“Se trata de reformas de bajo calado” Ricardo López Murphy

El país se enfrentaba a fines del 2015 a una situación muy compleja que consistía en tres grandes condicionantes: por un lado, se venía de 14 años de una gestión populista que había producido una honda descapitalización y había una crisis de reservas internacionales, un problema de cesación de pagos y, sobre todo, un horizonte muy tormentoso porque obviamente eso no era prolongable en el tiempo. En segundo lugar, el país se enfrentaba también a la crisis derivada del shock que recibió Sudamérica a mediados de 2014, con una caída del precio de las commodities de entre 20 y 40%, que a países muy mal administrados como Venezuela los pulverizó. Y a países mal administrados como Argentina y Brasil los obligó a cambios drásticos, no sólo de políticas económicas sino también hasta de conducción política. El tercer problema que afrontaba el Gobierno era el sobrante monetario que se había acumulado por el cepo y que, al normalizar eso, podía producir una explosión.

Desde que asumió, la administración ha venido tratando de llevar a cabo una adecuación de la economía, con distinto éxito en los problemas que enfrenta. Ha avanzado bastante en lo que es volver a ser una economía de mercado, con señales más racionales, dejando atrás los absurdos controles de precios, el enmascaramiento de las estadísticas, los cepos y todo el entramado de regulaciones que había en materia cambiaria y financiera. También se ha logrado lidiar con el sobrante monetario con cierta destreza, aun cuando se habían puesto metas de inflación exageradamente optimistas de acuerdo a la experiencia latinoamericana y se está pagando el precio de que la inflación va bajando pero de manera rezagada a lo que era el cronograma oficial.

Pero, sin dudas, el problema más serio se encuentra en el proceso de consolidación fiscal, que es donde el Gobierno enfrenta las mayores dificultades y donde hay un programa de muy larga maduración. El problema fiscal requiere un tratamiento muy urgente y una forma de ver esto es el deterioro que tiene nuestro sector externo. El déficit de cuenta corriente, inducido por el déficit fiscal, ha crecido a magnitudes que son preocupantes, no sólo por su dimensión absoluta sino por su relación con las exportaciones. Cuando uno mira el déficit en términos de exportaciones se trata de un nivel extraordinariamente elevado y eso le da una gran fragilidad al sistema.

Las reformas en materia tributaria van en la dirección correcta, apuntando a atenuar el sesgo antiinversión del sistema tributario y facilitar el empleo de sectores de ingresos marginales, pero me parece que había que hacerlas en una magnitud más importante de lo que se propone. El problema que tiene Argentina en materia de inversiones es más severo que lo que reconoce la política oficial y el problema de la informalidad también es más severo de lo se plantea. Teniendo en cuenta esto, se trata de reformas de bajo calado, muy ligeras.

Personalmente, le presto atención básicamente a tres indicadores: el primero es el riesgo país. Todos esperaban que después de la elección el riesgo país bajara y no lo ha hecho, ha subido. El segundo es el volumen de exportaciones: hace 12 años que no crecen, han caído 15% en términos per cápita. Y el tercer indicador es el volumen de inversiones extranjeras. Normalmente, si el programa es exitoso las tres variables marcharían en un sentido positivo pero eso no está sucediendo.

Por lo tanto, se debería avanzar con mayor profundidad. Si el Gobierno logra acertar en las medidas el contexto externo va a dar espacio para la recuperación. Tenemos bajas tasas de interés mundiales, Brasil se está recuperando, la economía mundial está creciendo al ritmo más alto de los últimos 10 años, los precios de las commodities no son los de la época del kirchnerismo pero tampoco son los que yo tuve cuando fui ministro de Economía. Si no se aprovechan las circunstancias ahora ¿entonces cuándo?

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