyuntura que se ha generado y recuperar la senda del crecimiento, el economista director de Infupa, Manuel Solanet, opinó que “es muy difícil hacer un pronóstico de lo que va a hacer Fernández en caso de ser presidente porque hay fuerzas e ideas contrapuestas, incluso dentro de su ambiente político”. Por eso explicó que, a lo sumo, “lo que se puede hacer es pensar en lo que debiera hacer y asignarle alguna probabilidad”.

Por su parte, el director del Centro de Estudios Económicos de Orlando Ferreres, Fausto Spotorno, señaló que “el próximo gobierno tiene un montón de desafíos pero hay cuatro aspectos que son clave: la deuda, la política monetaria, el déficit fiscal y el crecimiento económico”. Y agregó: “Esos cuatro puntos Alberto Fernández los va a tratar de resolver de alguna forma. Imagino que la reestructuración de la deuda va a ser como la esperamos, estirando plazos y sin quita”.

En ese sentido, el especialista advirtió que las medidas del próximo gobierno tendrán que impulsar el crecimiento. “Si la economía no crece, la deuda se hace impagable y el déficit fiscal no se baja”, sintetizó.

Diana Mondino, de UCEMA, analizó la situación coyuntural que se ha creado tras la crisis financiera: “Los controles (de cambios) jamás son buenos y nunca debieron haberse puesto. Pero una vez puestos, solamente se los puede retirar cuando estén seguros de que las causas que los originaron han desaparecido”.

Si bien aclaró que no puede anticipar qué haría Fernández para eliminar el origen de las distorsiones, Mondino detalló que “las causas aparentes son que la inflación no cede y que no hay ningún mecanismo de ahorro apropiado en la Argentina salvo la tenencia de dólares”. Y agregó: “El punto del debate es por qué tenemos esta fragilidad. Es por la imposibilidad de controlar el déficit fiscal. Este gobierno venía controlando el déficit primario bastante bien pero no así el déficit total, al incluir el pago de la deuda. La deuda argentina es una acumulación de déficit”.

A su turno, Solanet propuso: “Hay un conjunto de medidas que es necesario que se desarrollen en forma simultánea para atacar los distintos frentes que hoy están en crisis y que deben recuperar la confianza en su conjunto”. Para el economista, “lo fiscal es hoy el tema predominante. El desequilibrio se ha ido morigerando como consecuencia de una fuerte caída de los salarios reales del sector público y las jubilaciones, pero esto no es sostenible”.

Con todo, explicó que “el déficit financiero incluye ese desequilibrio más los intereses de la deuda. Crecen los pasivos más que los activos del sector público. Este desvío es el gran desafío del próximo presidente y sólo se puede resolver si se recupera la confianza”. Al mismo tiempo detalló: “No alcanza sólo con atacar el déficit fiscal. Hay que abordar otros aspectos de la política económica que generen un atractivo para las inversiones. La primera medida a desarrollar por el próximo presidente es una reforma laboral a la chilena que apunte a reducir el riesgo laboral mejorando las condiciones de competitividad”.

 

Una reestructuración ineludible

 

Los economistas coincidieron en que, tras el reperfilamiento de la deuda de corto plazo, una de las prioridades del próximo gobierno será reestructurar pasivos. “El primer problema es la situación de la deuda. Hay que ser muy cuidadosos y reestructurarla en forma voluntaria. Eso está claro para Fernández”, puntualizó Spotorno.

Mondino, en tanto, sumó otra preocupación: “En la medida en que se mantenga el déficit, van a tener que tomar más deuda. En 2020 nadie nos va a prestar, a lo sumo refinanciarán. Va a ser necesario hacer un fuerte recorte del gasto. Los 5.400 millones de dólares del FMI, si entran, son para pagar a otros acreedores”.

Para Solanet, “cualquiera que sea elegido va a tener que renegociar esa deuda”. En esa línea, recordó: “Alberto Fernández dijo  que lo hará ‘a la uruguaya’, sin quitas y sin modificaciones sustanciales. Uno empieza a dudar por los discursos fervorosos de dirigentes importantes del kirchnerismo que abogan por no pagar la deuda. Tienen un discurso de ruptura con el mundo”. Sin embargo, pronosticó: “La realidad va a superar las intenciones de quienes están en una línea de pensamiento heterodoxa e inflexible”.

Al respecto, Mondino alertó: “Si dividiéramos la deuda en cinco partes, dos son para acreedores externos, dos para acreedores internos (organismo públicos) y una parte al FMI. Si la reestructuración no es amigable vamos a tener un problema extraordinario, hay que hacer lo imposible para que así sea”.

Para Sturzenegger se puede llegar a “lograr un arreglo de deuda que compatibilice las posibilidades de pago del país con los intereses de los inversores internacionales, enmarcado a su vez en la negociación con el FMI”.

 

Salir del cepo

 

Los controles de cambios aparecieron como resultado de la crisis financiera desatada luego de las PASO. En la visión de Solanet, es una situación que se debe revertir cuanto antes: “La desregulación es imprescindible. No sólo en el plano monetario y cambiario sino en todos los demás frentes. El cepo cambiario no puede subsistir. Ha sido una medida para morigerar la sacudida, pero este gobierno no está en esa línea de pensamiento. Gane quién gane tiene que adoptar medidas y eliminar el cepo”, dijo.

Para el economista, la salida pasa por “recuperar la confianza y el flujo de dólares va a ser suficiente para que no haya necesidad de cepo. Estamos frente a una fuga de capitales que tiene como sustento y motivación la desconfianza sobre el manejo de la política fiscal y cambiaria. Hay que corregir la causa”. En ese sentido, apuntó que los mercados reaccionaron en forma adversa por el triunfo del kirchnerismo en las elecciones, ya que conocen sus antecedentes. “Esto no se ha aclarado porque Alberto Fernández, que es el que más posibilidades tiene de ser electo, no expuso todavía un programa razonable y, además, hay otros segmentos ideológicos dentro del partido que él representa que alimentan las dudas”, añadió.

Spotorno, en cambio, se mostró más moderado. “No se puede salir de los controles de cambio de forma inmediata. La única manera es en forma paulatina, en base a una política fiscal que vaya al equilibrio y que la economía empiece a crecer para lograr que el mercado te crea”, expresó. Para eso, insistió, “la política fiscal tiene que ser prioridad”. El economista dijo que Fernández ya se refirió a esa necesidad de ajustar el déficit fiscal pero señaló: “La gran discusión es qué tan rápido llegar a ese equilibrio y cómo, si con impuestos o recorte de gastos”.

En un contexto de escasez de dólares, Mondino resaltó la necesidad de proteger a las industrias que tienen la capacidad de generar divisas y abogó por evitar las políticas proteccionistas. “Existen cuatro sectores que pueden crecer en la Argentina y son los que traen divisas: el agropecuario, el de energía, la industria del conocimiento y el turismo. La generación de dólares viene de la acción del sector privado. No hay una actividad del gobierno que genere dólares, por lo tanto hay que fomentar y empujar las actividades exportadoras. Si cerramos la economía, apagamos la luz porque en la Argentina se importan bienes intermedios y bienes de capital”, aseguró.

 

¿Cambios a la política monetaria?

 

La actual gestión del BCRA ha optado por la emisión monetaria cero y tasas altas, que paga mediante deuda vía Leliq para tratar de controlar la inflación. De llegar Fernández a la presidencia, no está claro que esa política continúe.

Spotorno señaló la importancia de mejorar el balance del BCRA. “En ese saneamiento hay que elegir si quieren crecimiento, inflación o un poco de las dos. Si van a emitir todos los pesos para pagar la deuda del BCRA, van a generar inflación pero, si llevan la tasa de interés a 200% para seguir financiando las Leliq, van a afectar la actividad”. El economista también descartó que se canjeen Leliq por un bono para aplazar el problema “porque reventaría definitivamente y para siempre el sistema financiero”.

Mondino coincidió en señalar la débil situación del BCRA. “Se han mezclado las funciones de la entidad porque se utiliza la regulación bancaria como instrumento de política monetaria, por ejemplo a través de los encajes. Tenemos un susto en potencia. No tengo dudas de que vamos a una política de emisión desmedida porque, si no hay posibilidad de tomar deuda ni de subir impuestos, lo único que queda es reducir gastos o emitir”, indicó.

Solanet, en cambio, prefirió no hacer pronósticos sobre las intenciones de política monetaria del equipo de Alberto Fernández. “Tiene ideas que no son conciliables. Quieren bajar las tasas de interés, lograr estabilidad y que el tipo de cambio no se escape”, enumeró.

En cuanto a las tasas, tanto Spotorno como Mondino consideraron que una eventual administración del BCRA cercana a Fernández buscaría llevarlas a niveles más bajos. “Van a atacar las tasas. Es que, con un nivel superior, ni los bancos van a seguir comprando Leliq porque el BCRA se vuelve un acreedor peligroso. Los bancos no trasladan las tasas a los depósitos porque miran con miedo al BCRA”, vaticinó el director del estudio de Orlando Ferreres.

“Van a bajar mucho las tasas y no van a quitar el control de cambios. Creen que bajando fuerte las tasas se reactiva la economía. El equilibrio que hay que tratar de lograr es que la baja de tasas disminuya el costo para las empresas y, al mismo tiempo, las tasas sean atractivas para los ahorristas”, acordó Mondino.

 

Un análisis del “pacto social”

 

En declaraciones periodísticas, Alberto Fernández habló de realizar un “pacto social”, que incluiría un acuerdo de precios y salarios por 180 días. Los economistas consultados analizaron las perspectivas de una alternativa de este tipo.

Con respecto a la posibilidad de estimular el consumo, Mondino dijo que no imagina cómo podrían llevarlo a cabo. “Se podría reactivar bajando impuestos pero no creo que con el déficit que hay puedan hacerlo. La emisión puede ser una vía pero con el nivel de inflación actual es un tema serio”, advirtió.

“Es el plan Gelbard de 1973, lo único que se puede pronosticar es su fracaso. Congelar precios y salarios, desde Diocleciano, siempre fracasó”, sentenció Solanet. “Es un error el planteo de Alberto Fernández, es de corte populista. Hay que generar confianza y que ella genere inversiones al sistema que aportarán empleo y crecimiento. El consumo se va a dar por añadidura. No puede haber una política que promueva el consumo en detrimento de otras variables de la economía que son fundamentales para crecer y generar empleo”, insistió.

Spotorno coincidió: “El ‘pacto social’ no es un instrumento para bajar la inflación. Se baja con política monetaria y fiscal creíble. Lo que puede aportar un ‘pacto social’ es lo que llamamos ‘coordinación de expectativas’. Si el mercado les cree evitan que se tomen decisiones equivocadas. Si no hay  política fiscal y monetaria, el ‘pacto social’ pasa a ser un Ahora 12 o un programa de Precios Cuidados”.

“Sin perjuicio de mi gran pesimismo acerca de la efectividad  de tales acuerdos para lograr sus objetivos (moderar la inflación y mejorar el salario real), esa línea de acción sería una lamentable pérdida de tiempo para la nueva administración. Pero asumamos por un momento que la misma tenga éxito y que se logra una reducción de la tasa de inflación con una mejora en el salario real. De ninguna manera estos hipotéticos resultados cumplirían con las tres condiciones necesarias para ubicar a la economía en el sendero de salida de la estanflación. Muy probablemente cumplirían con la condición de aumentar la demanda agregada real, pero no cumplirían con las otras dos. El aumento en el salario real ejercería una presión inflacionaria latente sobre los precios, poniendo en riesgo la moderación lograda en la tasa de inflación y no se cumpliría así con la segunda condición. A su vez, y aún más importante, no se cumpliría con la condición tercera: el aumento del salario real, desde el punto de vista de la oferta agregada, aumentaría los costos de producción del sector privado y esto llevaría a menores niveles de actividad y de empleo. Todo lo contrario de lo buscado”, concluyó Sturzenegger.

Los problemas están sobre la mesa y los desafíos, planteados. Sólo queda develar la incógnita electoral para que el mercado y la política comiencen a delinear la próxima etapa de la economía argentina.

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