Quedó en evidencia la ausencia de un plan económico sustentable – José Siaba Serrate

“El año que viene es electoral y la gran duda es hasta dónde se pueden cumplir promesas de ajuste importantes en las cuentas públicas en un año donde hay elecciones.”

Ha sido un año terrible para el mundo y también para la Argentina. Para el país ya era un año difícil antes del coronavirus. Se complicó con la pandemia y con la evidencia del fracaso de las políticas para el manejo de la enfermedad.

Antes de la pandemia, cuando asumió el nuevo gobierno, tenía muchos compromisos y desafíos complicados. Tomó como prioridad resolver el problema de la deuda en moneda extranjera, que le llevó más tiempo que lo pensado, pero que pudo resolver de manera “exitosa”. No hubo default que era lo que se temía y arribó a una solución consensuada. Algo muy positivo es que se le dio la misma solución a los tenedores de deuda emitida bajo legislación local.

De esa forma se despejó el horizonte de deuda para lo que resta del mandato de presidente Fernández.

Sin embargo, a partir de ahí se esperaba una recuperación por el lado financiero que naufragó al muy poco tiempo porque entró en colisión con la agenda política y una gran desconfianza que se acentúa con las reformas judiciales y el desplazamiento de jueces. Una agenda política incompatible con la generación de la confianza económica que buscaba promover el canje.

Quedó en evidencia un país muy dividido en materia política y la ausencia de un plan económico sustentable en el corto plazo.

La Argentina está una situación complicada y no tiene un plan que le permita solucionar los problemas. En la situación financiera dimos un paso atrás y tuvimos un episodio de turbulencia cambiaria muy fuerte. Ahora estamos en una situación precaria con una estabilidad de corto plazo porque el dólar se tranquilizó, pero sobre la base de una brecha muy grande mientras persiste la perdida de reservas.

El gobierno está aferrado a un acuerdo con el FMI que el propio ministro dijo que no se va a conseguir antes de marzo o abril. Estamos desembocando en 2021 luego de un 2020 que podría haber sido un año para ajustar, haciendo sacrificios y tomando decisiones con costo político.

Es cierto que la pandemia lo complicó, pero ya fuera de la pandemia queda en evidencia que no hay confianza suficiente ni hemos podido siquiera empalmar con la bonanza financiera que hay hoy en el resto del mundo.

Los desequilibrios son muy grandes y la financiación a través de la emisión monetaria en esta magnitud empieza a generar problemas inflacionarios muy graves.

El año que viene es electoral y la gran duda es hasta donde se pueden cumplir promesas de ajuste importantes en las cuentas públicas en un año donde hay elecciones.

El rebote lo vamos a tener por la enorme contracción que tuvimos este año.  Pero aun rebotando 4% o 5% vamos a estar lejos del punto de partida. Según de la visión de la OCDE vamos a ser uno de los países que más va a tardar.

Hacia adelante la mayor parte de los países va a ir saliendo de la contracción porque se aclaró la incertidumbre electoral en Estados Unidos y hay una sensación de un gobierno más previsible y menos confrontacional. El anuncio de la vacuna también es importante para despejar dudas.

Sin embargo en la Argentina sigue habiendo una incertidumbre muy grande. No sabemos si va haber otro coletazo de la crisis antes del acuerdo con el FMI. Tampoco es cierto que el acuerdo con el Fondo transfiere automáticamente credibilidad. Puede ser difícil estabilizarlo y con la campaña electoral tampoco es creíble que se cumpla lo que se acuerda.

El problema más serio y que va más allá de la coyuntura, es quien va a levantar la inversión después de años de estancamiento. Es algo muy necesario sobre todo si se necesita recuperar el empleo genuino en el sector privado que la pandemia terminó destruyendo con mucha saña.

La agenda política está socavando la Argentina que conocimos. Dudas sobre qué sistema de Justicia va a tener la Argentina y temas muy delicados que tienen que ver con la propiedad y con los derechos que, en definitiva explican la brecha cambiaria. Porque no podemos decir que tengamos un tipo de cambio atrasado con relación a la balanza comercial. La enorme brecha es resultado de la salida de capitales.

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