“Mejor avanzar en forma lenta que ir rápido y después tener que dar marcha atrás” Miguel Kiguel

Hace sólo tres meses era impensable que se lograra un acuerdo con la oposición, los sindicalistas, los gobernadores y los legisladores para conseguir consenso sobre las reformas que está impulsando el Gobierno. Por ejemplo, en relación a la impositiva, con la que se quitan impuestos distorsivos que afectan particularmente el empleo y la inversión (como ingresos brutos o el impuesto al cheque), reemplazándolos con impuestos que gravan a los individuos con mayores ingresos (como el impuesto a la renta financiera o los aportes personales para sueldos altos). Lo mismo diría con la reforma laboral, donde claramente habrá más flexibilidad y bajará la litigiosidad, o la previsional, donde se busca que el gasto acompañe la inflación y no crezca de forma exponencial como en el sistema anterior.

Es cierto que Argentina tiene una carga impositiva enorme, de las mayores a nivel regional, y la seguirá teniendo porque esta reforma, desde el punto de vista de la recaudación, es neutra: bajan unos impuestos y suben otros. Pero en esta primera etapa representa una mejora respecto de donde estábamos. En tanto vaya disminuyendo el déficit fiscal, que ya estaba anunciado que caería al 3,2% del PBI el año que viene, al 2,2% en 2019 y al 1,2% en 2020, eventualmente bajará la carga tributaria.

Se trata de un plan gradual a 4 años. Idealmente, la baja de los aportes patronales o el impuesto al cheque debería ir más rápido pero es difícil en un entorno donde la economía crece al 3% o 3,5%. Cuando se crecía al 8% el gasto público crecía al 20%. El gobierno anterior dejó una herencia muy pesada, con un sector publico enorme. Introducirlo llevó 15 años y reducirlo llevará 10. Y hay que tener en cuenta que hay cosas que llegaron para quedarse. Hay que buscar formas de bajar el gasto público y esto ya se está haciendo, por ejemplo, con la Ley de Responsabilidad Fiscal, que pone un tope al crecimiento del gasto público.

Necesitamos también un sistema previsional sustentable. Hoy tenemos 1,5 trabajadores activos por cada jubilado. Ese ratio debería ser de 3 o 4. Es un sistema que no se autofinancia, necesita aportes del Tesoro. Habrá que hacer esfuerzos como, por ejemplo, con la suba de la edad jubilatoria.

Respecto al fuerte desequilibrio externo, todo está interrelacionado. Tenemos un déficit fiscal alto, por lo tanto una política monetaria restrictiva y un tipo de cambio real bajo, lo que da lugar a un déficit comercial. Creo que va a llevar tiempo corregir esto. Algo se podría avanzar con Brasil, donde Argentina no exporta tantos autos como dice el contrato. Allí, podrían ahorrarse bastantes dólares. Pero, con el conjunto de las medidas que está anunciando el Gobierno, el país podrá mejorar su productividad, lo que permitirá que se pueda exportar un poco más.

El crecimiento llegó para quedarse, no a tasas chinas pero al 3% o 3,5% por varios años. Lo que se hizo fue restablecer las reglas de juego para que así empiecen a venir inversiones. Ya están viniendo. No es un diluvio pero hay que entender que las cosas llevan tiempo y la impaciencia es un mal consejero, más en un contexto donde aún se está combatiendo una inflación de tasas muy altas.

En relación a este punto, lo importante es que está cayendo de forma gradual. Las metas que se puso el Banco Central eran muy ambiciosas, muy difíciles de cumplir. Podemos discutir si las tasas de interés necesitan ser tan altas como son ahora. Por ahí podrían ser un poco más bajas pero no mucho más, es un tema debatible.

Las nuevas reformas son positivas, van en la dirección correcta. Políticamente no había alternativa. Es mucho mejor avanzar en forma lenta pero sin reversiones que ir muy rápido y después tener que dar marcha atrás.

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