El acuerdo con el FMI es apenas un ingrediente

Por Daniel Marx, director de Quantum

En términos económicos, el 2021 ha sido un año en el que registramos alguna recuperación de la economía, tanto en general como en actividades particulares.

El fenómeno, en gran medida, está vinculado a las mejoras en el frente sanitario y a la recuperación de la movilidad de sectores que habían estado muy afectados el año pasado.

Particularmente, en la segunda mitad del año le fue mejor, comparado con esa misma base del año anterior, sobre todo a determinados servicios, como el turismo y la gastronomía, entre otros.

Pero, además, y vinculado a este proceso, se registró una recuperación de la demanda que se puso de manifiesto en presiones importantes en materia de precios e inflación. Por eso, lo que queda como desafío es transformar una recuperación coyuntural en un crecimiento sostenido.

Para lograr ese objetivo es necesario revertir los problemas que se vienen arrastrando y que se manifiestan en la cuestión social, particularmente los niveles de pobreza y, a la vez, establecer cuáles son los resultados fiscales y en base a qué se construyen. Con ambos aspectos, el desafío es llegar a una situación más estable.

Acuerdo con el FMI

Estamos frente a un punto de inflexión. El acuerdo con el FMI permite definir determinados lineamientos aunque, obviamente, hay que ver cómo se resuelve todo lo demás.

Porque, en realidad, los desafíos son los de generar algo más estable y permanente. No se trata sólo de sostener una recuperación. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional es un ingrediente importante porque muestra la capacidad de convencer a alguien relevante como acreedor de que es posible llegar a un acuerdo. Además, por su relación con distintos gobiernos, colaborará en generar certidumbre y despejar alguna restricción de pagos externa.

Pero después habrá que ver. Lo importante es la naturaleza de todo el programa que se elabore que estará reflejado en ese ingrediente que es el FMI.

Arrastramos grandes desequilibrios en materia de precios relativos y, más que todo, la incógnita es cómo generar condiciones para la inversión. Lograr que la gente sienta que vale la pena apostar en el país porque le va a ir mejor en el futuro de lo que le está yendo hoy. De esa manera seremos capaces de revertir flujos de capitales que están disponibles para traer.

En definitiva, no es el acuerdo por el acuerdo, sino tener algo concreto que después sirva para cerrar ese otro elemento que es el programa de fondo. No es el hecho en sí del FMI. Vale la pena reflexionar acerca de esto: si el FMI no existiera, entonces ¿qué tendría que hacer el país para revertir parte de los problemas que se arrastran?

Tipos de cambio

En cuanto al sector externo, es posible y deseable reducir la brecha en los tipos de cambio en el mediano plazo porque no es una situación de normalidad. Hay condiciones para que las reformas que plantean salidas de fondo se transformen en medidas centrales.

El sector externo está restringido, pero no porque las condiciones comerciales sean adversas. Los precios de exportación son de los mejores y la liquidez internacional es abundante. Entonces el problema pasa por generar las condiciones para la inversión y el deseo de tener pesos.

Para eso son necesarias reformas estructurales que identifiquen dónde se está fallando. Lo fundamental es dar un marco de estabilidad y simplificar las reglas de juego. De lo que se trata es de dar simplicidad a la economía en distintos sectores y dejar que avancen las medidas que se entienden como cuestiones normales en el resto del mundo.

Tenemos una economía que decrece mientras las tasas de impuestos suben. Ese tipo de cosas son las que explican el resultado que tenemos.