Más tarjeta de crédito menos préstamos

Más tarjetas de crédito y menos préstamos

En junio aumentó el uso de los plásticos, aunque crece por debajo de la inflación. El segmento de los préstamos personales sigue deprimido.

Un informe de First Capital Group permite ver que en junio, las operaciones con tarjetas de crédito tuvieron un saldo de 1.025.373 millones de pesos, un aumento de 2,9% con respecto al cierre de mayo. Esto marca que el incremento estuvo por debajo de la inflación del mes, estimada entre 3 y 3,5%.

A nivel interanual, el salto fue de 59,4%, muy por encima del alza de precios del período, en torno al 48%.

“La progresiva apertura de las actividades, comerciales, gastronómicas y de esparcimiento dieron un nuevo impulso a los saldos de tarjetas de crédito. Esta línea está reemplazando el lugar que dejan los préstamos personales en una época signada por la incertidumbre”, aseguró Guillermo Barbero, socio de First Capital Group.

Préstamos y gastos en dólares

Por otro lado, en junio, la línea de préstamos personales apenas creció 1,5%. “Así descendió otro escalón con un ritmo de crecimiento seguramente atribuible a la baja confianza del consumidor en el futuro de su economía familiar”,agregó Barbero.

En cuanto al consumo con tarjetas de crédito en dólares, se registró una suba interanual del 13,5%, aunque con un comportamiento mensual irregular. En los primeros seis meses del 2020 el saldo de tarjetas de crédito en dólares creció 18,5%, acumulando un alza de 23,9% en los últimos tres meses. En junio aumentaron un 49,3% respecto al mes anterior, aunque desde First Capital aclararon que “estos valores no son significativos en función de la totalidad de las operaciones del rubro y en relación a los valores que supieron tener en el pasado”. La vuelta de algunas actividades ligadas al turismo en el exterior, explican este incremento.

Perspectiva a futuro

La perspectiva de los créditos es compleja. La consultora LCG remarcó: “Los préstamos al sector real de la economía no se recuperan desde mayo de 2018, mes en que comenzó la crisis cambiaria producto de las presiones al sistema financiero. Tomando como base ese período, actualmente los préstamos representan un 58% de ese monto y, luego de 37 meses, aún no se evidencian signos de recuperación”.

La consultora añadió: “Si consideramos sólo los préstamos y depósitos privados en pesos, se evidencia un bajo desempeño de los créditos, ya que el ratio entre ambas variables es de 50,5%. Estos niveles están cercanos a los valores que se observaban entre octubre y noviembre de 2005, con una caída sistémica desde 2018”.

El panorama para los préstamos se complejiza aún más porque, según la consultora “la represión financiera que implican las actuales tasas negativas en términos reales y una eventual inestabilidad en el mercado de cambios reflejada en una mayor brecha en los meses previos a las elecciones, podrían frenar los depósitos a plazo”. Con menos depósitos, menos incentivos habrá para estimular a los bancos, a los individuos y a las empresas a tomar créditos.

Créditos al sector privado

Por el lado del crédito al sector privado, LCG espera que el financiamiento a empresas y al consumo continúe con bajo dinamismo en los próximos meses aunque, de cara a las elecciones: “El Gobierno podría dar impulso a préstamos asociados a Ahora12/18, lo que podría revertir en el margen la dinámica actual”.

En este marco empiezan a aparecer luces de alarma con respecto del cumplimiento en el pago de las deudas por parte de las familias. Un reciente informe del Banco Central detalla que el incumplimiento en el pago de las financiaciones aumentó en abril en comparación a marzo pasado, cuando pasó del 2% al 2,5% del total de crédito, impulsada por el incremento en la mora del crédito al consumo de tarjetas de crédito y personales.

La autoridad monetaria informó que el ratio de irregularidad del crédito al sector privado para el sistema financiero ascendió a 4,2% en abril, es decir, 0,3 puntos porcentuales más que en el mes anterior.

Este aumento mensual se produjo en el marco de la vigencia del cronograma de transición dispuesto por el Banco Central para la readecuación gradual de los criterios de clasificación de las personas deudoras, luego de los cambios introducidos oportunamente con el inicio de la pandemia.

Esto implica que al levantarse las restricciones que les impedían a los bancos cobrar penalidades y punitorios a las familias que se atrasaban, la mora empezó a crecer.