Un nuevo esquema de calificacion amplia la oferta de creditos

Las fintech amplían el uso de la información no tradicional para llegar a clientes de alto riesgo para los bancos.

Nuevas variables se suman para calificar el perfil de los clientes a la hora de evaluar la oferta de créditos.

El tipo de teléfono celular, la red social desde donde se conecta, el tiempo que el usuario demora en cargar su solicitud y el modo de expresarse mediante texto son algunos de los nuevos indicadores que las compañías de crédito utilizan para evaluar el perfil de riesgo de un potencial cliente.

En esa línea, el Informe ecosistema fintech argentino, realizado el año pasado por la Cámara Fintech, destaca tres barreras para la inclusión financiera. En primer lugar, la imposibilidad de las instituciones tradicionales para llegar con sus servicios a todo el país. En segundo lugar, la cantidad de requisitos solicitados para realizar un scoring. Y en tercer lugar, ofrecer servicios financieros a un costo bajo y asequible resulta más complicado para las instituciones financieras tradicionales por sus altos costos de estructura.

 

Los nuevos modelos de medir el riesgo

Los ejecutivos del sector fintech comentaron sobre la manera en la que ajustan sus modelos de scoring.

La fintech Vivus, subsidiaria de la compañía de micropréstamos 4Finance Group, comenzó a operar en el país en 2015. Su modelo de scoring incluye variables blandas. “Al principio comenzamos con un modelo más tradicional y a medida que fuimos generando cartera empezamos a incluir otros indicadores”, dijo Salvador Calogero, country manager de 4Finance Argentina.

Ualá es otra de las fintech que está ofreciendo servicios financieros a segmentos no bancarizados.

El 70% de sus clientes no tienen experiencia de crédito en el sistema financiero tradicional, ni recibo de sueldo, ni garantías, es por eso que la fintech decidió trabajar con variables alternativas. El universo de usuarios está integrado en su mayoría por residentes en el interior del país y, en muchos casos, con acceso reducido a sucursales bancarias.

Joaquín Diz, su gerente de Riesgo, explicó: “Observamos su capacidad y voluntad de pago. Que tengan nuestra tarjeta prepaga nos permite estudiar la transaccionalidad y saber si pagan servicios, cargan el celular, conocer el cash in y el cash out, la ubicación geográfica, el nivel de estudios, el estado civil, la cantidad de personas a cargo o si cuenta con movilidad propia. No hay necesidad de que presente el recibo de sueldo o el comprobante de inscripción al monotributo”.

Otra fintech que utiliza modelos alternativos de calificación es Credicuotas, que trabaja con lo que ellos denominan como “motor de riesgo automatizado”.

“A través de nuestros canales de venta podemos saber para qué quiere el dinero el cliente. El del crédito es un negocio de análisis de información masiva y vamos aprendiendo constantemente para ir ajustando nuestro motor de riesgo”, explicó Ezequiel Weisstaub, cofundador y CEO de Credicuotas.

 

Llegar adonde los bancos no van

El hecho de ser empresas nativas digitales les permite a las fintech llegar con mayor agilidad a un segmento de personas que no accede a servicios financieros de la mano de la banca tradicional.

De acuerdo con datos del Banco Central (BCRA), a marzo de este año había 56 millones de cajas de ahorro y 25 millones de titulares de tarjeta de crédito. Sin embargo, el crédito al consumo en Argentina representa apenas el 4,8% del PBI versus el 15% que registra América Latina o el 30% de los mercados emergentes.

“En 2018, cerca de 300.000 personas fueron incluidas en el sistema financiero de mano de las fintech. Es decir, que llegaron a nosotros y terminaron consumiendo algún producto de la banca tradicional, como una tarjeta de crédito o una caja de ahorro. Se trata de una labor de cooperación donde podemos trabajar junto a los bancos con algunos servicios y también podemos competir con otros productos. Es un círculo virtuoso, lo que hay que pensar es cómo seguir haciendo crecer el negocio en lugar de discutir”, propuso Calogero.

La experiencia de Ualá ratifica esa visión. Colocaron 38 millones de pesos en préstamos en nueve meses. El 70% de los clientes no tenían ninguna experiencia en el sistema financiero. Y el 11% de ese universo tuvo tasas de atraso por debajo del 1,5%. “Hicimos un desafío y aprobamos gente que no tenía asistencia crediticia o experiencia financiera y tuvimos mejores resultados que en el grupo de los que sí la habían tenido. Hay mucha gente que tiene un ingreso básico en blanco y una porción en negro. Nos parece importante llegar a ellos”, propuso Diz.

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