Verde color finanzas

La pandemia ayudó a poner el foco, todavía más, en el impacto social y ambiental a la hora de fondear proyectos, y los bancos se convierten en aliados para otorgar financiamiento verde. ¿Cómo evalúan el impacto a la hora de otorgar líneas de crédito? ¿Por qué cada día se hace más imprescindible?

 

La sustentabilidad tiene un lugar importante en la agenda pública nacional. Tanto empresas, como entidades financieras, gobiernos y organismos de todos los ámbitos están desarrollando alguna acción con criterios sustentables.

Aunque las sucesivas crisis que atraviesa el país, agravadas ahora por la pandemia, desvían el foco de atención o ubican el tema, por momentos, en un lugar secundario, la necesidad de tener una mirada de sustentabilidad integrada al negocio está instalada.

Tal es así, que en julio se cumplió un año de la firma del Protocolo de Finanzas Sustentables al que ya adhieren más de 20 bancos, que se comprometieron a desarrollar una estrategia de finanzas sostenibles para la industria, implementar las mejores prácticas a nivel internacional, y crear un modelo de negocio de triple impacto (económico, social y ambiental).

Constanza Gorleri, gerente de Sustentabilidad de Banco Galicia, en diálogo con NBS Bancos y Seguros, identificó dos temas centrales que están acelerando el desarrollo de las finanzas sostenibles.

Influyen en su implementación, por un lado, un marco internacional cada vez más focalizado en exigir al sistema financiero que asuma un rol activo en cuanto al desarrollo de una política sustentable. Y, por otro lado, los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS) con meta al 2030, cuyo alcance trasciende a los bancos.

“Todos queremos contribuir con nuestras agendas locales a la consecución de objetivos globales. En ese sentido el rol de la banca es muy importante porque la agenda del desarrollo requiere financiamiento y son los bancos los que pueden ayudar a que ese financiamiento se produzca. En la medida en que no sólo contemple una mirada de repago o de análisis de riesgo crediticio tradicional, sino otros factores de triple impacto, hay mayores posibilidades de apalancar verdaderamente ese desarrollo”, explicó Gorleri.

En línea con su colega, Alejo Espora, gerente de Estudios Económicos del Banco Ciudad, agregó que las finanzas sostenibles y el compromiso de las entidades resultan fundamentales para apalancar al mercado a través de inversiones y productos que permitan la integración entre los factores económico, social y ambiental.

“Por otra parte, es indiscutible que las cuestiones ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) son factores materiales que los bancos deben gestionar de forma adecuada, pues los riesgos de sostenibilidad son, en definitiva, riesgos económicos. Si las entidades financieras integran criterios de sostenibilidad en sus sistemas de análisis de riesgos y toma de decisiones, además de brindar su aporte a la sociedad, fortalecen su propia solidez financiera y mejoran la estabilidad financiera sistémica”, enfatizó Espora.

Para Lucas Peverelli, socio gerente de Bussines & Sustainability (BS), las empresas tienen que trabajar en el diseño de modelos de integración que vayan en línea con su modelo de negocios y les permita generar un desarrollo sostenible a largo plazo.

Desde su consultora trabajan con diferentes compañías que están en la exploración de un posicionamiento diferencial, y en la búsqueda de nuevas oportunidades de crecimiento a partir de la sustentabilidad.

“Los ayudamos en la integración de un modelo de negocio con estrategias de triple impacto. A entender cuáles son los verticales que podemos construir en términos de impacto ambiental positivo, que además generen beneficios económicos para la empresa. Nosotros intentamos no ver las acciones en estos temas como costos agregados a la estructura de la empresa, sino como oportunidades de inversión que terminan creando mayor valor en sus flujos de fondo y en su estado de resultados”, explicó.

 

Cómo evaluar el impacto

 

Las finanzas sostenibles contemplan el impacto social y ambiental de los proyectos. Para eso, existe una serie de herramientas y metodologías que se ponen en juego en función de las diferentes líneas de crédito, el sector y el impacto del proyecto.

El Galicia es uno de los bancos precursores en la implementación de una estrategia sustentable. Para analizar el impacto de los proyectos que acompañan siguen las directrices enmarcadas en los Green World Principles.

“Son principios rectores que, además de exigir transparencia en la comunicación y dar cuenta de cómo se colocan los fondos, establecen determinados criterios acerca de qué es verde y que no lo es para aplicar un financiamiento de este tipo. Para el caso de eficiencia energética, por ejemplo, si una fábrica quiere presentar una solicitud para un bono verde tendrá que garantizar una eficiencia de, al menos, el 15% del consumo eléctrico o de gas”, explicó Gorleri.

En 2018 emitieron el primer bono verde (hasta 30 millones de dólares a siete años) para el financiamiento de empresas que promuevan energías limpias, que busquen reconvertirse para alcanzar una mejora en la eficiencia energética, que tengan proyectos de agricultura, construcción o transporte sostenibles o eficiencia en el agua.

También tienen una línea específica para el agro, destinada a empresas que ya cuentan con una certificación de agricultura sustentable, y otras líneas de crédito para empresas B. “Las empresas que ya tienen esas certificaciones pasaron por un proceso de evaluación muy riguroso y ya validaron que llevan su producción adelante de una manera sustentable. En esos casos no es necesario hacer un análisis extra, sino que sólo tendrán que demostrar que la eficiencia se va a producir y para eso se involucran las auditorías”.

A su turno, Peverelli destacó que hay dos maneras de aplicar los criterios de análisis y otorgamiento de crédito: análisis ex ante, antes de la ejecución del proyecto, y un análisis intermedio, que puede darse en el momento de la renovación del crédito y en el que el banco puede exigir los resultados alcanzados con la primera ronda de financiamiento.

“La segunda opción les permite a los bancos liberarse del componente de análisis crediticio previo, que incrementa los tiempos y obstaculiza el otorgamiento cuando el cliente está necesitando el dinero ya”, explicó Peverelli.

Espora agregó que las entidades financieras fueron incorporando diferentes herramientas para la medición de indicadores de sustentabilidad que les permiten evaluar el impacto de sus líneas de crédito. Entre ellas se cuentan el armado de los criterios de elegibilidad y el análisis de la memoria descriptiva del proyecto, y también los requisitos exigidos de comprobación, seguimiento y transparencia.

“El conjunto de procedimientos para la identificación, evaluación y administración de los riesgos de origen ambiental y social generados por clientes en el desarrollo de las actividades y proyectos a financiar se fueron divulgando desde las economías avanzadas hacia las economías en desarrollo, impulsados muchas veces por las políticas de las casas matrices de los bancos internacionales, los organismos multilaterales de crédito o las cámaras de bancos, muchas veces antes que las propias regulaciones gubernamentales”, enfatizó.

 

Cómo tomar una política verde

 

Hay una tendencia global donde las entidades financieras no buscan únicamente la tasa de retorno que tienen sus inversiones, sino que además quieren saber cuál es el fin al que se van a destinar esos fondos, cómo se van a utilizar y cuál es el impacto positivo que esa inversión va a generar en el ecosistema.

En esa línea, Peverelli agregó que la sustentabilidad de triple impacto promueve una relación sustentable con el entorno y el ecosistema. En consecuencia, si las organizaciones bajan el riesgo ambiental que hay detrás de sus proyectos, van a poder acceder a financiamiento más barato.

Del total de bonos a nivel global, sólo el 3% son verdes y, de ese total, el 5% está en América Latina. “La región está rezagada, pero tiene un potencial de crecimiento enorme para desarrollar ese mercado, y Argentina está empezando a dar algunas señales”, agregó.

Para Peverelli hay tres temas clave para las organizaciones en la consecución de un modelo sostenible: primero buscar acciones coherentes con su modelo de negocios, ya que todas las empresas tienen la posibilidad de crear valor en términos de sustentabilidad; segundo cuidar los beneficios económicos, porque si no puede generar sostenibilidad en el largo plazo, el resto se cae; y tercero, crear impacto social y ambiental positivo en su cadena de valor y en el entorno donde desarrolla su actividad.

Las instituciones financieras deben alinearse en la implementación de las mejores prácticas y políticas internacionales que promuevan la integración entre los factores económico, social y ambiental, con el objetivo de encaminarse hacia un desarrollo sostenible, enfatizó Espora.

En el Banco Ciudad, más allá del análisis de riesgo y el diseño de productos, están encarando una segunda fase que tiene que ver con reportar de manera ordenada las acciones que van realizando y, al interior de la organización, trabajar en términos de ecoeficiencia.

“Empezó a tener relevancia cumplir esos roles, el pasaje de una mirada de RSE, a una mirada del riesgo. Porque en la medida en que se mitigue el impacto ambiental y social de un proyecto, también se mitigan los riesgos de repago. Si no mirás estos temas a la hora de financiar un proyecto, te estas comprando un problema”.

Para Espora, la pandemia ayudó a resignificar el rol de la banca en la sustentabilidad y avivó la necesidad de avanzar en esa agenda, tanto a escala global como local, y se observó un creciente número de entidades en la Argentina abocadas a esa tarea.  Son temas sobre los que los bancos están trabajando en el armado de políticas, manuales y procedimientos, y en generar un cambio cultural en las diferentes áreas, se trata de un arduo proceso con el que estamos comprometidos.

Como conclusión, Gorleri opinó: “La pandemia de COVID-19 nos exige innovar y dar respuestas. Hay marcos que son muy sólidos y marcan el camino, pero también hay un marco local en el que se han involucrado los principales bancos argentinos. Es un marco sólido y un camino claro, sólo tenemos que poner manos a la acción y no quedarnos en una zona de confort”.

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