Un año complicado – Daniel Marx

“De cara al año próximo año, hay factores que alientan el optimismo. Ya está hecha la devaluación y los precios de los productos agrícolas están en alza. En teoría, el rebote podría ser más alto que el promedio. Sin embargo, en la práctica surgen dudas.”

 

Ya es casi un lugar común decir que 2020 fue un año muy complicado. Sin embargo, me animo a decir que fue más complicado de lo que uno cree que debería haber sido.

Es cierto que la Argentina venía con problemas de antes, con dos años de caída del PIB. Pero de pronto apareció la pandemia, que empeoró los pronósticos. El año terminará con una caída del PIB cercana al 12%, un número muy superior al promedio de lo que se vio en el mundo. 

Este número es especialmente malo si se tiene en cuenta que el país ya tenía las condiciones necesarias para un rebote. Además, las condiciones externas hacían pensar que la Argentina podría haber salido mucho menos golpeada de esta situación.

De cara al año próximo año, hay factores que alientan el optimismo. Ya está hecha la devaluación y los precios de los productos agrícolas están en alza. Por eso, en teoría, el rebote de la economía podría ser más alto que el promedio. Sin embargo, en la práctica surgen dudas de que eso ocurra.

Hoy en el país reinan la incertidumbre y la desconfianza, y eso se transmite necesariamente a la economía. Se está retrayendo la inversión y el consumo, si bien crece en relación con el momento de cuarentena más estricta, no mejora en los niveles esperados. La explicación es sencilla: el salario –tanto el real como el medido en dólares– tuvo pérdidas importantes durante 2020.

Si se compara con los tres años anteriores, la Argentina está aún peor que el resto de los países. Faltan políticas que den aliento a los inversores para que tomen el riesgo de invertir en el país. Sin inversiones no se puede alcanzar una recuperación.

Además se generaron más complicaciones de lo necesario en la política tributaria, el manejo del tipo de cambio y la orientación del gasto público. 

Para superar la coyuntura, es necesario tomar medidas de fondo que generen credibilidad. Hoy vemos cómo el Banco Central pierde reservas a pesar de que el país tiene un superávit comercial importante y en crecimiento. 

La economía argentina necesita mejorar su productividad y eficiencia. Hacia allí deberían dirigirse los esfuerzos del Gobierno. Hay que ir para adelante con un plan en ese sentido, dentro de un marco institucional que favorezca la inversión.

El año va a cerrar con un déficit primario cercano al 7%. No es algo que sorprenda, porque hubo un crecimiento del gasto público en todo el mundo a raíz de la pandemia y de las acciones que tomaron los gobiernos para suavizar el impacto de la crisis. Pero mientras el resto de los países tuvo posibilidad de financiarlo, la Argentina se vio obligada a emitir.

El problema a la hora de bajar el déficit en 2021 es que la trayectoria histórica del país no hace pensar que se vaya a ir en ese camino. Es una complicación extra para el Gobierno, que tiene que dar señales claras de que se encamina a la convergencia fiscal.

Creo que 2021 va a haber un rebote, pero seguirá siendo un año volátil. Al país le va a llevar bastante tiempo encontrar un rumbo positivo y de estabilidad.

 

Daniel Marx

Economista

Share Button