Sin plan para la reconversión pospandemia

El impacto de la cuarentena sobre los sectores industriales está fuera de discusión. A diferencia de otras actividades más vinculadas a los servicios y la comunicación, el teletrabajo no resulta una opción. La parálisis de las actividades golpeó a un sector productivo que ya venía de años de recesión y que, luego del cambio de gobierno, se ilusionaba con una reactivación más o menos inmediata.

La pandemia, sin embargo, y a diferencia de una crisis de demanda tradicional o incluso de exceso de oferta, no afecta de manera relativamente homogénea a los distintos sectores productivos. El impacto depende, en primer lugar, de si el sector fue alcanzado o no por la cuarentena o si, por el contrario, forma parte del grupo de las industrias exceptuadas.

Los resultados de un estudio realizado a mediados de abril por el Centro de Estudios de la UIA (CEU) sobre unas 600 empresas da cuenta del fenómeno: el 72% de las compañías manifestaron sufrir una caída de las ventas superior al 60%. Sin embargo, 35% de ellas son empresas que gozan de un régimen de excepción pero cuyas ventas “están condicionadas” por el contexto sanitario. El 87% asegura tener “serias dificultades” para pagar los salarios y el 75% manifestó tener cheques rechazados en su poder.

Nuevos Bancos y Seguros consultó a economistas especializados en macroeconomía y en el sector industrial con el propósito de evaluar ese impacto y valorar las medidas adoptadas por el gobierno que apuntan a buscar un equilibrio entre las políticas sanitarias adecuadas y el daño económico que producen.

Los especialistas coinciden en la prioridad de poner freno a la propagación y coinciden en lo acertado de las políticas oficiales desarrolladas con ese propósito, pero ponen un manto de dudas sobre si el ejecutivo cuenta con una política adecuada para el período posterior.

 

Fuerza mayor en tierra arrasada

El economista Adolfo Sturzenegger señaló: “Este ha sido un fenómeno absolutamente global”. Sin embargo, aclaró, “que haya sido global no implica que incida igualmente en todos los países. Lamentablemente la Argentina viene de un proceso de ocho años de estanflación con riesgos de alta inflación muy fuertes y con un nivel de actividad que en los últimos tres años se mueve en una fase claramente recesiva. La pandemia encuentra al país en una situación económicamente muy frágil”.

Martín Etchegoyen, ex secretario de industria del gobierno de Cambiemos y actual director de la consultora EG & Asociados, resaltó: “Hace dos años que la industria viene en caída. La pandemia nos agarra en una situación especialmente mala: en febrero había una baja cercana al 1% que era menor de lo que se venía proyectando pero casi todos los sectores, menos alimentos y petróleo, caían”.

Además explicó: “En marzo hay alguna información que da una idea del impacto: autos cayó 34%, acero 27% y cemento 46%. Es esperable una caída del 10% o 15 % del mes de marzo. Es enorme. En China la producción industrial cayó un 13% y en Estados Unidos, que empezó más tarde con la cuarentena, hubo una caída del 5% en marzo y se prevé para abril un 12%”.

Ramiro Castiñeira, economista jefe de Econométrica, señaló que “el confinamiento está generando la caída del nivel de actividad más importante de la historia de la Argentina. Va a suceder en muchos países pero acá hay una cuarentena muy restrictiva, de la magnitud del epicentro de la pandemia”. Por ese motivo, profundizó: “En abril la economía podría haber caído hasta un 20%, un impacto sideral. Vamos a tener un colapso económico como si la pandemia nos hubiera explotado en la cara”.

Sturzenegger puntualizó que “a cada país le cayó un shock negativo inducido de oferta agregada que, por derivación y acumulación, también se transformó en un shock negativo de demanda agregada. Si una economía produce menos, como la oferta termina creando su propia demanda, la demanda cae. Se ha generado además una enorme incertidumbre en la economía real y en los mercados financieros que también han reducido los niveles de demanda agregada”.

Para Castiñeira, “el colapso ya se está expresando en el quiebre de empresas y una escalada de la pobreza cuando ni siquiera arrancó la inflación. La exigencia de estar emitiendo va a generar un rebrote de la inflación más temprano que tarde”.

 

El remedio y la enfermedad: emisión vs inflación

En un contexto de alta incertidumbre, el rol del Estado cumple un papel fundamental. Mariano Kestelboim, que por su trayectoria como director ejecutivo de la Fundación Pro Tejer ha sido nombrado como embajador argentino ante el Mercosur, destacó: “Los primeros meses del gobierno de Alberto Fernández generaron entusiasmo y buenas expectativas, pero fue un lapso muy corto como para que haya una recuperación significativa”. Para el economista “con la excepción de sectores de la alimentación, algunos rubros textiles e insumos médicos, el resto de las actividades están en una situación muy complicada”.

Sobre las primeras medidas que se han adoptado en materia de estímulo a la producción, Castiñeira aseguró que “no hay manera de que el sector público sostenga al sector privado. Es al revés. Si el sector privado no trabaja, ninguno de los dos sobrevive. El resto de los países pagará esto con más deuda y Argentina con más inflación”.

Además opinó: “Lo único que puede producir el Estado son papeles que sirven para comprar, pero si el PBI cae un 20% hay menos cosas para comprar y más papeles. Ya se está expresando en el primer precio, que es la brecha cambiaria. Cuanto más político es el precio menos cerca está de la realidad y más cerca del desabastecimiento”.

Etchegoyen, por su parte, se desmarcó de las visiones más ortodoxas: “Soy pragmático y no monetarista. No toda emisión genera inflación. Si el gobierno toma las medidas adecuadas en el sector financiero, la Argentina no debería ir a un proceso de hiperinflación descontrolado. La recesión va a absorber gran parte de las tensiones inflacionarias”.

Para poner paños fríos al debate, Kestelboim, estimó: “La emisión monetaria, en términos reales, crece por debajo de la tasa de inflación. Descarto la posibilidad de una hiperinflación y una caída del consumo que afecte a la industria por esa vía. Sí puede caer el consumo por la crisis y la recesión que va a ser la peor desde 2001 y 2002”.

Para Kestelboim, “la variable que hay que seguir es la cotización del dólar oficial. En los últimos meses hubo superávit de la balanza comercial y de la cuenta corriente de la balanza de pagos. La decisión de dejar de pagar intereses de la deuda en dólares también fortalece la posición cambiaria. Hay más oferta que demanda de dólares en el mercado oficial que es determinante de un montón de precios. Los procesos de alta inflación en la Argentina están siempre asociados al mercado cambiario y a las tarifas de los servicios públicos que están congeladas”.

Castiñeira, sin embargo, insistió: “la política monetaria tiene un rezago: emitís hoy y el impacto se da, en promedio, en seis meses”. Sturzenegger, por su parte, puso de relieve que, con relación a otros países, la Argentina comienza a diferenciarse en las consecuencias que tienen ese conjunto de medidas. “Los economistas estamos de acuerdo en que esa emisión no es incorrecta ante la situación depresiva que se ha generado y que, en general, va a incidir en las tasas de inflación en mucho menor medida que en otras situaciones”, adelantó.

Por su parte, también para Etchegoyen las medidas de estímulo oficiales son correctas. “¿Qué se puede hacer mientras no se pueda abrir la actividad? Hay medidas para paliar la situación financiera, alargamientos y moratorias en las deudas impositivas y medidas muy directas como pagar los salarios de los trabajadores, que no van a lo financiero sino a lo económico porque baja gastos”, agregó.

De todas maneras, Sturzenegger puso el foco en que toda esa emisión y aumento del déficit fiscal tiene una particularidad excepcionalmente preocupante. “La nuestra es una economía bimonetaria, con una enorme desconfianza en la moneda propia. Una parte de la emisión va hacia el dólar en una situación en la cual, por la fragilidad anterior a la pandemia, tuvo que establecer cepos cambiarios excepcionalmente fuertes, lo que generó una multitud de tipos de cambio. Esa expansión monetaria está presionando en un distanciamiento de los tipos de cambio que se hace completamente insostenible”.

Esta brecha genera, según el economista, que se puedan mantener exportaciones que reciben 45 pesos por los dólares que exportan, mientras que en otros mercados ese mismo dólar cotiza a 120 pesos. “Esto, entre varios otros costos económicos y financieros, está presagiando la posibilidad cercana de macrodevaluaciones que hacen que el frente inflacionario en el mediano plazo se haga excepcionalmente difícil”, analizó.

 

Reconversión productiva

Una variante para paliar los efectos de la crisis es la de reconvertir la capacidad instalada existente en función de la nueva realidad. Para Kestelboim, de hecho, “ya está habiendo una reconversión: automotrices produciendo respiradores, la industria textil concentrada en la producción de barbijos e insumos para la prevención”. Sin embargo, reconoció que son actividades de subsistencia en gran medida sostenidas por el apoyo del Estado.

Para Etchegoyen, la reconversión productiva “es para la pospandemia. Hay oportunidades para una reconversión aprovechando las tendencias que van a surgir. El mundo del futuro va a tener nuevas características, al menos temporariamente. Va a ser más proteccionista. Con las crisis de empleo, los países van a ser mucho más cuidadosos con su apertura comercial pero van a aparecer oportunidades en nuevos sectores estratégicos como en salud, tecnologías de producción, energías limpias y alimentos. La Argentina ahí tiene oportunidades por todos lados tanto en la producción como en la exportación de tecnología y de capacidad productiva”.

A la hora de analizar otros modelos, los economistas reconocen que, en rigor, la política oficial no dista de las que se han adoptado en otras economías del globo. Etchegoyen señaló que todos los países están haciendo más o menos lo mismo. “Los Estados Unidos y Alemania, como el resto, están apoyando con créditos y pagando parte de los sueldos. El único punto que todavía no se ha dado en la Argentina hasta ahora es el rescate que ya se empieza a dar en el mundo. Lufthansa pidió ayuda porque perdió 1.200 millones de dólares en el primer trimestre. Recién en un tiempo se va a tener claro qué van a hacer los países con las grandes empresas y las industriales en particular”, sumó.

Para Kestelboim “una herramienta que podría pensarse es una redistribución del ingreso más audaz tomando en cuenta los sectores específicos que no están recibiendo el impacto en forma directa como las telecomunicaciones, el sector financiero, el seguro o los servicios públicos privatizados. Podrían conceder tarifas o precios para que el impacto no esté tan concentrado y diluir el costo de esta gran crisis”.

En ese sentido, Etchegoyen se detiene en el desafío pospandemia: “Ahí la Argentina tiene que aplicar un modelo al estilo del vasco: promover una fuerte reconversión tecnológica en algunos sectores de la industria”. Además, sostuvo: “Se ve el equipo de la pandemia sanitaria pero falta el equipo de la pandemia económica que planifique cómo se sale y cómo se recupera la actividad productiva”.

Para Castiñeira, sin embargo, a la hora de buscar modelos más adecuados no hay que alejarse mucho. “En Uruguay y Chile no hubo restricciones como acá. En Uruguay los bares están abiertos. En vez de tener a todo el mundo guardado por las dudas, hacen test y los que contagian se aíslan para cortar rápido la cadena. La estrategia de ‘escóndanse todos porque no sabemos quién contagia’ hace colapsar a la economía”, opinó.

 

Las medidas a futuro

A la hora de definir las estrategias para la salida de la pandemia y la reactivación económica, Etchegoyen consideró que el gran tema en la Argentina es la implementación. “No tiene que ver con este gobierno sino con que el Estado tenga la capacidad de instrumentación y eso es culpa de los gobiernos que hubo antes”. Con todo, “el Gobierno debería dar más certidumbre. Si no se vuelve rápido a la actividad las medidas van a ser insuficientes”.

Para Sturzenegger existe otra preocupación, que es la fuerte intervención estatal que se está produciendo en la Argentina y el mundo –aunque en este caso sea justificada para el economista–. “El gobierno parece estructurar su forma de pensar dentro de un dilema terrible: sanidad o economía cuando, en realidad, la intervención estatal debería ponerse al servicio de la sanidad y la economía. Me gustaría ver al sector estatal con grandes equipos públicos, y con muchas ideas creativas, ayudando al sector privado para ir sacando a la economía del shock negativo que se ha producido. Se está pensando mucho en intervenciones estatales redistributivas pero muy poco en actitudes proactivas”.

Para Etchegoyen apenas pasada la pandemia y cuando se entre a la nueva normalidad, el gobierno deberá tomar medidas para apoyar a las empresas que quieran orientarse a otro tipo de actividades. “Aparecerán nuevas normas globales que, por motivos sanitarios, van a actuar como una barrera paraarancelaria. Medidas que va a haber que imponer en los procesos productivos para la bioseguridad y la sanidad. Hay que incentivar esos sectores para posicionarse muy rápido”.

Etchegoyen continuó: “nuestra penetración en el mercado internacional es tan baja que no hay tanto riesgo de una escalada proteccionista. Los alimentos van a andar bien al igual que los commodities agrícolas”. Además, consideró: “Las cadenas globales se van a cortar y se va a generar una tendencia a una producción más regional donde la Argentina y Brasil se pueden complementar y, además, son los únicos países con capacidad industrial. Siempre hay que ver el lado positivo y la oportunidad”.

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