Reformas para garantizar el crecimiento sostenido

Dante Sica, director de ABECEB

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Las bases se están empezando a asentar. La duda es si estamos en una recuperación cíclica o si entramos a un crecimiento sostenido. El Gobierno encara reformas con las que busca garantizar el crecimiento sostenido, pero recién empieza. Depende de la gobernabilidad que vaya ganando, la resistencia a las reformas y los compromisos de inversión de los empresarios.

Este fue un año en el que se enfrentaron los problemas que venía arrastrando la economía, como la falta de coordinación de la política macroeconómica, la inflación, la falta de estabilidad de los mercados, el funcionamiento del comercio exterior y las negociaciones internacionales, y se buscó dar fuertes señales de reformas más estructurales, como por ejemplo regulaciones más claras en el sector de telecomunicaciones y energía, con la pretensión de captar inversiones para evitar cuellos de botella.

Por el lado negativo, se observó que las medidas destinadas a corregir la macroeconomía tuvieron un impacto de aceleración inflacionaria en el primer semestre y afectaron el nivel de actividad. Dos variables que se esperaba que traccionarían más a fin de año: el salario real positivo y consumo creciente y la obra pública fueron más lento que lo previsto.

Los niveles de déficit fiscal y de deuda no me preocupan en el corto plazo, pero sí que el Gobierno no dé señales de sustentabilidad para el año que viene, para que en 2018 vayamos a un sendero descendente en el déficit. Es un gobierno raro para Argentina, que no es radical ni peronista, es presidencialista pero no tiene el manejo del Congreso. Está compelido a la negociación y construcción de consensos y, por lo tanto, se ve obligado a demorar la baja del déficit fiscal. Tuvo que hacer sacrificios en este punto. Si uno lo mira desde el equilibrio económico, tendría que haber sido más enfático, pero desde la economía política, es lo que pudo hacer. En un gobierno con poco margen de maniobra, los errores se pagan caros.

Respecto a la inflación, hay una discusión en el margen: el Banco Central está, de alguna manera, construyendo credibilidad y cuando veía que no se creaban las expectativas adecuadas, jugaba con las tasas de interés. Puede ser que estén más altas que lo necesario y que impacten en el consumo y el nivel de actividad, pero es parte del costo de construir credibilidad. Ante la dominancia fiscal, tiene que ponerse más firme para que el mercado le crea que cumple la pauta de inflación.

Esta configuración de política económica lleva a que haya un tipo de cambio que está un 15 o un 20% por debajo del promedio de los últimos 30 años. Mientras haya una política económica con déficit fiscal alto, que se financia en el mercado, es difícil corregir el tipo de cambio de corto plazo. El debate es si vamos a tener que convivir con atraso cambiario real en los próximos 2 o 3 años. Si vamos a tener que discutir la competitividad sistémica, el tipo de cambio efectivo, ante un panorama en que no hay mejoras sustanciales del tipo de cambio real.

Las bases se están empezando a asentar. La duda es si estamos en una recuperación cíclica o si entramos a un crecimiento sostenido. El Gobierno encara reformas con las que busca garantizar el crecimiento sostenido, pero recién empieza. Depende de la gobernabilidad que vaya ganando, la resistencia a las reformas y los compromisos de inversión de los empresarios.

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